sábado, 13 de julio de 2013

DESDE MI TORRE: JOSÉ BRETÓN


Desde la primera noticia de la desaparición de los niños Ruth y José, desde el mismo momento que saltó la noticia por los linderos de esta Córdoba sin apenas noticias desagradables, este blog soltó la alarma que se había producido por ver si de alguna manera podíamos colaborar para que Ruth y José, desaparecidos, según su padre, cuando estaban con él en el cercano parque a casa, llamado de "Cruz Conde", frente a frente a la "Ciudad de los Niños", aparecieran. Son muchos los artículos que se pueden consultar en estas páginas sobre el caso, hasta el último, de hace sólo unos días -18 de junio- en el que hablaba del otro juicio mediático, que debería estar prohibido por ley, que se hacía a un "presunto" criminal.

Todos, antes de que el Jurado haya meditado tanto para dar una declaración de las más claras que pueden darse en el mundo de la Justicia, sabíamos, o sospechábamos, que José Bretón era el asesino de sus hijos de seis y dos años. ¿Qué puede pasar por la mente de un hombre para cometer semejante atrocidad? Ayer, al mediodía, a la una en punto de la tarde, cuando se había anunciado el veredicto del Jurado, nadie echaba cuenta al refresco o la cerveza, y todos estábamos pendientes de la pantalla del televisor para informarnos por cualquier cadena del resultado del juicio. Como se esperaba, José Bretón era culpable de dos horribles asesinatos. Sus pupilas no se movían. No pestañeaba. Estaba tan frío como cuando mentía a policía, jueces y peritos en las diversas visitas al parque y a la finca paterna de "Las Quemadillas". En el bar donde me encontraba, volví a la Edad Media: -¡Asesino, asesino, a matarlo y quemarlo como hizo él con sus hijos...!

A mí me dio pena, pena del rencor de un pueblo contra un loco, porque aunque digan lo contrario los médicos que saben de esto, nadie puede estar en su cordura para cometer este hecho horripilante. Me dio pena de un pueblo que exige la pena de muerte para quien, de una forma u otra, ya la lleva dentro de su cuerpo para toda la vida. Casi me echo a llorar cuando volví a recordar las imágenes de Ruth y de José, las lágrimas de su madre, pensando en el calvario auténtico que esta joven mujer habrá pasado no queriendo pensar en tan tétrico final. Pero también me dio pena de él cuando pensaba en qué inhumano "bichito" le atacó su mente para cometer este crimen sin calificaciones.

La turba condena antes que un Jurado, sin más valoraciones y con el vocerío que levantaba los asistentes a una ejecución pública de la Inquisición. Y es que España, por desgracia, suele ser inquisidora. La valoración del Jurado popular ha sido impecable. Un diez. Así como la de los encargados de la investigación, salvo la de la perito policial que ha estado a la altura de las babuchas. José Bretón ha sido declarado culpable, puede llevarse cuarenta años en la cárcel, aunque con eso no pague los dos crímenes que dejó por el camino de su vida. Pero de ahí a quererlo ver en una fosa pública ardiendo, va un abismo: el mismo que separa la Justicia de la revancha.

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