lunes, 11 de enero de 2010

NOSTALGIA DE LOS VIEJOS FESTIVALES (1)

Treinta años me separan de aquella instantánea que tomó por sorpresa el gran amigo y excelente reportero Rafael Fernández Moreno, más conocido por "Rafemo" en el mundo del flamenco y la tauromaquia. Fue en uno de los primeros festivales de la cercana localidad de Dos Hermanas, que organizaba con mimo la Peña "Juan Talega" y que registraba cada año un lleno absoluto gracias al elenco de artistas que componían los diferentes carteles. Fue, también, uno de los primeros festivales veraniegos que yo retransmitía en directo para Radio Popular de Sevilla en aquel recordado y entrañable programa llamado "Ser del Sur", que heredé por proposición de Manuel Fernández Peña -director de la emisora- cuando mi querido amigo Paco Herrera, hasta entonces su titular, se marchó a Radio Sevilla poniendo en ella en marcha el programa flamenco "El Sur en la Ser".

Inseparables siempre, estoy en la fotografía con Juan José Román, el gran profesional técnico de sonido, con el que pasé veladas inolvidables y con el que recorrí miles de kilómetros de pueblo en pueblo, de festival a festival, en un periplo que duró cuatro años. Tanta amistad llegamos a tener y tanto nos respetamos y nos quisimos -nos queremos, a pesar de mi lejanía territorial- que hasta nos hicimos compadres, apadrinando mi mujer y yo al primero de sus hijos, al que bautizamos en Carmona porque tanto él como Ana, su esposa, son oriundos de tan hermosa Ciudad.

Había semanas en los meses de julio y agosto en las que no parábamos y, practicamente, uníamos la noche con él día. Sólo muy pocas horas para el descanso porque después, sobre las 6 de la tarde, comenzábamos a preparar el programa diario y, casi escuchando los últimos sonidos de la careta final, metíamos los bártulos en el coche y salíamos de nuevo de ruta hacia Lebrija, San Fernando, Morón, Los Palacios, Montellano, La Puebla de Cazalla, El Coronil, Mairena del Alcor, Aznalcóllar..., a todos los lugares, cercanos o apartados, adonde nos convocaba nuestra apretada agenda. Todos los años, y sin dormir ni siquiera un par de horas, terminábamos un festival, vuelta a cargar los bártulos, y tras tomar un café bien cargado enfilábamos hacia Algeciras, guardábamos el coche en un vetusto aparcamiento cercano al puerto, llamado Garaje España, y sacábamos los pasajes del ferry para estar en Ceuta a la hora convenida, porque allí nos esperaba siempre para invitarnos a almorzar, junto con los artistas del cartel, el gran aficionado y amigo Francisco Vallecillo, que se desvivía para que en su tierra estuviésemos como en casa. Se podrían contar docenas de anécdotas durante esas breves travesías con Antonio Mairena -que se ponía blanco nada más subir la escalerilla del barco-, con el gran Rafael Belmonte, Matilde Coral y su marido Rafael "El Negro", Fosforito, Curro Lucena... Dicen que el tiempo lo borra todo, pero creo que jamás los buenos recuerdos que ya no volverán, esos tiempos vividos tan profundamente que siempre se quedarán impresos en el almanaque del corazón.

Cierto año invité a que viniese con nosotros a un gran amigo y buen aficionado de Villanueva del Ariscal, capataz de las bodegas Castro, bastante mayor que mi compadre y yo y, por cierto, un gran intérprete del cante por malagueñas. El día antes del viaje, en la misma puerta de la Jefatura Superior de Policía de la Gavidia, me habían robado, a plena luz del día, los asientos de mi Renault 4-L, dejando sólo el del conductor, el mío. Como ya no daba tiempo a que me lo repusiese el seguro -el coche tenía dos semanas-, le pedí a un bar amigo un cajón vacío de botellines y en ese asiento provisional tuvo que hacer todo el viaje el bueno de "Manolito Blas", agarrándose como podía a la guantera y soportando las incomodidades lógicas de no tener respaldo. Del cinturón no hablo porque en aquellos tiempos nadie se lo ponía, ni siquiera me acuerdo si venía incorporado en el coche. El hombre se había levantado a las 5 de la mañana para estar en mi casa a la hora que habíamos convenido. Entre el madrugón, el coche, el barco y el copioso almuerzo que nos ofrecieron, mi amigo estaba literalmente reventado y deseando descansar unas cuantas horas, en la habitación que teníamos en el hotel Muralla, para estar despejado por la noche para asistir al festival flamenco que allí nos convocaba. Le dije que se fuese a la habitación y que yo llegaría a los pocos minutos, cuando me tomase una copa con los muchos amigos y artistas que se alojaban en el mismo recinto. En el hotel se hospedaba mi dilecto amigo y gran aficionado cordobés Rafael Salinas que, desde que me encontré con él, estaba loco por leerme un trabajo, interesante pero muy largo, sobre las composiciones guitarrísticas de su compadre Manuel Cano. Cuando durante la copa yo sabía que no me libraba de aquella lectura, me salió el Emilio cachondo y bromista que siempre llevo dentro y le dije con una gran naturalidad y seriedad: -Oye, Rafael, ¿sabes quién está entusiasmado porque le leas tu trabajo?, pues Manolito Blas, ese amigo de Villanueva que te presenté el año pasado y que ha almorzado con nosotros. Es un forofo de la guitarra y un enamorado de las interpretaciones de tu compadre. Si vas ahora a su habitación, que es la 1, le vas a dar una tremenda alegría porque, además, no es hombre de siestas y seguro que se está aburriendo hasta que yo regrese... Dicho y hecho. Y allí que se encajó Rafael para soltarle su tesis durante dos largas horas mientras yo dormía plácidamente en la habitación de Juan José Román. Ni que decir tiene que cuando volví a mi habitación para bañarme y arreglarme para el festival, el bueno de Manolito, al que se le cerraban los ojos, me quería matar, aunque se reía a carcajadas por mi pesada ocurrencia. Cada vez que nos hemos vuelto a ver siempre hemos revivido aquel día de la odisea del coche y de la siesta chafada por mi culpa y de nuevo la risa aflora abiertamente de nuestros labios.

Eran unos tiempos en los que vivíamos a tope y a cada minuto le sacábamos su gozo; tiempos en los que, cuando la vida nos lanzaba un limón amargo, en vez de mascarlo nos hacíamos con él una jugosa limonada. Fueron para nosotros unos años inolvidables en los que aprendíamos de cada latido de los artistas tanto dentro como fuera de los escenarios, años de una escuela viva para los buenos aficionados, años que ya no volverán pero que jamás se van a teñir con la pátina sepia del olvido.

3 comentarios:

  1. Después de leer tu primer comentario, con anécdota incluida, sobre los festivales y un tiempo flamenco de sobra interesante, creo que falta un libro que cuente aquella historia, y nadie mejor que tú para firmarlo. Cómo no tienes nada que hacer (jejeje)piensa en ello... pero no dejes tu blog por nada del mundo.

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  2. MI querido Emilio: Esa foto que has publicado, sentado junto a Juan José Román, no sólo te trae recuerdos a ti. También a mí, que siendo una niña,tuve la suerte de compartir contigo muchas tardes de radio. De la mejor radio que se hacía. La cercana. La íntima. La local. La del oyente.La de los festivales. Parece que aún te estoy viendo. Cada uno en su "pecera". Tú en OM y yo en FM. Y con un Antonio Franco de control, o un Juan Antonio Muñoz o un Román. !Cuántas veces venías a verme para decirme: "Niña que necesito una mano inocente para que me saque una carta que vamos a premiar! Y yo iba. Y me metía en tu locutorio dejando algo en FM para que sonara. Y me comentabas con ahínco lo que estabas poniendo, un disco muy antiguo que la discoteca de Radio Vida tenía en su archivo y que habías rescatado. ¿Y tú no conoces a Calixto Sánchez? ¿Y no has escuchado nada de La Niña de los Peines?... A mí, todo aquello me sonaba a chino, pero dejabas en tus preguntas un halo de satisfacción por tu conocimiento. Yo no sabía nada de flamenco. Aún, hoy en día,no sé nada.Pero notaba que detrás de aquel micrófono se escondía un hombre que amaba, que respetaba, que trabajaba y que conocía el flamenco como la palma de su mano.

    Pisé mi primera peña flamenca (la de Torres Macarena)porque me llevaste tú una noche."Un día -me dijiste- te voy a llevar a la peña de la Macarena. ¿Tú no has estado nunca en una peña flamenca? YA verás el ambiente. Te va a gustar. Ahí es donde se escucha el verdadero flamenco."

    Ya ves las vueltas que da la vida, Emilio. Yo que andaba con toda la música moderna,con esos grupos raros, que cantaban en inglés y que aún no tenían discos siquiera, desde hace una década trabajo en el flamenco y con los flamencos. Sigo sin saber nada sobre este Arte, pero presumo de haber conocido a uno de los hombres que más saben de él y con eso, casi, me conformo.

    Te envio mis deseos de continuidad en este blog.Mucho ánimo.

    PD: El librito que me has enviado por navidad es precioso. Gracias.

    Un beso,

    María-Antonia.

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  3. Emilio Jiménez Díaz11 de enero de 2010 a las 21:59

    Ya ves, querida María Antonia, yo ahora en el dique seco del Flamenco, porque muy pocos se acuerdan de que existo, y tú, afortunadamente, tocándolo cada día con tus manos desde ese gabinete de la Bienal. Pero me da una inmensa alegría que recuerdes con devoción aquel tiempo de una radio que se hacía artesanalmente y me traigas a la memoria cuando yo te pedía que vinieses a mi estudio, como mano inocente, para sacar la papeleta del sorteo de un lote de discos. ¡Qué tiempos más hermosos! Te debo la visita prometida y un beso por haber cambiado aquellos grupos modernos por la voz honda y sincera de nuestra tierra. De Flamenco no hay que saber, hay que sentirlo, y tu tienes una gran dosis de sensibilidad demostrada.

    Un abrazo:
    Emilio

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