
Uno de los personajes que no podemos olvidar en este repaso, muy generalista, sobre las canciones que se han quedado para siempre en nuestro recuerdo, es el gitano salmantino Rafael Salazar Motos, conocido en el mundo del flamenco y la copla como "Rafael Farina". Al igual que casi todos los artistas que hemos ido repasando, nació en una familia muy modesta y tuvo que abrirse paso como pudo hasta que le llegara la suerte. Ésta le llegó en Madrid, adonde se había marchado, como todos, para buscarse la vida. Consiguió que lo incluyesen en un espectáculo que se le dedicaba al gran cantaor retirado Juanito Mojama, y en él llamó la atención de todos.
Antonio Márquez lo contrató por un año incorporándolo a la Compañía de su esposa, Conchita Piquer, para una gira que iban a hacer por hispanoámerica el año 1944. Conchita también, como a otros cantaores que contrataba para sus estrenos, lo obligó a abandonar el flamenco en este espectáculo para que cantase con orquesta, lo que parece no incomodó en absoluto al salmantino.
A lo largo de su vida jamás abandonó el flamenco, en el que era un cualificado fandanguero, formó compañías propias, y debutó en el cine en varias ocasiones: "La copla andaluza" (1959), "Café de Chinitas" (1960), "El milagro del cante" (1966) y "El vendedor de ilusiones" (1971), entre otras. Uno de sus primeros éxitos en el terreno de la canción fue "Las campanas de Linares", con autoría de Ochaíta, Valerio y música de Juan Solano, que siempre llevaba en su repertorio junto a otros temas taurinos como "La muerte de Joselito" y "A la muerte de Juan Belmonte". Pero, sin duda, la que más veces ha interpretado a lo largo de su vida fue "Vino amargo", de Cabello, Freire y Solano, acompañado por guitarra en la copla y por orquesta en el estribillo. En esta canción, como en todas las suyas, Rafael Farina demuestra el enorme poderío de su voz y la agilidad para ligar el cante:
Vino amargo es el que bebo/ por culpa de una mujer,/ porque dentro de mí llevo/ la amargura de un querer./ Quiere reír la guitarra,/ el jilguero a mí a llanto me suena/ cada nota me desgarra/ el alma como una pena.// Vino amargo que no da alegría/ aunque me emborrache/ no la puedo olvidar,/ porque la recuerdo/ dame vino amargo/ que amargue, que amargue/ a una que yo he amao.// ni con vino ni guitarra/ yo alegre me he de poner,/ aunque yo me meta en farra/ entre sueños la he de ver./ Palabras que lleva el viento/ como la espuma llevaba el río,/ pero queda el sentimiento/ cuando mucho se ha querío.// (Refrán).
Tampoco se iba a librar Rafael Farina de tener el honor de ser parodiado por el inolvidable Emilio "El Moro", aunque el humorista titula su canción como "Vino dulce":
Vino dulce es el que bebo/ para no estar amargao./ El amargo pa mi prima/ que yo prefiero a la quina/ el vino tinto embocao./ El amargo pa quien quiera,/ que yo prefiero a la quina/ dos botellas de solera./ Pillo cada borrachera/ tan grande como una foca,/ y me he quedao convencío/ que se me tuercen hasta las botas.// Vino dulce pido al tabernero/ porque el vino amargo me sabe muy mal./ Que no sea barato,/ que de Valdepeñas/ lo quiero tintorro/ y sin bautizar.// Ni con vino ni con agua/ yo triste me he de poner,/ porque le canto un fandango/ a un turco, a un americano,/ a un ruso y a un japonés,/ porque le canto un fandango/ a un chino, a un chocolovaco,/ a un rumano y a un sordo inglés./ Yo tengo más alegría/ que un gorila en libertad,/ porque mis ojos no saben/ lo que es sufrir ni llorar.// Vino dulce yo sigo bebiendo,/ revuelto con whisky, colonia y sifón,/ porque yo no trago ese vino amargo/ habiendo en las tascas/ tinto peleón.
Otra de sus más recordadas canciones y por la que se venera al cantaor en su tierra es el pasodoble "Mi Salamanca", cuya letra él mismo compuso junto con Gómez y con la música de Pitto. Un pasodoble al que pone broche con un excelente fandango de su cuño:
Salamanca tierra mía/ de arte y sabiduría/ eres joya sin igual,/ tu brava ganadería/ es la casta y la alegría/ de la fiesta nacional./ Ay, un gitano, gitano/ que va por el mundo entero/ cantándote soberano/ con el sombrero en la mano/ como alegre pregonero.// Salamanca bendita/ qué cosita bonita/ tiene el tesoro de tu joyero./ Salamanca bendita/ qué cosita bonita,/ cante flamenco,/ toro y torero./ Salamanca campero,/ toro, torito fiero/ con divisa verde y blanca,/ ay, que te quiero, te quiero,/ ay, que te quiero,/ cuanto te quiero/ mi Salamanca.// (Fandango) Como una jaca campera/ mi cantar va galopando,/ como una jaca campera,/ cruza por España entera/ con el alma por fandango,/ ay, y el corazón por bandera.// (Refrán).
Rafael Farina grabó muchísimo, aunque la mayoría de sus grabaciones fuesen por fandangos, "palo" en el que era un auténtico especialista, pudiéndose llevar en el escenario todo el tiempo que quisiera el público pidiéndole uno tras otro. En el terreno de las canciones, aparte de las citadas, podemos anotar "Casta y bravura", "El Viti y su majestad", "Las duquitas mías", "Mi cante", "La novia de Emilio Fuentes", "Los cuatro candiles", "Candelas vivas", "Tesoro de coplas", "Dinero y riquezas" o "Mi perro amigo", de la que era coautor de la letra.
Fue un gran artista, con una voz sensacional y con un sentido enorme de la responsabilidad, tanto para cumplir los contratos de acuerdo y forma como para dar de sí en los escenarios, con la máxima honradez, todo cuanto llevaba dentro.
(En la fotografía, Rafael Farina)
Antonio Márquez lo contrató por un año incorporándolo a la Compañía de su esposa, Conchita Piquer, para una gira que iban a hacer por hispanoámerica el año 1944. Conchita también, como a otros cantaores que contrataba para sus estrenos, lo obligó a abandonar el flamenco en este espectáculo para que cantase con orquesta, lo que parece no incomodó en absoluto al salmantino.
A lo largo de su vida jamás abandonó el flamenco, en el que era un cualificado fandanguero, formó compañías propias, y debutó en el cine en varias ocasiones: "La copla andaluza" (1959), "Café de Chinitas" (1960), "El milagro del cante" (1966) y "El vendedor de ilusiones" (1971), entre otras. Uno de sus primeros éxitos en el terreno de la canción fue "Las campanas de Linares", con autoría de Ochaíta, Valerio y música de Juan Solano, que siempre llevaba en su repertorio junto a otros temas taurinos como "La muerte de Joselito" y "A la muerte de Juan Belmonte". Pero, sin duda, la que más veces ha interpretado a lo largo de su vida fue "Vino amargo", de Cabello, Freire y Solano, acompañado por guitarra en la copla y por orquesta en el estribillo. En esta canción, como en todas las suyas, Rafael Farina demuestra el enorme poderío de su voz y la agilidad para ligar el cante:
Vino amargo es el que bebo/ por culpa de una mujer,/ porque dentro de mí llevo/ la amargura de un querer./ Quiere reír la guitarra,/ el jilguero a mí a llanto me suena/ cada nota me desgarra/ el alma como una pena.// Vino amargo que no da alegría/ aunque me emborrache/ no la puedo olvidar,/ porque la recuerdo/ dame vino amargo/ que amargue, que amargue/ a una que yo he amao.// ni con vino ni guitarra/ yo alegre me he de poner,/ aunque yo me meta en farra/ entre sueños la he de ver./ Palabras que lleva el viento/ como la espuma llevaba el río,/ pero queda el sentimiento/ cuando mucho se ha querío.// (Refrán).
Tampoco se iba a librar Rafael Farina de tener el honor de ser parodiado por el inolvidable Emilio "El Moro", aunque el humorista titula su canción como "Vino dulce":
Vino dulce es el que bebo/ para no estar amargao./ El amargo pa mi prima/ que yo prefiero a la quina/ el vino tinto embocao./ El amargo pa quien quiera,/ que yo prefiero a la quina/ dos botellas de solera./ Pillo cada borrachera/ tan grande como una foca,/ y me he quedao convencío/ que se me tuercen hasta las botas.// Vino dulce pido al tabernero/ porque el vino amargo me sabe muy mal./ Que no sea barato,/ que de Valdepeñas/ lo quiero tintorro/ y sin bautizar.// Ni con vino ni con agua/ yo triste me he de poner,/ porque le canto un fandango/ a un turco, a un americano,/ a un ruso y a un japonés,/ porque le canto un fandango/ a un chino, a un chocolovaco,/ a un rumano y a un sordo inglés./ Yo tengo más alegría/ que un gorila en libertad,/ porque mis ojos no saben/ lo que es sufrir ni llorar.// Vino dulce yo sigo bebiendo,/ revuelto con whisky, colonia y sifón,/ porque yo no trago ese vino amargo/ habiendo en las tascas/ tinto peleón.
Otra de sus más recordadas canciones y por la que se venera al cantaor en su tierra es el pasodoble "Mi Salamanca", cuya letra él mismo compuso junto con Gómez y con la música de Pitto. Un pasodoble al que pone broche con un excelente fandango de su cuño:
Salamanca tierra mía/ de arte y sabiduría/ eres joya sin igual,/ tu brava ganadería/ es la casta y la alegría/ de la fiesta nacional./ Ay, un gitano, gitano/ que va por el mundo entero/ cantándote soberano/ con el sombrero en la mano/ como alegre pregonero.// Salamanca bendita/ qué cosita bonita/ tiene el tesoro de tu joyero./ Salamanca bendita/ qué cosita bonita,/ cante flamenco,/ toro y torero./ Salamanca campero,/ toro, torito fiero/ con divisa verde y blanca,/ ay, que te quiero, te quiero,/ ay, que te quiero,/ cuanto te quiero/ mi Salamanca.// (Fandango) Como una jaca campera/ mi cantar va galopando,/ como una jaca campera,/ cruza por España entera/ con el alma por fandango,/ ay, y el corazón por bandera.// (Refrán).
Rafael Farina grabó muchísimo, aunque la mayoría de sus grabaciones fuesen por fandangos, "palo" en el que era un auténtico especialista, pudiéndose llevar en el escenario todo el tiempo que quisiera el público pidiéndole uno tras otro. En el terreno de las canciones, aparte de las citadas, podemos anotar "Casta y bravura", "El Viti y su majestad", "Las duquitas mías", "Mi cante", "La novia de Emilio Fuentes", "Los cuatro candiles", "Candelas vivas", "Tesoro de coplas", "Dinero y riquezas" o "Mi perro amigo", de la que era coautor de la letra.
Fue un gran artista, con una voz sensacional y con un sentido enorme de la responsabilidad, tanto para cumplir los contratos de acuerdo y forma como para dar de sí en los escenarios, con la máxima honradez, todo cuanto llevaba dentro.
(En la fotografía, Rafael Farina)
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