viernes, 12 de febrero de 2010

AVENTURAS TRANVIARIAS EN 1930

ACCIDENTE DE UN TRANVÍA DE LA LÍNEA 1

Si 1929 fue un año decisivo en la historia de la ciudad, 1930 quedará como el del traslado de la Feria de Abril a un sitio distinto de su emplazamiento habitual desde 1847. En esta ocasión -después de mucho tira y afloja-, la celebración primaveral pasa desde el Prado de San Sebastián al recinto de la Exposición, en la parte denominada como Sector Sur. Pero en la historia de la compañía tranviaria, 1930 quedará como el año del mal fario. Siete desgracias seguidas es el balance de los tres primeros días de este año. Entre las víctimas, un niño y un hombre muertos y cinco personas más heridas de gravedad, a causa de la velocidad de los vehículos. Sevilla, además del ya gigantesco tráfico de tranvías -cifrado en 72 coches motores y 44 remolques-, no era la ciudad de un sólo coche matriculado en 1905. La ciudad, a partir de la Exposición, comenzaría a poblarse de vehículos y, consecuentemente, a sufrir las molestias del tráfico en un casco urbano de calles estrechísimas.

Tranvías y autos, en palabras de "Don Cecilio", eran dueños absolutos de las calles. Comentando estos desagradables sucesos, nos decía lo que sigue en este poema titulado "Peligro de muerte":

¡Bien ha comenzado el año!/ Siete desgracias seguidas/ de atropellos de automóviles,/ camiones y tranvías./ Salir uno ya a la calle/ es el jugarse la vida./ Ya no son sólo los autos/ que se nos echan encima,/ tropiezan, vuelcan y chocan/ y hacen diez mil trapalías;/ ni los tranvías que salen/ andando y a toda prisa/ antes que el viajero baje/ o efectúe la salida./ (Con lo cual, dará lugar/ a que el conductor le riña)./ Ahora, tranvías y autos,/ como amos de Sevilla,/ empujan, caen, atropellan,/ descalabran, descuartizan,/ ¡y al que atropellan, resulta/ que tuvo la culpa encima!/ Hay aceras muy estrechas/ y hay calles "estrechísimas",/ es verdad; pero por ellas/ es donde van más aprisa/ y vuelan vertiginosos/ con su carrera "mortífera"./ Desde luego, que es preciso/ ver qué orden o medida/ se toma, que la existencia/ transeúnte garantiza/ y el Ayuntamiento debe/ pensar en ello enseguida./ La seguridad del público/ cosa es respetabilísima,/ no a merced de los verdugos/ del timbre o de la bocina./ Búsquense en seguida medios/ que nos den la garantía/ de que al salir por la calle/ no corre riesgo la vida./ Y si después de estudiar/ cosa que es tan urgentísima,/ no se encuentra la manera/ de que si uno se confía/ no le vaya a hacer virutas/ automóvil o tranvía.../ Entonces, que el municipio/ letreros pongan que digan:/ "No transitar" o "Peligro/ de Muerte" si se transita./ ¡Paso a tranvías y autos,/ que son amos de Sevilla.

Así entró 1930, con el pie izquierdo de los constantes accidentes y de los no pequeños problemas, como el de la sentencia favorable al Ayuntamiento por el tribunal contencioso-administrativo de la Audiencia sevillana en el pleito con la Compañía de Tranvías por defraudación de arbitrios sobre anuncios, quedando dictada la sentencia con una multa impuesta a la empresa tranviaria por valor de 4.954 pesetas. Esta noticia corrió como la pólvora por todos los círculos ciudadanos, que vieron alborozados cómo, por primera vez, la empresa dejaba de ganar en su larga carrera de cambalaches financieros.

Cuando la Feria se trasladó a los terrenos del Sector Sur, la compañía, ávida de nuevos ingresos, compró, por fin, coches nuevos y se dispuso a utilizarlos para este largo trayecto. Para ello, la empresa disponía de 12 flamantes coches tranvías y 16 autobuses, anunciando a la prensa que saldrían tranvías cada minuto y medio y que 10.000 personas pordían ir al ferial en estos medios de transporte. Para que no se pudiera incurrir en graves defectos de márgenes comerciales, la Delegación de Tráfico Rodado insertó en los periódicos locales la lista de tarifas especiales. Desde la Plaza de San Francisco a la Feria, 0,35 céntimos en tranvía y 0,75 autobús. Estas tarifas establecidas sí eran completamente legales, ya que las mismas habían sido aprobadas por la citada delegación. Lo que no parecía cuadrar del todo a "Don Cecilio" era la cuenta de la vieja que había hecho la Compañía de Trianvías al anunciar a los medios de comunicación los pasajeros que podían transportarse en una hora. Tomen buena nota:

Ahora la Feria se va/ al final del Sector Sur;/ o sea, entre Singapur,/ Australia y el Canadá./ La distancia se concilia/ muy facílmente, teniendo/ un autobús estupendo/ donde quepa la familia,/ otro para los criados,/ otro para pasear/ las niñas, y un autocar/ para encargos y mandados./ Mas da la casualidad/ de que esos cuatro carruajes/ los tienen diez personajes/ entre toda la ciudad,/ y el resto, gente de módicos/ recursos, o edn la miseria,/ se va a enterar de la Feria/ cuando lea los periódicos./ Mas la empresa tranviaria/ piensa de distinto modo,/ y nos lo ha resuelto todo/ de una forma extraordinaria./ Trae unos coches "ligeros",/ en donde transportar piensa/ de una vez (irán en prensa)/ unos cincuenta viajeros./ Con ellos lleva al ferial/ en esos días de abril,/ por hora, unas siete mil/ almas, si no cuento mal./ Y aún le queda el autobús/ donde irán cuatro mil más.../ Total, que a la Feria vas/ pero en un decir ¡Jesús!/ Muy bonito nos presenta/ la Compañía el traslado;/ mas yo lo he verificado/ y no me sale la cuenta./ Si cada minuto y medio/ sale un coche (y la demora/ no cuento) pasan por hora/ cuarenta, y aunque el asedio/ del público llene las plataformas/ hallo ahora/ que suman dos mil por hora,/ y ni un ciudadano más./ Agregadle treinta y seis/ plazas de las "jardineras";/ ¡ni mil quinientos siquiera/ a esa cifra añadiréis!/ Y si queda en la mitad/ la cabida tranviaria,/ no es presunción temeraria/ hacerlo en totalidad./ No hay que dárselas de augur,/ por tanto, al decir ahora/ que seis mil almas por hora/ es lo que irá al Sector Sur./ Pero aunque se haga un derroche/ de medios, y para abril/ puedan ir las once mil/ personas a un tiempo en coche;/ cuando toquen retirada,/ porque es hora de "jamar",/ y ni el sursum quiere andar,/ pues la gente está cansada,/ ¿qué harán las cien mil personas/ que allí estarán? ¿Aguardar/ ocho o diez horas? ¿Trepar/ a un árbol, como las monas?/ Ignoro, en esos momentos,/ qué hay previsto y qué se hará;/ y tengo presentimientos/ de que se resolverá,/ allá... cuando salga la/ lista esa del Ayuntamiento.

La lista a que se refería "Don Cecilio" era la de las tarifas puestas por la Delegación de Tráfico Rodado, creyendo -no fue así- que el público lo pensaría dos veces antes de subir a uno de los autobuses o tranvías, ya que eran precios muy abusivos para los jornales de aquellos años.

4 comentarios:

  1. Me gustaría que me confirmaras algo que no sé si viví o soñé. ¿Había tranvía Sevilla.Coria, con parada a la altura de Palomares, pasando Gelves? Recuerdo ir con mi madre, pero no sé si lo soñé.
    Felicidades, Emilio.

    Manuel Bohórquez

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  2. Había tranvía que salía de Triana y hacía el recorrido: San Juan de Aznalfarache, Gelves, Coria y Puebla del Río. Estación no tenía Palomares. Posiblemente tú bajases con tu madre hasta Gelves y lo cogieses allí, al menos que hubiese una parada de las llamadas "eventuales" más cercana a Palomares.

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  3. Recuerdo que la parada estaba a dos kilómetros de Palomares, en la carretera Sevilla-Coria. Luego había que andar hasta el pueblo. En la parada había una taberna, de un hombre muy gordo al que le llamaban 'Gordo Pará'. ¡Lo que es que te refresquen la memoria! Tendría yo unos cinco años y ahora recuerdo que no fue un sueño: viajé alguna vez con mi madre en el tranvía que dices.
    Gracias.

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  4. Tienes la edad suficiente para haber montado en tranvía, claro que sí. Además, los de las líneas interurbanas fueron los últimos en desaparecer. Es lo que yo te dije: bajábais por el camino viejo de Palomares y lo tomábais en Gelves o en alguna parada eventual.
    No, no fue un sueño lo tuyo.

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