Fotografía de Alejandro Velasco VelascoMe asomo a mi torre cobalto de Santa Ana y veo nubarrones: grises, amenazantes, criminales, y ya no sólo para el campo sino para el hombre. Desde El Aljarafe a Los Alcores, desde Ayamonte hasta el Cabo de Gata, desde Cádiz a los Pirineos: nubes de tristeza contenida, de rabia aguantada, de cobardía reprimida, porque nadie quiere que pase lo que pasó hace ya de eso, aunque parece que fue ayer, aunque parece que es hoy, hace 74 años.
España está muda, empezando por los sindicatos (?). Y perdonen que no me ría por educación a mis blogueros, y perdonen que no llore para que no me vean mis hijos y mis nietos y pregunten ¿por qué llora papá, o por qué llora el abuelo?
Luché cómo y cuánto pude, como casi todos los que creíamos en una España en libertad, en esperanza de convivencia y en justicia social, contra la larga dictadura, y ahora, tras tantos años de espera, nos encontramos con el timo de un nuevo Régimen, de un nuevo Frente de Juventudes, con una nueva Falange que ha cambiado un poco el eslogan: "Por el imperio hacia el Dinero" y "Cara al sol en el Caribe gracias al presupuesto", con la camisa nueva, por supuesto, y si es de Thomas Burberry mejor que mejor.
A mis viejos de arriba, de la localidad de Romancos en Guadalajara, como a los de todas las localidades de España, le van a quitar el cigarro..., para que se jodan, el bastón para que se caigan, la gorra para que cojan una pulmonía y... "una pensión menos". Esto va de mal en peor. El gobierno va dando más tumbos que el vapor "Adriano" de El Puerto de Santa María en días de Levante. No era este el país que nuevamente estábamos inventando desde finales de los sesenta, ni el que nos merecemos quienes cogiendo la "rosa" de la ilusión en los setenta estamos hoy con las manos y el corazón ensangrentados por las espinas de su tallo.
Conocí a Felipe González, "Isidoro", el mismo día de la detención de "El Lute", en Sevilla, en la barriada de Juan XXIII, el día 2 de Junio de 1973. Fue en una charla -diría que casi clandestina- que ofreció en un salón del colegio de los salesianos de Triana, en la calle Condes de Bustillo, donde nos dio una disertación -con ese "piquito de oro" que aún sigue teniendo-, sobre el sindicato vertical de Franco. Todos nos quedamos boquiabiertos con esa agilidad de mensaje, con esa juventud arrolladora. Yo tenía 24 años y una hija de pocos meses, y una ilusión tremenda y hermosa porque todo cambiara. Recuerdo que cuando terminó tomamos una cerveza en la esquina con San Jacinto y él, a mí y a mis amigos, nos siguió teniendo "entregaditos" con la reforma que se podía hacer en España. Nos extendió una tarjeta del gabinete laboralista de la calle Capitán Vigueras, cercana a la estación de San Bernardo, y nos despidió con una amplia sonrisa.
Un poco más tarde conocí al teatral Alfonso Guerra con su grupo "Esperpento" y a todos sus colegas, no menos teatrales, en un local cercano a la plaza del Museo; hoy, diría que patéticos personajes que, la mayoría, siguen ostentando en nuestros días grandes cargos en la administración, grandísimos "papeles" en la escena política. Y conocí a muchos más que me insistían en consignas y en que debía entrar como mensajero dentro del "organigrama"... Pero yo no nací para político, de lo cual hoy no sé si arrepentirme, o alegrarme, cuando contemplo que aquí nadie se arrepiente de nada, ni nadie pide perdón por robar, ni nadie DIMITE. ¡Faltaría más!. Dios me llamó para otras cosas: posiblemente, para dolerme como ahora lo hago de la estafa que han cometido y están cometiendo contra tanta gente de buena voluntad; para denunciar desde esta humilde página lo que está pasando; para declarar con todo el dolor de mi corazón que Pablo Iglesias estará llorando desde el cielo, si es que el cielo existe; para dolerme de verdad con los 6 millones de parados (hay que contar con los que están en cursos de formación), con las tristes pagas de las viudas, con el recorte de las pensiones de los que se dejaron su piel por levantar este país después de una guerra sin nombre, con el vergonzoso silencio de los sindicatos paniaguados, y, por supuesto, con el derroche del PODER de este Régimen, que quien no está con él está contra él, y te quitan -igual que en épocas pretéritas, con modos más sibilinos- de sus programas de subvenciones, dejando la libertad de pedir limosnas -tras cien impresos- a libreros, sinfónicas, artistas, conferenciantes, investigadores, programadores de ayudas, institutos, asociaciones de vecinos... La realidad -alguien lo dijo-, supera a la ficción. Pero todo tiene un punto de partida y otro de llegada. Mal tienen que andar las cosas cuando los ministros no saben qué decir, cuando lo que dicen lo dicen mal y cuando ya está dicho lo que dijeron lo corrigen a los dos minutos. Mal cuando se contradicen entre los propios gabinetes. Mal cuando España, tan alegre y tan jaranera, tiene cara de luto y gesto de mala leche. Mal cuando donde antes había un conserje, ahora hay tres chóferes, seis secretarias, otras seis ayudantes de secretaria, tres abrepuertas, un sólo consejero o ministro y docenas de personas a su servicio y, además, para no servir de nada. Así ¿cómo va a bajar el I.R.P.F.? Si Dios no lo remedia -porque tampoco lo veo por ninguna parte-, lo que subirá, sin duda, es el R.I.P.A., desgraciadamente para todos los que creíamos que una España sería mejor con las promesas socialistas de igualdad.
Si los políticos, todos, tuvieran que jurar ante notario cuanto prometen en sus campañas electorales; si tuvieran su poder en la cuerda floja, que puede cortarse de un tajo si mienten a los ciudadanos como descaradamente hacen, ciudadanos a los que hay que servir y no servirse de ellos; si no gozasen de inmunidad parlamentaria y tuvieran que dar la cara en tribunales libres internacionales; si diesen ejemplo acudiendo a la Seguridad Social cuando algo les aqueje; si fueran en su propios coches y tuviesen que buscar aparcamientos; si aguardasen colas humillantes en las cientos de ventanillas burocráticas que ellos mismos han creado; si desayunos, almuerzos y cenas saliesen de su propio sueldo, no superior a 3.000 euros; si la justicia doble que ellos imponen entrara primero por sus casas; si sus hijos fuesen a las escuelas públicas; si Marta del Castillo fuese hija de ellos... de seguro que con su ejemplo valioso, valiente y sincero, la sociedad no tendría tanto miedo como hoy tiene a que le roben todo -que no es otra la palabra-, sería más solidaria, más íntegra en sus afanes y estaría sensiblemente preocupada no sólo por los problemas de su entorno más cercano, sino por todos los problemas del mundo.
Para reconstruir la esperanza en nuestro país -bueno, en nuestros países dentro del país-, va a costar mucho trabajo, bastante más que el de colocar a los seis millones de parados. Aunque dicen que es lo último que se pierde, yo, que hablo con todas las personas de distinta condición y tendencias políticas, con la gente de la calle -a la que no conoce político alguno hasta que llegan las elecciones y se pasean por los mercados, por el metro..., en una pantomima periódica sin gracia alguna-, sé que va ser muy difícil devolver la Esperanza a la ciudadanía. La Fé ya se ha perdido, y la Caridad no se practica porque nadie tiene un euro en el bolsillo.
Para reconstruir España -si es que aún estamos a tiempo-, tendríamos que comenzar por arreglar todo: nuestro espacio natural de convivencia, la educación humanística de nuestros hijos, la armonía con todos los vecinos que componemos este territorio, y tener la rebeldía normal de quien se siente humillado con las injusticias y el mísero salario del trabajo, poseer la meditación profunda y analizada antes de depositar el voto en las urnas, conseguir -hay que hacerlo por ley- que el voto en blanco tenga presencia parlamentaria dejando vacíos los escaños que ganaron los descontentos, demostrando que el pueblo es sabio y que no se deja engañar tan facilmente por aquellos que gobiernan tan sólo para su propio beneficio. Sólo así, con la unión de todos, poco a poco a los políticos de todos los partidos se les iría cayendo las caretas y se quedarían solos, sin ningún embuste que prometer. Aflorarían en verdad, cuando la democracia fuese una democracia, los que vienen a servir al pueblo y no a servirse, como ahora ocurre... y, lo peor, a cachondearse.
¿Y tengo yo que decir ésto en vez de decirlo la oposición? ¿Cómo lo va a decir si no existe, porque es muda, ciega y sorda, pero no manca? No lo digo yo: lo dice más de media España. La otra media vive de la política.
Me ha encantado este artículo, compadre. En realidad me gusta el blog. Cada día escribes mejor, y más claro. Duro.
ResponderEliminarManuel Bohórquez
A mí me ha dado pena. Pero es triste lo que está ocurriendo. Cuando ya uno no puede aguantar tienes que estallar por algún sitio.
ResponderEliminarMe alegra de que te guste el blog. El tuyo es una joya.
Un abrazo: Emilio