martes, 24 de mayo de 2016

DESDE MI TORRE: ¡VIVA EUROPA!


Jamás quería escribir este artículo. Estas imágenes me parecían del ayer, de cuando Europa estaba arrasada por culpa de las guerras y del genocidio de Hitler, y de cuando en España era muy difícil de vivir en una contienda entre hermanos y en una posguerra tan injusta como innecesaria y, evidentemente, peor para los que habían combatido -por creencia o mala suerte- en el bando republicano-. Parecía que se habían curado las heridas desde todos los frentes que la política levanta y aviva a su antojo. No nos bastó y sobró con el gran holocausto que propició un dictador germánico, ni con los asesinatos de otro llamado Mussolini, ni con los crímenes en cunetas y tapias de cementerios locales que ordenó a la Falange "nuestro" Francisco Franco, a quien todavía muchos nostálgicos echan de menos.

Son ahora otros los gobiernos de esta Europa reunida, y casi todos dicen llamarse democráticos cuando son los mismos lobos con las mismas pieles de cordero. Nos engañan como quieren; nos hacen esclavos a sus antojos monetarios; nos asesinan y apartan cuando les da la gana. Los ricos cada día más ricos, y los pobres, como siempre, cada día más pobres. Pero, encima, para mayor escarnio, nos venden que estamos en una Europa en continuo avance, en una progresión social sin precedentes, en una unión totalmente libre y moderna. ¡Viva Europa!

Si cuando en la posguerra los españoles con dos dedos de frente sentíamos vergüenza de ser español, ahora -si los mismos dedos actúan de baremo-, sentimos una revolución interior y un vómito constante, una fatiga inmensa, hasta una especie de odio hacia nuestros políticos comunitarios, por este segundo holocausto en el que todos nuestros gobernantes de los países que conforman esta mal historia del siglo XXI tienen las manos llenas de sangre.

¡Viva Europa!

jueves, 19 de mayo de 2016

DESDE MI TORRE: BANDERAS


Este gobierno, aún estando en "funciones" para lo que le interesa, se equivoca más que una pobre vieja tuerta haciendo punto. La que ha liado con lo de las banderas, prohibiendo la presencia de la llamada "estelada" en la final de la Copa del Rey del próximo domingo, es una barbaridad. Por supuesto que no sólo para mí, que entiendo poco o nada de derecho constitucional, sino para los más prestigiosos juristas sobre el tema, los mejores intelectuales y los más serios políticos, a los que he escuchado hoy en varias emisoras, algunas, todavía, muy partidarias del régimen anterior, que más o menos viene a ser lo mismo del que hoy tenemos "funcionando", aunque debería estar mejor callado.

Son ellos los que ponen el barril de pólvora y encienden la mecha. ¿Qué importa una bandera catalana -constitucional-, o una bandera andaluza -constitucional-, o la de este país de locos que es España? ¿Por qué no se ha metido jamás el PP cuando sus acólitos salen en multitudinarias manifestaciones con la bandera del águila franquista -inconstitucional-, de tan ingratos recuerdos?

Si el gobierno no tuviese esa inclinación constante de prohibir y prohibir y prohibir, nada hubiese pasado. Con el silbato del árbitro se acaban todas las ideologías. Pero nada, se empeña en meter la pata allí donde no existe problema alguno. Así les va a esta gente que aplauden al "pollo" mientras condenan a una bandera que, además, tiene los mismos colores de la de este país que cada día, por ellos, por sus intereses, se está enfrentando de nuevo. 

Ante tantas meteduras de pata, siempre es mejor retirarse a tiempo.

lunes, 16 de mayo de 2016

DESDE MI TORRE: LAS COSAS PINTAN BASTOS


Entre tanto Rocío, tanto san Isidro,  tantas ferias y romerías, tanto mayo vivo y caliente, tanta Eurovisión y tanta liga de fútbol, tanta Copa del Rey -¿cuál de los dos?-, y tanta farfolla, el personal apenas si piensa que tenemos unas nuevas elecciones a la vuelta de la esquina y que llevamos camino de seis meses sin Gobierno, aunque Hacienda no descansa. Quizás que a este país que se llama España, y al que quieren dividir como un puzzle, sólo le interese de verdad el trajinar festivo y jaranero, la guasa, la gastronomía comarcal y el mucho cachondeo, el marear a santos mal estofados y de ínfima factura, sacando a procesionar a muñecas vestidas de oro al grito desaforado de miles de personas en paro que justifican todas sus posturas en aras de la Fe.

Y nos llegará la modorra del verano y nos quedaremos como estamos: es decir, con nuevos mangantes a los que no hemos tomado en cuenta y que se convertirán en esa nueva casta a la que tanto han criticado.

Hace mucho tiempo que dejé de creer en los políticos, desde que me engañó el PSOE, en el que confié ciegamente, cuando el caso de Juan Guerra. Todos los presidentes y allegados están hoy supermillonarios, cuando hasta tocar el Poder sólo eran, como mucho, abogados de segunda fila.

No sabemos la sorpresa que nos deparará las urnas a partir del 26 de junio. Me parece -y no soy gafe- que el porvenir va a pintar bastos. En tres meses seguidos, España desaparece al mar o a la montaña, aunque no haya un euro. Esperemos las broncas de octubre, cuando todos nos demos cuenta -de un signo o de otro- de qué está pasando de verdad en este país.

Ya no habrá romerías, ni procesiones de santos, ni fiestas pueblerinas, ni ferias de tapas y convites. Sólo nos enfrentaremos con nuestra propia realidad: la de un país que canta como la cigarra y nunca labora y piensa como la hormiga.