domingo, 13 de octubre de 2013

DESDE MI TORRE: ONCE AÑOS


Fue ese día del pasado año, uno de los más felices de mi vida. Mi nieto Daniel, el mayor de una dinastía que ya cuenta con cinco miembros nuevos, era feliz, muy feliz, y no digamos nada de su abuelo, al que se le caía la baba recordando el mismo día de su felicidad ante el altar de la Virgen de la O, los pocos regalos -no como ahora-, y los pastelillos con el chocolate que nos había preparado mi abuela Emilia en el domicilio de la calle Pureza 35.

Nos separaban muchos años, pero nos unían las mismas ilusiones. Él tiene toda una vida por delante, y yo, su abuelo, más pasado que futuro. La vida es así. El milagro es que nos perpetuamos en la vida de los otros y que siempre tenemos la esperanza de que sus tiempos sean mejores de los que a mi generación les tocó vivir, aunque me preocupa, y mucho, de que lo que deseo pueda hacerse realidad en un mundo tan triste y desolador como este.

Hoy, mi niño cumple once años en otro estado de la vida, junto a sus padres y su hermana, mi querida nieta Sara. Parece que fue ayer cuando, desde que me enteré del embarazo de mi nuera, mi alma se llenó de plena felicidad.

Mi primer nieto me trajo mucha ilusión y no poca inspiración. Tocaba el vientre de su madre palpando el tesoro que vino a descubrirse un 13 de octubre. Viajaba en el AVE y escribía sobre las páginas de un periódico algo dedicado a él, emborronaba cuadernos, cuartillas sueltas, servilletas... Faltaban aún muchos meses para su nacimiento cuando en un viaje de Madrid a Córdoba le escribí estos versos el 5 de marzo del 2002, versos sin pretensiones que, hermosamente enmarcados por su madre, palpitan en su habitación, y que, casualmente, he encontrado en un cajón de mi estudio.


Aún no has nacido
y ya estás en mi verbo,
derramado en mis labios,
robándome los besos
que doy al aire mismo
para estrenar mi aliento.

Aún no has nacido.
Sólo eres un mínimo centro
que se cuajó en el vientre de una madre
que te dio alojamiento
cuando el amor más bello de la vida
quiso en ella hacer crecer tu almendro.

Apenas si eres anda
y ya te has convertido en mi universo,
en la lenta esperanza de los días
y en el motivo principal del sueño
que fantaseo, soñándote que corres,
como ahora corres, nieto, por mis versos.

Aún no has nacido
y ya entrenan mis manos
formas de seda para abrazar tu cuerpo,
y mi cara se pliega en carantoñas
para hacerte reír, y ahora, mi niño,
se ríe de mi la luna del espejo.


Que seas muy feliz, mi rey, y que la vida siempre te sonría. Que nadie venga a amargarte el aire que respiras.

2 comentarios:

  1. Imborables y maravillosas vivencias, que las disfrutes con la misma intensidad por muchos años más, tus hijos y nietos merecen tener muy prolongado en el tiempo el ejemplo de humanidad, y talla profesional de su quintiyayo, Emilio.

    Esto me ha llegado a la médula, ya tengo los ojillos llenos de agua, !Emocionante!

    A mí aún me falta para vivir esa experiencia, pero desde la esperanza, espero lograrlo también

    Enhorabuena a toda la familia.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Mari Carmen, estos renacuajos son los que me dan vida diariamente.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar