domingo, 7 de febrero de 2010

A LOS 50 AÑOS DE LA MUERTE DE MANUEL VALLEJO (y 7)

Así de sensible -como veíamos ayer- era Manuel Vallejo con sus pasiones, y así de intensas y sentidas eran sus saetas, y así de hermosa su dovoción por el Gran Poder.

Conservo una carta que recibí cuando dirigía el programa "Ser del Sur", en la que un aficionado, con torpe letra, me escribía entre otras cosas: "Yo he visto al cantaor de flamenco don Manuel Vallejo llorar en sus últimos años cuando el mundo lo tenía olvidado. Un servidor, Manuel Pérez de la Concha Piñero, fue su compañero de café en el bar llamado Las Maravillas. Preguntándole una vez quién era el hombre más bueno, su contestación fue rotunda: -Para mí el hombre mas bueno es el Señor del Gran Poder. Me encuentro, me dijo, desengañado del mundo. Diciéndole un servidor que se merecía un monumento, con una fuerte risa me dijo: -Yo siempre he suspirado por aquel que de mí suspire, como bien claro lo dice mi cante, pero si muero tan solamente me gustaría tener el orgullo de escuchar desde el cielo mis granaínas junto a mi Señor del Gran Poder".

Vallejo, tal vez rezándole al Cristo de su devoción, falleció la tarde del domingo 7 de Agosto de 1960 en el Hospital de las Cinco Llagas, conocido también como Hospital Central y hospital de la Macarena, sede actual de la Junta de Andalucía. Muy mal se tuvo que sentir Vallejo cuando lo ingresaron una semana antes, el día 1, porque, al decir de Centeno, le tenía verdadero pánico a los hospitales, a la cárcel, al cementerio y a los juzgados. Ni siquiera sabía, porque no lo hubiese permitido jamás, tan supersticioso como era, que sus familiares le tenían suscrita una póliza de seguros en La Preventiva, por lo que es totalmente incierto lo que blasonaron dos artistas de fuste, que ni siquiera fueron al entierro, de haber costeado los gastos del mismo.

Si estuvieron presentes en el mortuorio Pastora y Pepe Pinto, quienes dieron el pésame a sus familiares y enviaron una corona, pero los únicos que asistieron al entierro, aparte de los miembros de su familia, fue su fiel amigo Manuel Centeno Fernández, algunos aficionados, Manolo Fregenal y Rafael "El Pajarero", tan sólo dos artistas de cuantos le conocieron y vivían por aquel entonces en Sevilla. Triste sino para un cantaor que dejó su suprema huella del cante en la historia del siglo XX, y que, al menos, tuvo el emocionado recuerdo de un recuadro en el ABC sevillano con el siguiente texto: "Ha muerto Manuel Vallejo. ¿Quién era Manuel Vallejo? A las últimas generaciones, a quienes no oyeron su nombre cuando era famoso, les diremos, ante todo, que Vallejo fue un cantaor de raza. Esto es muy importante. Es cantaor de raza quien se apoya en unas necesarias facultades para vivir esta vocación sin mixtificaciones. No es lo mismo hacer ciertas concesiones al público que adulterar el cante. Pero cuando el artista dimite de su capitanía y pasa de la razonable concesión al halago de la masa en sus veleidades, se empequeñece y empequeñece con él a su arte. A Vallejo no se le podrá acusar de excesivas contemporizaciones. Por el contrario, dotado de unas facultades extraordinarias, se mantuvo siempre dignamente en la altura. Otra cosa es que su voz aguda, de excelente timbre, no complaciera del todo a ciertos aficionados partidarios de tonos más graves. Todos los artistas tienen sus devotos y detractores y Vallejo no iba a ser una excepción. Pro, salvo pequeñas diferencias de matiz, su calidad nunca fue discutida. Han cambiado mucho los tiempos. El cante, herido desde hace no pocos años, está lejos de recobrar su nivel antiguo. Viene a ser una moda hablar de cante "jondo". Pero no podemos engañarnos, ya no entusiasma a las multitudes. Manuel Vallejo era de otra época: La Alameda, El Kursaal, La Venta de Eritaña, los colmaos, la Sevilla alegre y confiada que ya ha pasado a la historia, una Sevilla ni tan buena como dicen unos ni tan mala como creen otros... Un Padrenuestro, amigos, por el dueño de aquella garganta que a todos nos llenaba el pecho de congoja".

Este artículo y otro del mismo corte, aparecido en El Correo de Andalucía en la misma fecha, fueron las únicas flores para quien tantas páginas de gloria llenara en la historia del cante. Tras tanto mutismo tuvo que llegar su Centenario para que pudiésemos diseccionar la aportación de su cante a la historia del Flamenco. Fue acertadísimo el pensamiento de mi querido amigo, José Cenizo Jiménez, en el suelto especial de "El Correo" que le dedicamos en su memoria: "Sin la aportación de Silverio, La Trini, El Canario, Chacón, Vallejo, Aurelio Sellé o, hoy, Enrique Morente, por citar sólo algunos, el flamenco sería una pieza de museo sin apenas atractivo para las generaciones venideras. El Flamenco es, pues, El Nitri y Silverio, Manuel Torre y Chacón, Caracol y Vallejo, Mairena y Fosforito. Andaluces, gitanos y no gitanos, o con alma andaluza, como el pamplonés Sabicas o la catalana Carmen Amaya".

Lo importante debe ser siempre la unidad dentro de la diversidad en este mundo apasionante al que llamamos Flamenco. Cada cual ha puesto su pequeño o gran grano de arena para dejarnos esta herencia multidisciplinar que nos ha hecho grande en una de las facetas de las Artes. Este año se van a cumplir los 50 años de la muerte de Manuel Jiménez Martínez de Pinillo. No desaprovechemos la ocasión para revisar la historia. Apoyo a Manuel Bohórquez en la propuesta de la edición completa de su obra fonográfica y en revisar la vida de quien fue un cantaor, tan imprescindible como los demás, para la historia global del cante.

Espero y deseo que la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco rescate de nuevo del olvido a quien dio tantos días de gloria a este Arte étnico, singular y sin parangón, fértil y variopinto, por el que se nos conoce en todo el mundo.

¡Ojala y viviese mi madre para alzarme de nuevo en un pedestal a su admirado Manuel Vallejo, recordándome aquel fandango que él grabase, egoistamente, para que nadie le arrebatase su cetro!

Lo más difícil del mundo
se estudia y se aprende bien,
pero cantar mi fandango
eso no lo puede hacer
ni aquel que nazca cantando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario