A partir de hoy, aunque prácticamente desde la dimisión inesperada de Benedicto XVI, todo el mundo, y no sólo el cristiano, apostólico y romano, está pendiente de lo que pase en las estancias íntimas del Vaticano. A nadie, incluso de otras religiones, le es ajeno el significado de esta elección, y no porque el futuro sucesor de Pedro vaya a mejorar o empeorar nuestras vidas -peor, imposible-, sino porque en definitiva se elige a un Presidente de Estado. Desde que nací, con la mirada inquisitiva de Pío XII en una fotografía que mi padre tenía en su escritorio, muchos pontífices han pasado por los calendarios de mi edad; y, aunque me da igual quien salga -que nadie quiere salir como Papa porque se vive lujosamente oficiando de Cardenal-, le tuve cierta simpatía al Papa Roncalli -que se autombró como Juan XXIII- y a Albino Luciani, que duró un suspiro por culpa -dicen- de las intrigas vaticanas y por querer arreglar aquello de la Banca Ambrosiana.
Espero, porque soy cristiano de base, que el llamado Espíritu Santo -que nadie sabe qué es- ilumine a la gran congregación cardenalicia, y que el nuevo Papa elegido sepa adaptarse al siglo XXI en el que vivimos, que deje de condenarnos eternamente al infierno por nuestros pobres y menudos pecados, que haga reflexión sobre la familia, sobre el empleo de los anticonceptivos, sobre la libre elección de pareja y, muy fundamentalmente, sobre la libertad de pensamiento y religión.
El ejemplo de Cristo debe prevalecer sobre todas las pompas de un gobierno pontificio que, por desgracia, tiene un currículum pringado de manchas a la largo de su dilatada historia. No basta con pedir perdón por tantas y tantas cosas mal hechas. No basta con decir que no existe el "limbo" con el que nos asustaban, ni pedir perdón tardío por la mal llamada santa y bien denominada "inquisición", ni hacer una leve reflexión de culpabilidad por la creciente homosexualidad eclesiástica. Ya es hora de ponerse las pilas de la actualidad y arreglar, con mano experta y amable, los muchos problemas que la Iglesia tiene en su seno. Cristo era bondadoso y predicaba con el ejemplo. Es necesario que venga un sucesor de Cristo que no nos amenace, sino que nos infunda, pero de verdad, esa esperanza en todo, y en todos, que tanto necesitamos. Esperemos que la célebre fumata blanca nos pronuncie que ha llegado un Papa que va a hacer posible que nos vuelva la sonrisa a los labios y la fe a los corazones.
Y yo me pregunto. ¿ Es necesario un Papa ?
ResponderEliminarEn estos momentos en que hay sede vacante, el mundo no se para, sigue su curso y no pasa nada. A la vista está que que ha dimitido o renunciado y hemos comprobado que las riendas del Vaticano las llevaban la todopoderosa Curia romana.
Recomiendo la lectura del libro " En nombre de Dios " de David Yallop, publicado por la editorial Planeta.
Muy bueno el artículo Emilio.
Pues parece que sí, que es totalmente necesario porque si no fuese así la Curia se desmandaría.
ResponderEliminarYo también recomiendo el libro que citas. ¿Sabes que el Vaticano quiso retirarlo del mercado? Somos pocos los que tenemos la suerte de tenerlo.
La Curia que se ponga a trabajar para erradicar el hambre del tercer mundo.
EliminarEn cuanto al libro,editado en 1984, ya sabía que lo quisieron censurar, pero llegaron tarde para, como tú bien dices, los afortunados que pudieron conseguirlo.
Después de muchos años agotado volvieron a reeditarlo en 2008 y hoy día está al alcance de todos aquellos que tengan ganas de saber todo lo que hay detrás de esos fantoches de color púrpura.
Yo tuve la suerte de hacerme con uno de la primera edición. Cuando lees un tema como ese, escrito por uno de los mejores periodistas de investigación del mundo, se te pone la carne de gallina, como suele decirse.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo. Tambié leí en su tiempo la primera edición, aunque la que conservo es la segunda.
EliminarTengo pendiente de leer otro libro de ese gran periodista,
" El poder y la gloria " y como subtítulo,<< la historia oculta del papado de Juan Pablo Segundo.
!! Vaya prenda de papa !!