sábado, 8 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: PURÍSIMA (MODELO PARA ARMAR)


PURÍSIMA (MODELO PARA ARMAR)

Póngase un azul celeste de cielo, no de primavera cegadora de luz, no de invierno de alhucema y camilla, sino justo de este andante maestoso final del tempo de Adviento.

Póngase un seise de la misma color de ese cielo, con palillos que repiquen a lo divino boleras por rigodón de Corte, de San Telmo mismo, con una breve orquesta de cámara, en una tarde antigua del coro de la Catedral, delante del verdadero altar mayor, y no del efímero del Jubileo, que es como si oficiaran los pontificales en el córner metropolitano y patriarcal.

Póngase sobre ese altar efímero, hogaño definitivo, como haciendo pareja a ambos lados del crucero con el reloj que da la hora exacta de las cinco y media para el paseíllo de las cuadrillas de los seises, el cuadro de Alfonso Grosso, procurando que la cara de la Virgen sea talmente La Que Es, La Que Está junto al otro Arco, deseandito dejar su trono y coger escaleras abajo del besamanos del día 8+10.

Póngase en el mejor cahíz de tierra el monumento de la Plaza del Triunfo, con su cuarto y mitad de Miguel Cid, su Martínez Montañés, sus tunas y su botellona a lo divino de las vísperas; al fin y al cabo, «Tota pulchra es» suena a goliardesca canción de estudiantes. Gaudeamus.

Póngase a Murillo, por darle un apellido al purísimo azul celeste Inmaculada de Sevilla. Sí, de Sevilla. En Roma los bomberos de la Ciudad Eterna andan pidiendo escaleras para subirle un ramo de flores en el monumento que está junto a la Embajada de España, pero no es lo mismo. En Sevilla es el propio Murillo, en persona, el que sin necesidad de escalera alguna baja cada 8 de diciembre de los cielos que perdimos para pintar del exacto color de la Pureza en la mejor Sevilla soñada.

Póngase en Triana de nombre la dicha Pureza a la calle Larga, para que así lleve el de la Esperanza marinera, y puedan todos comprobar que las aguas del río se vuelven de la color de la túnica de los nazarenos de La Estrella en honor de la Inmaculada.

Póngase en la memoria sonora de Soria 9 a la Patrona de la fiel Infantería, con el recuerdo de los Tercios de Flandes, para que se haga de nuevo, con letra de himno, «el esplendor de gloria de otros días».

Póngase una madrugada, una calle Francos, un silencio de esparto y ruán, y un nazareno con una espada desnuda para defender el Dogma y otro con la luz de la fe para creerlo, junto a una bandera de la misma citada color celeste, que tendrán la verdad de los primitivos defensores de la Purísima.

Póngase una Calle Real de Castilleja de la Cuesta, y píntense de celeste las rejas, los balcones, los zócalos, los zaguanes, los corazones, las sevillanas de los Hermanos Reyes, la parada de las carretas de Triana, los chorreones del capote de Diego de los Reyes y hasta las tortas de aceite.

Póngase a Molina, que no quería, y a los frailes de Regina, que tampoco, y que traguen, pues todo el mundo en general a voces, Reina escogida, diga que habéis sido concebida por Sevilla con los mil nombres que a la Virgen se le da en su tierra, todos los cuales se encierran en uno: Purísima.

Póngase un cordón celeste y blanco a la medalla de la asociación de la Virgen de los Reyes, a la del Congreso Mariano de 1929 con la Virgen de la Antigua, y sabrán aun más de estos mil nombres que Sevilla le pone a la Purísima.

Póngase un latín, Sine Labe Concepta, y les saldrá el Sinelabe de Gómez Millán en Las Cigarreras, y si lo traducen al castellano, sin pecado concebida, les saldrá el Simpecado azul de Rodríguez Ojeda en el Gran Poder.

Póngase finalmente en el Alfolí de la Sal, dando vista al Arenal, un Postigo en forma de Arco triunfal de la Virgen, para que pasen sus palios de vuelta a Triana; y junto a su piedra, y a su pie, la mínima y máxima verdad de este tiempo en Sevilla: la Pura y Limpia.


(Diario ABC de Sevilla. 8 de diciembre de 2005)


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