El año 1978, cuando yo era el responsable de las páginas flamencas del diario vespertino "Nueva Andalucía", dirigido por el afabilísimo periodista Javier Smith y corregido y maquetado por el incansable Francisco Anglada, una crítica que se publicó el día 1 de Agosto, con motivo de la actuación de José Menese en el Festival de la Mistela de Los Palacios, abrió una triste polémica entre el cantaor de La Puebla de Cazalla y el que esto escribe hoy como anécdota y recuerdo de tiempos pasados. Se cruzaron las réplicas, aunque firmadas por Menese escritas por su tutor, amigo y formador, Francisco Moreno Galván, y yo volvía a responder con más argumentos que creía a la medida de la crítica -hoy sigo creyendo que justa, aunque severa- que realicé en la citada fecha. Incluso muchos amigos de ambos intentaron, sin éxito, que las aguas volvieran a sus cauces. El tema de la crítica en cuestión -que no voy a citar aquí para no reavivarla, y que puede encontrarse en las hemerotecas- no merecía tanto gasto de papel inútil y tanto sinsabor. Recuerdo que mi querido y desaparecido compañero Miguel Acal, a través de su programa de La Voz del Guadalquivir, me hizo una defensa que para su currículum la hubiese querido Stampa Braun.A los pocos días, en la plaza de toros de San Fernando, donde se celebraba su festival veraniego, fue Paco Herrera -por aquel entonces en Radio Popular- quien quiso que nos diésemos la mano para poner punto y final a tan desagradable situación. Tras un cruce agrio de palabras nos la dimos con recelo y ahí quedó aparcado el tema de momento.
Pasaron apenas dos semanas y el 8 de Septiembre yo presentaba el I Festival Flamenco "El Olivo" de la localidad jiennense de Villanueva del Arzobispo, que ofrecía un cartel ciertamente interesante: Carlos Cruz, Naranjito de Triana, Manuel Mairena, Curro Malena, Fosforito y José Menese en la parte cantaora; el baile de Manuela Carrasco, y las guitarras de Enrique de Melchor, Parrilla de Jerez y José Cala "El Poeta". Se dió la oportuna circunstancia que a Menese lo acompañó en el viaje Moreno Galván, con el que estuve largamente hablando antes del festival y al que le dije, amistosamente, que escribía muy bien las cartas del propio Menese. Paco, con esa nativa humanidad se reía como un niño y fue quien puso punto y final a tan desagradable episodio.
Le hice una presentación hermosa y nos dimos un fuerte abrazo en el escenario. Recuerdo esto porque son muchos los que creen que las polémicas deben ser eternas. Nada debe estar más lejos de eso. Se aplaude cuando uno se emociona, y son las palmas como especie de trofeo que se le tributa al artista. Se raja algunas veces con el bisturí no por el placer de cortar sino por la dicha de sanar. Y eso fue lo que quise hacer -tal vez torpemente, o muy valientemente- con aquel ya lejano comentario de Los Palacios.
Menese se entregó por entero, porque la noche así lo requería y era un maratón de fuerzas y de ecos incontenidos el que estaba teniendo lugar aquella noche flamenca, donde su cante por seguiriyas llegó arañando y pellizcando el rincón de la sensibilidad de los buenos aficionados que le aplaudieron fuertemente, muy fuerte, porque así lo mereció.
Yo también le apludí con todas mis fuerzas en Villanueva del Arzobispo.
Hablas de Meneses, querido Emilio, y me viene a la memoria lo que la voz de este cantaor supuso para -los que como él entonces- éramos muy jóvenes en los años sesenta, y cómo los gustos musicales de la muchachada podía ir desde Salvatore Adamo al mismo Meneses; de lo dulce y romántico a los aires de protesta y libertad con sones jondos. Con un compañero de La Puebla nos íbamos a una tabernilla donde otro paisano del gran cantaor ponía sus discos: un tinto con tapa gustosa y un cante de Meneses nos hacía los más felices del mundo. Con qué poco (¿poco?) nos alimentábamos el cuerpo y el espíritu. Sigues contándanos tus vivencias flamencas por nuestro bien, Emilio.
ResponderEliminarQuerido Ángel: antes de ese año al que aludo, la voz de Menese fue voz de liberación y compromiso,y es verdad que todos pasábamos de las románticas baladas de Adamo o Ennio Sangiusto -que a mí me encantaba- a los cantes protestas de José. En el pasado mes de Diceimbre tuve la suerte de asistir en Córdoba a los tres días del Seminario "El Flamenco como compromiso social y político", en el que además de las palabras de los ponentes pudimos escuchar de viva voz las opiniones de los cantaores comprometidos de aquella época: Paco Moyano, Manuel Gerena y José Menese. Claro está que al llegar la democracia los esquemas se cambiaron y habría que quitarse el sombrero de la frase genial del no menos genial Manuel Vázquez Montalbán cuando dijo: "Contra Franco, vivíamos mejor"
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