sábado, 16 de enero de 2010

BREVE HISTORIA DEL PUENTE DE TRIANA


Muchos nombres tuvo este puente que es el otero singular de los trianeros: Puente Nuevo, Puente de Hierro y Puente de Isabel II, pero a todos les ganó, por el amor del arrabal, el nombre popular del barrio, "guarda y collación de Sevilla": Puente de Triana.

Fue allá en 1830 cuando, por el asistente de la ciudad, don José Manuel Arjona, se inicia el expediente de sustitución del antiguo puente de barcas, muy famoso al decir del escritor costumbrista Serafín Estébanez Calderón, y del que quedan noticias en antiguos grabados. Por él, la hermandad de la O es la primera que pasa hacia Sevilla para hacer estación penitencial en la Catedral. Corren los años -la burocracia hispalense siempre ha dado mucho tiempo al tiempo- y hasta el año 1842 no es cuando se decide el tipo de puente que habrá de sustituirle. Por fin, el año 1845 se adjudican las obras y proyectos a los ingenieros Gustavo Steinacher y Fernando Bernadet, colocándose la primera piedra el día 12 de diciembre del mismo año. En 1849 -al parecer por problemas con el fundidor-, se les rescinde el contrato a los primeros adjudicatarios, haciendóse cargo de las obras, desde esta fecha, el ingeniero Canuto Carroza, que fue el primer proyectista de el faro de Chipiona. Tras 22 años de iniciado el expediente, llegó su inauguración el 23 de febrero de 1852, efectuando las pruebas de consolidación, a principios de dicho año, una batería de artillería atravesándolo a paso de carga. Como dato curioso diremos que en 1851, a punto de estar finalizadas las obras, se formó una comisión para hacer un informe sobre algunos rumores de ruina que afectaban a los aros de fundición y las pilas de sostenimiento. Rumores de ruina que siguieron de boca en boca desde su construcción hasta nuestros días.

El puente se funde en Sevilla. Sus 27.428 piezas de hierro fundido, con un peso de 877.952 kilos, saldrían de la Fundición San Antonio, situada en la calle San Vicente, talleres propiedad de un industrial catalán con miras de futuro, Narciso Bonaplata, promotor principal, junto a don José María de Ibarra, de la creación de la feria de ganados de nuestra ciudad que, con los años, desembocaría en la Feria de Abril sevillana, hoy en orilla trianera. Sumaremos como datos técnicos las descripciones más importantes de su desarrollo: la construcción consta de una luz de puente de 136,5 metros y 162 incluyendo los estribos. Posee una superficie aproximada de 1.829 metros cuadrados y tiene una anchura entre barandas de 13,40 metros. Se apoya sobre cuatro bases de piedra, con dos pilas centrales y dos estribos laterales que sustentan tres bandas de cinco arcos con una longitud de 44 metros, en las que descansa el piso a través de una serie de hermosos anillos tangentes. Desde su construcción está destinado al paso de vehículos y peatones, vigilándose con cautela el paso de vehículos pesados en 1958 y suprimiéndose, en agosto de 1974, toda la circulación rodada, para dar lugar en 1976 a las obras de consolidación y refuerzo, después de haber sido desaprobado, afortunadamente, en noviembre de 1964, un proyecto de nuevo puente, original del ingeniero riojano don Carlos Fernández Casado.

Durante la reforma, concretamente el 13 de abril de 1976, y tras haberse salvado de la piqueta a la que querían someterlo los vanguardistas de siempre, el Puente de Triana recibió la catalogación de Monumento Histórico-Artístico. Fue el ingeniero onubense Juan Batanero el encargado de esta consolidación y restauración, colocando dos vigas longitudinales de tipo cajón, de 140 metros de longitud, con sección de 2,50 por 4,45 metros de altura, ampliándose el ancho de calzada a 17 metros, 3,60 metros más del que tenía el original, quedando los aros que le confieren su singular fisonomía como meros arcos decorativos. La verdad es que, después de 14 meses de obras y más de 125 millones de pesetas, la restauración de Batanero quedó al gusto de casi todos. Por lo menos, la imagen tradicional del puente trianero se había salvado de la piqueta, a la que quisieron someterlo no pocos munícipes de turno.

Por fin, a las 6 de la tarde del día 13 de junio de 1977, se reinaguró el remozado Puente de Triana por el entonces ministro de Obras Públicas, Luis Ortiz, acompañado por el alcalde de la ciudad don Fernando de Parias. Pero el puente es algo más, mucho más que datos técnicos ya que, en sí, no es el sistema de su construcción, las fechas de efemérides convencionales, la elegancia de sus tres arcos o la similitud con el Carrusel parisino, obra de Polonceau y que desapareció en 1931 tras cerca de un siglo de existencia. Lo que el puente significa para Triana es la propia vida. El puente ha sido la espina dorsal de ese arrabal que, desde él, abrió sus vértebras a los más importantes núcleos de sus calles: Orilla del Río, Larga, Esparterías, Rosario, Palomar..., y a las más importantes industrias que dieran nombre y fama a este periplo trianero: navales, reales almonas, alfarerías...

También el puente, por una serie de circunstancias que van impresas en la particularidad de vida de sus habitantes, ha sido el gran testigo sentimental de una Triana que tuvo y gozó de un gran emporio en los pasados siglos. Puente siempre con el susto de sombras de expedientes; puente de las horas negras de los suicidas; puente de la risa frágil de chiquillos en tardes de Domingo de Ramos; puente en fiesta en los días señalaítos de Santiago y Sant'Ana, adornado de banderas, granas, gitanas o republicanas, según las conveniencias del tiempo político; puente por el que pasó la Reina sin corona, doña Victoria Eugenia, llevando, según la común hipérbole arrabalera, un mantón de Manila que le arrastraba; puente de saltos olímpicos y temerarios, en días de Velá, de sus hijos más conocedores del río; puente que tiene como vigía marinera a la Reina del Carmelo y por la que, sin duda, se salvó de la piqueta, tal como dejó reflejado en una seguiriya el cantaor Antonio Suárez:


Al Puente de Triana
no han podío derrumbarlo
porque allí vive la Virgen del Carmen
que jace milagros.

Puente que nos trae y nos lleva a Sevilla, pero que es alma de Triana.

Brazo tendido y largo sobre un río
al que Tartessos dio su luz primera
para abrazar, como una enredadera,
con la Ciudad hermosa al barrio mío.

Te crucé muchas veces con el brío
de una niñez de amor arrabalera,
y mi padre cruzó por tus fronteras
limones agridulces de amorío.

¡Puente de mi nacencia, vista airosa
sobre el pretil de aquel primer gran sueño.
Alta azotea para espejar mi vida.
Horizontal imagen, tan preciosa,
que en ella quiero, y en su afán me empeño,
que me den el adiós de despedida.


(Extracto actualizado y ampliado del artículo que publiqué en el diario "Nueva Andalucía" el 12 de Octubre de 1976)

6 comentarios:

  1. Está estupendo el blog, con buena información.

    Un saludo!

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  2. Muchísimas gracias, intentaremos alimentar aún más ese interés.
    Saludos.

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  3. Hola, el Eduardo Sanguino que ha hecho el primer comentario de esta entrada ¿es quizás el pregonero de los Armaos en este 2010? Si es así, me gustaría animarle para que, por fin y de una vez, deje de ser auxiliar de capataz y se convierta en capataz jefe. Yo entiendo muy poco del tema de llevar los "pasos" de Semana Santa, pero he leído últimamente mucho sobre el tema y todo el mundo coincide en que ha llegado el momento de Sanguino. Si no es ésta la persona, entonces no he dicho nada.
    Sobre la historia del puente de Triana que cuenta Emilio, me parece muy interesante, toda ella es una peripecia que merece la pena conocer. Supongo que dentro de unos años alguien escribirá la historia de cuando al puente le quitaron un trozo para hacer el dichoso carril bici.

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  4. De verdad que desconozco quien es Eduardo Sanguino desde esta lejanía cordobesa y desconocía, si es él, que fuese auxiliar de capataz. La mejor escuela, desde siglos, de capataces y costaleros de Sevilla ha sido Triana. En nuestra pequeña catedral de Sant'Ana reside Madre de Dios del Rosario, Patrona de este gremio, como gremiales eran antes de los hermanos costaleros aquellos "comunistas" del muelle que sacaban todas las advocaciones de la ciudad y el arrabal. Hay un libro muy interesante de Antonio Núñez de Herrera: "Teoría y realidad de la Semana Santa de Sevilla" -cuya tercera edición tuve el honor de prologar-, que es imprescindible para el conocimiento de esta celebración litúrgica y pagana al mismo tiempo.
    En cuanto a lo del Puente de Triana, yo mismo te contaré la historia en un soneto humorístico de esta bicimanía sevillana. Lo prometo.
    Gracias: Emilio

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  5. ... y el puente más cantado del mundo (Repásese "Triana en labios de la copla"; por cierto: estupendo tu soneto); el más cantado y el más cinematográfico. A Orson Welles, que sabía del mundo, le admiraba su forma, su gracia y lo que representaba simbólicamente. Lo veía "muy de cine". Las imágenes que se conservan del puente parisino "El Carrousell", su hermano mayor derruído en 1945, parecen, a primera vista, una visión desconcertante de Sevilla.

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  6. Y el más pintado en la iconografía antigua de la ciudad, por los pintores románticos y por los modernistas. Pero, lo más importante: el más nuestro, tanto de Sevilla como de Triana. Ahí está el puente de San Telmo, el del Cristo de la Expiración, el del antiguo "generalísimo", que tendría que ser muy general cuando nadoie sabe ya cómo se llama...
    Menos mal que la cordura -rara avis en nuestra Ciudad- se negó a su destrucción.

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