El humanista del siglo XVI, henchido de sabiduría clásica -ingenio denso y rectilíneo-, se dá a la curva imaginaria de las hipérboles al hablar de Sevilla y de los ríos hiperbólicos que a Sevilla afluyen.El humanista sevillano Juan de Mal-Lara dice que de las tierras del Aljarafe -de la campiña y de la serranía-, llegan a la ciudad y la nutren, como cinco ríos: un río de agua, un río de aceite, un río de vino, un río de leche y un río de miel.
Y de estos cinco ríos, el río de agua, el Eío Grande, Betis o Guadalquivir -el gran río de nuestra vida, que le llamó aquel exégeta de la ciudad, José María Izquierdo-, no deja de ser nunca el más hiperbólico y, al par, el más representativo y esencial para la vida de Sevilla.
Entre Sevilla y el río existe una reciprocidad fundamental, un ritmo isócromo, una polarización inacabable.
Del río vienen a la ciudad júbilo y aflicciones, oros de opulencias y miserias de plaga. Del río vienen a la ciudad y de la ciudad van al río. Y en esta inquietud de vidas pares y gemelas, que se observan atentas, el alma de la ciudad llega a poseer ondulaciones graciosas y fluideces elegantes de gran río; y el río fuerzas fabriles y tumultuosidades fieras de gran ciudad.
La ciudad, en fin, como a obra propia mira al río, pues lo encauza, profundiza y rige con sus artificios; pero el río, queda, en cambio, como la Ley suprema de la ciudad, perpetuamente.
Los cofrades del Patrocinio traen al Cristo de la Expiración -la imagen del Cachorro insigne-, sobre el puente anchuroso que cruza el río, Viernes Santo por la tarde, de Triana a Sevilla.
Este Cristo de la Expiración es como el canon prodigioso de la Agonía. Pero en la modelación de esta imagen dialogal se cumplen también las normas eternas de Grecia.
En lo sumo de la curva del puente queda un momento el Cristo de la Expiración, con la vista convergido hacia un vértice -triangulada la muerte de la boca a los ojos-, y los brazos enjutos, abiertos y distendidos. Expiración. Aliento de mayor premura. Ya rotas las arterias dentro del pecho... ¡Oh, divina riada en las entrañas! Enseguida, la cabeza, negra de sangre -ojos, lengua y cerebro que sustentó de inmensidad al Logos-, ha de desgajarse de un golpe, como el fruto que gravita, logrado, sobre la gleba de su germinación. La mano diestra hacia la ruta que lleva al mar, la mano siniestra hacia las fuentes-madres del río.
Sobre el cauce del gran río hiperbólico de Sevilla -todo símbolo-, queda el Cristo un momento. Y Cristo, puente y río son una conjunción de símbolos ingentes.
Los cofrades del Patrocinio traen al Cristo de la Expiración -la imagen del Cachorro insigne-, sobre el puente anchuroso que cruza el río, Viernes Santo por la tarde, de Triana a Sevilla.
Este Cristo de la Expiración es como el canon prodigioso de la Agonía. Pero en la modelación de esta imagen dialogal se cumplen también las normas eternas de Grecia.
En lo sumo de la curva del puente queda un momento el Cristo de la Expiración, con la vista convergido hacia un vértice -triangulada la muerte de la boca a los ojos-, y los brazos enjutos, abiertos y distendidos. Expiración. Aliento de mayor premura. Ya rotas las arterias dentro del pecho... ¡Oh, divina riada en las entrañas! Enseguida, la cabeza, negra de sangre -ojos, lengua y cerebro que sustentó de inmensidad al Logos-, ha de desgajarse de un golpe, como el fruto que gravita, logrado, sobre la gleba de su germinación. La mano diestra hacia la ruta que lleva al mar, la mano siniestra hacia las fuentes-madres del río.
Sobre el cauce del gran río hiperbólico de Sevilla -todo símbolo-, queda el Cristo un momento. Y Cristo, puente y río son una conjunción de símbolos ingentes.
La llaga del costado del Cristo -restañada de soles-, aún derrama un último hilo de humor, como buscando los surcos más profundos de la tierra. Mientras, bajo el puente, las ondas siguen su carrera en el círculo infinito del curso del agua.
Cristo, puente y río son una conjunción de símbolos ingentes. Pero a trueque de que se nos atribuya la supertición y el terror sagrado de los símbolos, hemos de callar, por esta vez, la difícil palabra y brindar a los soliloquios de cada hombre el tema profundo de la meditación de Sevilla en la Semana Santa: el Cristo sobre el Puente.
Anhelo... Más allá...
(RAFAEL LAFFÓN. "Discurso de las cofradías de Sevilla". 1941)
Cristo, puente y río son una conjunción de símbolos ingentes. Pero a trueque de que se nos atribuya la supertición y el terror sagrado de los símbolos, hemos de callar, por esta vez, la difícil palabra y brindar a los soliloquios de cada hombre el tema profundo de la meditación de Sevilla en la Semana Santa: el Cristo sobre el Puente.
Anhelo... Más allá...
(RAFAEL LAFFÓN. "Discurso de las cofradías de Sevilla". 1941)
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