Lo he puesto en blanco y negro porque lo ocurrido hoy a don Jaime de Marichalar, saliendo en una especie de carrito mortuorio del Museo de Cera de Madrid, de donde lo han quitado -quizás por real orden-, no tiene color, ni siquiera para esas revistas de papel "couché", ni para que a tal efemérides le dediquen dos minutos en el telediario de la 1, como si no hubiese cosas más importantes que comentar, como si el país no tuviese problemas para ser comentados con honradez y valentía.Si fuese por "cuernos" estarían borrados muchas partes de los mejores cuadros de nuestros grandes maestros. "Las Meninas" se habrían quedado en "Las Minis"; la duquesa de Alba, vestida o en pelotas vivas, no estaría en El Prado, y la familia de Carlos IV ni digamos, entre otras obras maestras de la pintura que ahora no tengo tiempo ni ganas de repasar.
A lo mejor don Jaime, por ser sincero, por ser un hombre nacido en la segunda generación del divorcio -la primera fue de la República- lo que ha hecho es optar libremente por acogerse a esa ley que te ofrece la Constitución, firmada y refrendada por su propio suegro. No se llevaban bien, por lo que fuese, pues lo de siempre: -Elenita, que voy a por tabaco. No me caía mal este tipo, porque al menos opinaba en un sitio donde apenas si se podrá opinar sin recibir la bronca sorda de nuestra reina Sofía. ¿Y si él no tenía la culpa de que la cosa fuese mal? ¿Y si fuese ella la que con tanto Astolfi, tanto caballo, tanto Rocio, tanto flamenquito en esos cortijos hermosos de Sevilla con Los del Río e inacabables grupos como aquí tenemos de turno para los nuevos señoritos, fuese la que acabó minando la convivencia conyugal? Al pobre don Jaime, al que Sevilla le entregó su espíritu en aquella boda grandiosa, hoy ya no sale ni en el carnet de familia numerosa. Lo han borrado de la foto oficial de la familia real. Lógico. Le han quitado el título de duque de Lugo. Eso es lo de menos. Si le hubiesen dado el de Jabugo, y se lo hubiesen quitado, sería cuestión de echarse a llorar por pérdida tan grasienta y olorosa del ducado... Pero, hombre, por haber dejado a Elena, o Elena a él, que es el padre de los primeros nietos de los reyes de España, y borrarlo de un plumazo, va un abismo.
Pero lo triste, lo más triste, ha sido su salida hoy, como un cadáver de un tanatorio, del Museo de Cera de Madrid. Y ya digo, si por cuernos o separaciones se hace el inventario de este museo, tan infame en sus modelos como en su comportamiento, probablemente, si acaso, se queden con dos o tres figuras. Si algún día volviese la República en su tercera nefasta intención, tampoco me gustaría que, como cadáveres, de la plaza de Colón madrileña, y en carritos, sacaran a los que hoy, por ley -se lleven como se lleven en su intimidad- representan a nuestra monarquía.
¿Pero es que todavía no se dan cuenta mis blogueros de que estamos en Carnaval?
¡Qué fuerte lo de Marichalar! Yo soñé un día que me casaba con su cuñada, Cristina, que es un bellezón. Imagínate si me caso con ella, me hacen una estatua de cera y, si me separo, utilizan la estatua para hacer velas. Este país no tiene arreglo.
ResponderEliminarMenos mal que fue sólo un sueño, compadre. Hoy hubieses tenido un gran cargo, un pedazo de mansión y un montón de "pasta"..., pero hubieses sido un infeliz. Aguantar un plebeyo una "casa" como esa, tiene que ser un horror, que es lo que a este hombre le habrá pasado, y lo que le está pasando a la "locutora" doña Letizia, que es la misma estampa de "La Canina" del Santo Entierro.
ResponderEliminarLo que no puede ser -porque alguien tuvo que avisar a los medios de comunicación para que filmasen la escena- es la humillación a que han sometido al señor Marichalar que, quieran o no quieran, ha dejado su sangre para siempre, a través de sus hijos, en la dinastía de los "borbones"