Jamás quería escribir este artículo. Estas imágenes me parecían del ayer, de cuando Europa estaba arrasada por culpa de las guerras y del genocidio de Hitler, y de cuando en España era muy difícil de vivir en una contienda entre hermanos y en una posguerra tan injusta como innecesaria y, evidentemente, peor para los que habían combatido -por creencia o mala suerte- en el bando republicano-. Parecía que se habían curado las heridas desde todos los frentes que la política levanta y aviva a su antojo. No nos bastó y sobró con el gran holocausto que propició un dictador germánico, ni con los asesinatos de otro llamado Mussolini, ni con los crímenes en cunetas y tapias de cementerios locales que ordenó a la Falange "nuestro" Francisco Franco, a quien todavía muchos nostálgicos echan de menos.
Son ahora otros los gobiernos de esta Europa reunida, y casi todos dicen llamarse democráticos cuando son los mismos lobos con las mismas pieles de cordero. Nos engañan como quieren; nos hacen esclavos a sus antojos monetarios; nos asesinan y apartan cuando les da la gana. Los ricos cada día más ricos, y los pobres, como siempre, cada día más pobres. Pero, encima, para mayor escarnio, nos venden que estamos en una Europa en continuo avance, en una progresión social sin precedentes, en una unión totalmente libre y moderna. ¡Viva Europa!
Si cuando en la posguerra los españoles con dos dedos de frente sentíamos vergüenza de ser español, ahora -si los mismos dedos actúan de baremo-, sentimos una revolución interior y un vómito constante, una fatiga inmensa, hasta una especie de odio hacia nuestros políticos comunitarios, por este segundo holocausto en el que todos nuestros gobernantes de los países que conforman esta mal historia del siglo XXI tienen las manos llenas de sangre.
¡Viva Europa!