martes, 12 de febrero de 2013

DESDE MI TORRE: LA DIMISIÓN DEL PAPA BENEDICTO XVI


Escuchando la radio ayer por la mañana, sobre las once saltó la noticia de la dimisión personal del Papa Benedicto XVI, también conocido como Papa Ratzinger. El anuncio, pues, se convirtió en la noticia del día en pocos segundos por parte de los millones de católicos expandidos por el mundo, y por aquellos que ni les viene ni les va lo que pasa dentro de las fronteras vaticanas. Ya, en todos los medios, se está elucubrando por qué lo la hecho, quién le sucederá, cómo se llevará a cabo el nuevo cónclave y qué porvenir le llega a la Iglesia.

Si difícil es saber cómo se manejan los hilos de la política internacional, y hasta los de nuestro propio país, donde cada uno va por su lado, es totalmente imposible conocer nunca la verdad de esta dimisión tan súbita como insospechada, que no se producía desde hace 600 años más o menos. Si la política es oscura, a nadie escapa, ni a los católicos, apostólicos y "romanos" más fervientes, que la Iglesia, y aún más dentro de esos muros inexpugnables, es totalmente opaca, negra y oscurantista, como todas las iglesias que conforman los diversos credos de este mundo. Yo me considero cristiano y, aún no dándole la razón a los físicos, creyente de un Dios generador del Universo, porque tanta exactitud en las diversas clases de reinos animales, vegetales, etc., no creo que haya nacido de una explosión así como así. Cualquier estudiante de estas materias sé que tumbaría mi tesis en un segundo, aunque jamás la fe que tengo en la perfección de las cosas, obra solamente atribuible a un Ser especial, al que hemos dado en llamar Dios.

Pero de Dios a su representante hay un largo trecho que todavía no han sabido desliar los más famosos filósofos y teólogos a lo largo de tan larga historia. No tengo yo aquella inmensa alegría de un seminarista de pueblo que cuando murió Pío XII se puso a saltar y saltar, preguntándole el padre por aquella desmedida alegría, a lo que él contestó que había muerto el Papa. Cuando su padre le dijo que a él que más le daba,  su hijo seminarista le contestó ufano: -¡Papá el escalafón es el escalafón...!

No sé quién seguirá a este controvertido Papa alemán, tan en contra de los divorcios y de las parejas homosexuales -cuando la Iglesia tiene que callar mucho en estos aspectos-; autor de tres encíclicas que jamás se llevarán a cabo: "Deus caritas est" (2006), "Spe salvi" (2007) y "Caritas in veritate" (2009); visitador de España en tres ocasiones: Valencia (2006), Santiago de Compostela y Barcelona (2010) y Madrid en agosto de 2011. Tampoco es que me importe mucho, porque nací bajo la imagen de Pío XII, y conocí a cinco más: Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I -que duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio-, al que se cargaron claramente de un chute desmedido al querer averiguar las cuentas de la banca vaticana; Juan Pablo II, que va camino de los altares, e ignoro por qué, y este Benedicto XVI que, al menos, ha tenido el honor de dimitir cuando en este mundo nadie dimite de su Poder aún estando casi muerto, como le pasa al Presidente de Venezuela (?) Hugo Chávez, o a nuestro Presidente, que aún ahogado sigue aferrándose a un flotador pinchado.

Es la noticia del día, aunque a mí ni me va ni me viene. Sólo soy un cristiano de a pie y un creyente de alguien que entre magia e ilusión nos dejó este mundo que sólo hemos sabido estropear los hombres. Soy un auténtico ignorante de las leyes vaticanas de sucesión, del cónclave que viene, de quinielas cardenalicias, de todo lo que sea o signifique la burocracia de la fe. Para mí, la Iglesia de Cristo debería ser otra cosa, utópicas si se quiere, pero no tan lejana de la realidad que vivimos. Si algún día la Iglesia se descubriese en toda su inmensidad, posiblemente sólo creyésemos en nuestros padres, y con reservas. Tal vez, sin esperanza alguna, sólo creeríamos en nosotros mismos.

Nuestro adiós a Benedicto XVI. Nuestra bienvenida a un Papa más aperturista, más abierto a los problemas de nuestros días, más verdadero con la Caridad -que nadie vive de palabras-, menos Jefe de Estado y más Cristo vivo. Me da pena mi Iglesia, aunque confío en que pueda mejorarse para mejorarnos.

Quizás venga muy bien a mi comentario aquella antigua letra por Soleá:

A mí se me importa poco
que un pájaro en la alamea
se pase de un árbo a otro.


3 comentarios:

  1. Querido Emilio, el olor del guiso de "papas" con carne me ha traído hasta tu Torre. Me sorprende como esta institución anacrónica - ni en la Edad Media tenía sentido- siga siendo noticia en una sociedad moderna como la nuestra con problemas gravísimos relacionados con la falta de papas en muchas famílias. Si todo el mundo supiera lo que nos supone a los españoles mantener a esta institución, que ni siquiera respeta a la propia Constitución, a buen seguro que otro gallo les cantaría. Además del famoso concordato- a falta de verificar exactamente, mas de 6000 millones de euros anuales- habría que sumar lo que se llevan de la casilla de la declaración de la renta.
    En definitiva, Emilio, por mi que le vayan dando al Papa y a toda la curia pontificia. A ver cuándo nos gobierna alguien coherente que elimine el Concordato y nos traiga papas, pero papas con carne.

    ResponderEliminar
  2. Ya he dicho, José Luis, que me siento cristiano y creyente de alguien superior que ha concebido este Universo a la perfección. Los desastres los hemos hecho los hombres.
    Ahora bien, eso de católico, apostólico y romano, que se le cuenten a otros. Y al menos, este Papa ha tenido la dignidad de dimitir. ¿No puede copiar Rajoy el ejemplo?

    ResponderEliminar
  3. Hombre, Emilio, lo de ser bético se puede entender pero lo de romano tiene bemoles.

    ¿Dimitir Rajoy? Ja, ja, ja, perdona pero me entra la risa floja....Y la Ministra de Sanidad, que con ese apellido debería tener prohibido liderar un ministerio de salud, ¿para cuándo se irá?

    ResponderEliminar