domingo, 23 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: EN TRIANA SÍ PASSSA ALGO


EN TRIANA SÍ PASSSA ALGO


Con razón dicen que Triana es diferente. Triana es otra cosa. Ayer se demostró. En la Sevilla que calla, en la Sevilla que otorga, en la Sevilla cobardona del silencio y del aquí me las den todas, en la Sevilla del «¿para qué se mete usted en eso, si total...?», Triana se echó a la calle. Movilizada por una asociación vecinal con nombre de copla: Plataforma Trianera. A ese octosílabo redondo de «Plataforma Trianera» le enganchas unos cuantos versos detrás, como la jardinera del tranvía cuando pasaba por la calle San Jacinto camino de Coria, y te sale un pasodoble tan rotundo que tiene que venir a cantarlo una de las niñas del «Se llama copla». Y si lo dudan, vean y escuchen, con la música que cada uno le ponga por dentro, pues los versos la llevan puesta: 

«Plataforma Trianera,/mira qué pena,/ ay, qué tormento./Plataforma Trianera,/me desespera/el Ayuntamiento./A la calle San Jacinto,/ay, se la quieren cargar,/convertirla en laberinto/de zona peatonal./Triana de los corrales,/Triana de la Velá,/vas a decir lo que vales/a quien te quiere matar./ Y Triana se levanta/de la Cava al Altozano,/y dicen diez mil gargantas/del arrabal soberano.../ Dicen que es mucha Triana,/mucha fragua y mucho cante/para que no se levante,/al revés que el sevillano./ El que al otro lao del río/va y se conforma con tó,/y lo saben estos tíos/que buscan su destrucción./Que a Sevilla los ciclistas/ me la hicieron de carril/lo saben los socialistas,/lo sabe Monteseirín,/ que se aguanta con las setas,/setas de la Encarnación,/y no manda a hacer puñetas/como Triana mandó/la bimba y la bicicleta/, la bicicleta y la bimba,/y al tío de la Cachimba,/la madre que lo parió». 

Vamos, que tú cantas esto en «Se llama copla» y María Jiménez e Hilario te pasan a la final. En esa final de la ciudadanía levantada, de la voz de la sociedad civil que dicen que no existe en Sevilla, pongo yo ahora a Triana. Y añado una acepción al verbo «trianear» que acuñó el capataz Vizcaya junto a ese Cristo de las Penas que hasta sentao anda sobrao de compás. «Trianear: no callarse como hace el resto de los sevillanos y protestar porque quieran hacer peatonal la calle San Jacinto sin tener en cuenta lo que piensan sus sufridores vecinos y comerciantes, así como los trianeros que por allí tienen el camino más corto para ir a Sevilla». 

Me preguntaba una vez que dónde empieza Triana y dónde acaban Los Remedios. No es por donde están la cocina gitana de Valapié, las bocas de la Isla de Mariscos Emilio y la estatua de Rodrigo de Triana, me parece que todavía con el dedo roto, el dedo que precisamente apuntaba a América. Triana empieza donde acaba la resignación tragona y cobardona de Los Remedios. 

—¿Con Los Remedios se va a meter usted ahora, con la cantidad de lectores que tiene allí? 

Con Los Remedios me meto, tras la protesta trianera. ¿Usted tiene noticia de que en Los Remedios, aunque esté agonizando, aunque le hayan hecho la jangá máxima de la calle Asunción, se haya levantado alguien, se hayan echado a la calle en manifestación? Cuatro carteles locos en siete balcones de la calle Asunción y cuatro comerciantes con valentía y vergüenza es lo que hubo, y pare usted de contar. El trabajito que les costó a los pocos que protestaban que la gente firmara en los pliegos... Y con la calle Asunción, claro, hicieron lo que quisieron. Ante el silencio del propio PP, que, claro, no va a protestar en nombre de sus votantes de Los Remedios, porque les van a decir que nada más que se ocupan de los barrios pijos, ellos sólo se ocupan de los bancos que faltan en Bellavista. 

Y, en cambio, ahí tienen a Triana en pie, excepción que confirma la regla. En Sevilla, ya se sabe: No Passsa Nada, y así nos va. Menos mal que en Triana Sí Passsa Algo.


(Diario ABC de Sevilla. 20 de octubre de 2009)


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