sábado, 2 de noviembre de 2013

DESDE MI TORRE: ¿DÍA DE LOS DIFUNTOS?


¿A quién se le ocurrió programar este día y dedicarlo a todos los difuntos, como si nuestros muertos, una vez idos de la vida terrena, se perdieran también de la memoria? En estas cosas, como en otras tantas y tan descabelladas, la Iglesia anda de por medio. Dicen que la idea partió de un benedictino llamado Odilón, allá por el 998, y que el espíritu era el de orar por aquellos que acabaron sus vidas y, muy especialmente, por los que se encontraban en estado de purificación en el Purgatorio. ¿Purgatorio? ¿De verdad que desde el Papa hasta el más humilde de los sacerdotes pueden demostrarme que existe algo así, que parece sacado de una película de horror fantasioso? ¿Después de olvidarse Dios de tantos miles de millones de humanos como han pasado por este valle de lágrimas, aún nos asusta con una purga? ¿De qué y por qué tenemos que arrepentirnos aún después de nuestro último aliento? ¿No podemos tener una Iglesia de la bondad y la esperanza? ¿Por qué nos atemoriza con un purgatorio y con un infierno? Me encantaría que algunos de sus miembros me convenciesen desde el rigor científico y no con las palabras vanas y de la misma tonalidad que les escuchamos. ¡Qué sombría iglesia tenemos que soportar cuando la palabra de Cristo fue clara y contundente! ¡Limbo -ya lo han quitado porque era una gilipollez-, Purgatorio e Infierno, o Cielo...! Ni los niños de esta nueva generación se creen eso, ni a los que, desgraciadamente, nos educaron en ese mensaje maléfico. ¡Cuantísimo daño ha hecho a la propia Iglesia el mensaje tergiversado de Cristo! ¿Dónde la bondad, entonces, de aquel que se entregó por todos nosotros?

¡El Día de los Difuntos...! Como si aquellos que hemos perdido media parte de nuestras vidas sólo estemos propuestos a recordar a nuestros amados y perdidos seres queridos cuando llega ese día en el calendario. Todos mis días, y el de mucha gente, son días de difuntos, porque nos vienen sus palabras, sus risas, sus apoyos y consejos en cada segundo de nuestras tristes vidas. Con ellos también nos fuimos nosotros en gran  parte. Y es día de difuntos siempre: en las manillas del reloj, en los quicios y esquinas de las calles, en la paz de los parques, en los besos a nuestros hijos y nietos, en los viajes en soledad, en la cama fría, en la cocina sin vapores, en los armarios desalojados por alguien para que el recuerdo no te martirice a cada instante. Es día de difuntos desde el alba hasta la hora triste del Poniente. Día de difuntos cuando no tienes una mano a la que asir y transmitir tus penas o alegrías. Día de difuntos cuando Dios te obliga a levantarte, aunque hubieses preferido quedar preso para siempre en las redes de un sueño. No, hoy no es el Día de Los Difuntos, cuando la gente visita los cementerios, limpian las lápidas y dejan sobre ellas un ramo de flores. Para aquellos que hemos amado más allá de las conveniencias sociales y de códigos que se mantienen por costumbres heredadas, siempre es 2 de Noviembre, y siempre hay unas flores ante una foto amada de un momento feliz, y una oración constante, y una lágrima tonta que no podemos reprimir, y un suspiro que vuela, y un silencio que duele...

Mi día de difuntos se abre a la amanecida, cuando busco su cuerpo y no está junto al mío, cuando digo su nombre y nadie me responde...

(Día de Difuntos del 2012)

6 comentarios:

  1. Palabras, primero justas y enrabiadas, después emotivas... muy emotivas, Emilio.

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  2. Para mí, no hace falta el calendario para recordar a mis difuntos, lo hago todos los días, eso sí, lo que puede variar es la hora, yo tengo la convicción que nadie muere del todo mientras su recuerdo y espíritu esté dentro de nosotros.

    ¡Cómo te comprendo, Emilio!

    Un abrazo.

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  3. Precioso hermano. Y si.... así es. Un abrazo.

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  4. A todos vosotros, muchas gracias por vuestros comentarios. Este año me he ido por ahí y me he quitado de en medio para olvidar. Con mis hijos y nietos, me he renovado en la esperanza.

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  5. Me lo he pasado genial por la sierra de Huelva.

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