El principal germen para la Exposición Iberoamericana hay que buscarlo en la feliz idea de un comandante de Artillería, Luis Rodríguez Caso, quien, intentando conmemorar el I Centenario de la Independencia, imaginó una fiesta patriótica que llevaría por título: "Glorificación de la Bandera", cambiado más tarde por el de "España en Sevilla". El proyecto consistía en reunir en nuestra ciudad, durante la celebración de la Feria de Abril, a todas las regiones, representadas por medio de sus grupos folklóricos, contando cada región con bellas casetas de construcción y adornos propios de las mismas. Tal fue el éxito de la celebración de 1908 que el propio comandante concibió otro certamen similar, pero con la ampliación de concurrencia de los países hispanoamericanos. La idea fue muy bien acogida, y para llevarla a efecto se formaron distintas comisiones por las que pasaron muchos hombres en el lógico trasiego de años que ve desde la idea (1908) hasta su plena realización (1929).Tras muchos contratiempos, como la desesperanza dictada por el ministro de la Gobernación comunicando que el certamen habría de celebrarse en Madrid, o el tira y afloja con Bilbao, que pretendía para sí la obtención de una feria internacional, gracias a la intervención de don Torcuato Luca de Tena en una reunión que se celebró en Madrid con el alcalde de la capital vasca y con el representante de nuestra ciudad, Conde de Halcón, la Exposición Iberoamericana viene a Sevilla, dándose como fecha de apertura el año 1914.
Pero las obras propias de construcción y ordenación del recinto iban lentas y dan lugar al primer aplazamiento: 1916. Después se señaló otra nueva fecha: la del 17 de Abril de 1927, más tarde la del 12 de Octubre de 1928, posponiéndose para el mes de Marzo de 1929 y quedando como definitiva la del 9 de Mayo del mismo año. ¿Y la vida tranviaria de aquel tiempo? Como siempre, la Compañía de Tranvías no perdía puntada y la junta de accionistas comprendió que el movimiento esperado de visitantes podía aumentar gigantescamente sus arcas. Por ello, y con miras al certamen, el 6 de Octubre de 1927, presentó un escrito al ayuntamiento en el que daba cuenta de las reformas necesarias para la Exposición. Dentro de estas reformas existía la creación de una nueva vía en Eritaña, sustituyendo los antiguos carriles por otros más modernos, llamados de garganta, entre la Enramadilla y Eritaña, con el objeto de garantizar -decían- un servicio rápido, intenso y constante; doble vía a la Palmera para el servicio deportivo del Stadium; supresión de la línea del parque hasta finalizada la Exposición -claro está que corriendo las obras de desmantelamiento de vías y cables, así como las instalaciones una vez finalizada la misma, por cuenta del Ayuntamiento-; creación en el centro neurálgico de La Campana de una doble vía y de otra en La Pasarela y Plaza Nueva para aumentar el tráfico en un veinte por ciento, lo que supondría -seguía diciendo el escrito- un aumento de un millar de personas por hora, quedando la cifra en dos mil pasajeros cada sesenta minutos.
Como podemos ver, la Compañía de Tranvías madrugaba en sus proyectos de cara a la Exposición, aunque el público se preguntaba si esos coches viejos, de asientos incómodos, de bajos techos, antiestéticos y desvencijados, iban a circular por una Sevilla que estaba cambiando su cara. Público usuario y empresa tranviaria siempre estaban enfrentados por aquello de que obras son amores y no buenas razones. Al parecer, no todas esas reformas pedidas en el escrito al Ayuntamiento se llevaron a cabo sobre quién tenía la obligación de pagar el levantamiento de las vías, etc. Pero sí es cierto que, aunque el servicio seguía siendo igual de deficiente, comenzaron a circular coches más largos y, en no pocas ocasiones, se les lavó la cara a las cuerdas que, para agarrarse los usuarios que viajaban de pie, incorporaron a algunas jardineras, lo que entendió irónicamente "Don Cecilio" como toda esa total reforma tranviaria que con tanto bombo había anunciado la Compañía.En Agosto de este 1929, con el título de "Grandes mejoras tranviarias", ofrece su opinión en los términos humorísticos de siempre:
Las grandes reformas/ que todos los días/ ven los sevillanos que en su gran servicio/ hacen los tranvías,/ nos traen encantados,/ porque no hay empresa/ que en servir al público/ el cuidado ponga/ que nos pone esa./ Claro, que no puede/ evitar que haya/ empleado que tenga mal genio,/ y sigue y no para;/ ni que algunos coches/ que van atestados,/ en las plataformas lleven de paseo/ cinco o seis empleados;/ pero hace la empresa/ cuanto está en su mano,/ para que no tenga molestia o disgusto/ ningún sevillano./ Ahora una mejora/ ha hecho, ¡de primera!/ pues para agarrarse ha puesto en el techo/ de las jardineras,/ de un lado a otro,/ en las plataformas,/ cuerdas que parecen esas que se ponen/ "pa" tender la ropa./ Ha sido una idea/ de esa de "butem",/ para que la gente que no lleva asiento/ del paseo disfrute./ Cuando en una curva/ hay encontronazos/ en las plataformas, todos los que pueden,/ levantan los brazos,/ y entre guasas, risas/ y chistes y bromas,/ gimnasia sueca hacen pretendiendo/ coger la maroma.../ Por eso es la enorme/ reforma del día/ ese agarradero que en las "jardineras"/ llevan los tranvías...
Mucho tuvo que deambular la "tran-autobusilista" empresa por las calles de Sevilla, ya que obtuvo, durante los primeros nueve meses del año, una recaudación de 3.603.297 pesetas contra los 2.883.402 en igual época del año anterior.

Para conocer a fondo todo lo referente a la Exposición del 29 os recomiendo que leáis el libro del catedrático de Historia D. Eduardo Rodríguez Bernal, publicado por la Universidad de Sevilla y que lleva por título (lo digo de memoria) "La Exposición Iberoamericana de Sevilla". El libro contiene numerosos datos de interés sobre el tema. Yo lo manejé con ocasión de preparar mi libro sobre Caracol porque, curiosamente, Caracol nació el mismo año de 1909 en que se empezó a gestar el proyecto de la Exposición. Por cierto, que se pensó, en algún momento, en instalarla en Triana, pero la existencia en el barrio de zonas marginales hizo que se desechara la idea.
ResponderEliminarTambién he conocido algunas anécdotas curiosas sobre este evento, como la que publicaba el periodista de ABC Ignacio Camacho (probablemente el mejor escritor de prensa que hay ahora mismo en España) contando que sus padres se habían conocido en la Expo del 29, él de militar y ella como una niña de 15 años.
Tengo muchos libros sobre la citada Exposición, pero no conozco el que me citas. Intentaré buscarlo. En cuanto a lo de Ignacio Camacho te diré que fue compañero mío en la primera generación de periodistas del vespertino Nueva Andalucía, a las órdenes de Javier Smith, y más tarde en El Correo. Es, lo que tú dices, un periodista de muchos quilates.
ResponderEliminarEl libro de Eduardo es magnífico y merece la pena leerlo. Fue su tesis de licenciatura, aunque en el libro se ha hecho un extracto de la misma, pues las tesis suelen ser mucho más largas. Eduardo es compañero de mi Instituto y también ejerce de profesor en la Facultad de Económicas, en el departamento de Historia de las Instituciones Económicas que dirige el catedrático Antonio Miguel Bernal, otro que sabe tela.
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