martes, 9 de febrero de 2010

LA ODIADA COMPAÑÍA DE TRANVÍAS

El día 1 de Enero de 1928 quedó inaugurado en nuestra ciudad el servicio de autobuses con sus dos primeras líneas. Lo que sí hay que hacer constar, como se veía venir, es que el señor Pera se quedó "desperillado" porque no pudo hacerse con la concesión del servicio, lográndolo, en su afán de monopolizar todos los transportes, la empresa "Tranvías y Autobuses de Sevilla", como así empezó a llamarse la compañía desde el 8 de Mayo de 1929.

El servicio de autobuses quedó inaugurado con los coches, de orígenes y patentes franceses, marca "Delahaye", que contaban con nuevas comodidades para los pasajeros. El precio de los billetes oscilaba entre diez y sesenta céntimos. El precio alto correspondía al nuevo billetaje de circunvalación y comprendía el favor de todo el recorrido de la línea. Para mejor efectividad de este servicio, se montaron paradas obligatorias y eventuales, indicadas al público por el clásico sistema de tablillas colocadas -con o sin permiso- en las fachadas de los edificios.

Aquel servicio que tanto gustó al público estaba compuesto por varios coches que salían de la calle Moret, en intervalos de media hora, pasando por San Lorenzo, Macarena y Osario. Tan contento estaba el ayuntamiento con la incorporación del autobús que, el 17 de Diciembre de 1927, autoriza las líneas para el interior y las afueras de la capital, con la promesa de empezar en breve las correspondientes a Triana, Cerro del Águila y Eritaña.

Sobre esta promesa se interponen multitud de problemas jurídicos y municipales. Por lo que se ve, el servicio de la compañía, concedido por tan gratuita y extraña concesión, era mucho más que deficiente. Leamos, para convencernos, las conclusiones de un pleno municipal, celebrado el 6 de Mayo de 1933, siendo alcalde don José González y Fernández de la Bandera. Se discutió fuerte -según pude comprobar a través de los diarios de la época- sobre un debate que trataba de la modificación de una base del servicio de transporte. El capítulo puesto en juego era el que correspondía al número 14 del código, que reglamentaba, o debía, todo lo concerniente a los medios de locomoción, bien fuesen públicos o privados. Este artículo trataba del establecimiento de nuevas líneas y sus concesiones, así como de la prohibición de monopolios en los servicios de transportes. Tras darse lectura a un dictamen proponiendo la modificación del artículo 14 -lógicamente a favor de la empresa concesionaria-, el señor Jiménez Tirado -todo un señor, según se desprende de su actitud-, se ocupó del particular ante la sorpresa de los demás, diciendo que el asunto que se discutía era grave y complejo y que, si se aprobaba el tema en cuestión, dando derecho a la compañía de tranvías a concursar, se favorecía una vez más a esta empresa, que tan deficientemente realizaba toda clase de servicios a ella concedidos.

La modificación canallesca del artículo 14 -en contra de la valiente y honesta posición del señor Jiménez Tirado-, se aprobó por mayoría, a pesar de que el citado concejal parece que siguió insistiendo en busca de una toma de conciencia totalmente inútil en auditorio tan confabulado para apoyar los intereses de la acapadora compañía. De todas formas, se atrevió a decir, en contra de esos monopolios que atenazaban la ciudad, que "Aprobándose el dictamen de modificación, impediremos a ayuntamientos venideros que puedan acordar el establecimiento necesario de un servicio de autobuses interurbanos y garantizaremos y perpetuaremos el privilegio de la Compañía Sevilla de Tranvías, quien actúa, con relación al público, de una forma abusiva, aún haciendo uno de normas ilícitas en la comptencia comercial con otros servicios establecidos".

Por aquello de esos tráficos extraños de influencia de toda clase, a los señores de la Sociedad de Tranvías el pueblo sevillano les puso el apodo de "Los Intocables", ya que ninguna ley se resistía a ellos, porque éstas, las más de las veces, estaban redactadas, corregidas o cambiadas por ellos mismos, en contra, incluso, de inesperadas y molestas opiniones como las del señor Jiménez que, me imagino, estaría considerado como persona "non grata" por la compañía.

La compañía hacía lo que le daba la gana en aquellos años a pesar de las contínuas quejas y denuncias. Como botón de muestra dejamos cita de la carta aparecida en "El Liberal" el día 1 de Diciembre de 1933, enviada al periódico por la Sociedad de Defensa de la barriada del Cerro del Águila: "Desgraciadamente para esta barriada, se le concedió a la Compañía de Tranvías por el Excelentísimo Ayuntamiento la explotación de la línea de autobuses desde Plaza de la República al Cerro del Águila; y decimos desgraciadamente porque creímos de buena fe que, al implantarse este servicio, estaríamos más beneficiados, por tener más medios de locomoción (tranvías y autobuses), dado el incremento que ha tenido este sector, que ha aumentado su personal el doble que tenía el año 30. Pero aquí está lo grave del caso: y es que la Compañía de Tranvías, "dueña y señora", sin importarle nada las bases que tiene comprometidas y aprobadas con el ayuntamiento, con respecto a tranvías, suprime de un tirón la línea número 12, dejando nada más que un coche que hace el servicio cada hora, en lugar de hacerlo cada cuarto de hora, que es lo que tiene pactado. Pero aún hay más, y es que ese coche lo retira a las ocho y media de la noche, dejando este sector incomunicado con la Ciudad Jardín, Cruz del Campo y Nervión, ya que la línea de autobuses hace el recorrido por otro sitio distinto".

En el capítilo de peticiones exigen: "Primero: que el Ayuntamiento exija a la Compañía de Tranvías el exacto cumplimiento de las bases que tiene concertadas. Segundo: que de querer defenderse la Compañía diciendo que ha montado una línea de autobuses en esta barriada, se le manifiesta que estos vecinos lo que han pedido ha sido el abaratamiento del billete, abusivo en la línea 12, y que si no le conviene sostener la línea de autobuses la retire, dándole paso a otra empresa, con lo cual se beneficiarían más estos vecinos. Tercero: que cumpla la Compañía las bases aprobadas al respecto con el servicio de autobuses, pues según los pliegos de condiciones dice que habrá servicio cada cuarto de hora, cuando no es así".

Como fácilmente puede entenderse, la Compañía de Tranvías de Sevilla no perdía pauta en cuanto a la comercialización de malos servicios, haciéndose contínua garante de quejas y más quejas, servicios monopolizados y malísimamente atendidos con los que se lograban, de cualquier forma, pingües beneficios económicos, como en el citado de la línea Plaza de la República-San Bernardo-Cerro del Águila, inaugurada el 17 de Septiembre de 1933. Y es que hasta el mismo gobierno republicano se encontraba impotente para frenar los diarios atropellos -no sólo físicos- de la intocable Compañía.

En todas parte y en todos los tiempos se cuecen habas, andando la política de por medio.

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