sábado, 15 de septiembre de 2012

DESDE MI TORRE: UN HERMOSO VIAJE


Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, como normalmente se dice, que es la oportunidad de hacer algo al hilo de..., pues aprovechando la amistad que nos une desde el mismo corral trianero de nacencia, acepté la amable y desinteresada invitación de mi paisano de arrabal, José Luis Jiménez Buzón, para viajar con él a la hermosa localidad portuguesa de Averiro, a Oporto y a Lisboa. Conocía muy bien todo el Algarve portugués, Lisboa y algunas localidades de cierta fama, pero jamás había visitado Oporto, de la que me habían hablado muy bien, ni la ría de Aveiro, una auténtica joya. Él iba por motivos de trabajo: inaugurar una gran tienda de zapatos en un macrocentro comercial situado a pocos kilómetros de la localidad costera, llamada la Venecia portuguesa por sus grandes canales y sus hermosos puentes. Yo, la verdad, no tenía muchas ganas de ir, no tengo el cuerpo para viajes, pero también pensé que sería una oportunidad de oro para salir de casa aunque fuesen tres días. No ha cambiado mi estado de ánimo, pero sí ha disfrutado mi vista con tan hermosos paisajes y, a la vez, me he sentido tristísimo por los grandes problemas que (gracias a la tan cacareada globalización) está sufriendo el país hermano, totalmente arruinado, decadente, sumido en la más grave de las miserias: que es la del propio ánimo de sus habitantes. Pudiera parecer que el fado se inventara anteayer, cuando el primer rescate (robo) de esta población tan querida, al menos para mí.

Como José Luis estaba liado con la entrega de la obra, tuve todo el tiempo del mundo para conocer y reconocer a Aveiro: llena de grandes canales, singular y hospitalaria. Y allí que me subí en una de sus grandes góndolas y paseé por toda la ciudad, conmoviéndome con su hermosura y con la pobreza sostenida de su buena gente. Más o menos como nos pasará a todos los españoles (menos a los ricos) dentro de muy poco. Mendigos pidiendo por doquier: no son rumanos, no son subsaharianos, no son gitanos húngaros, son de la propia Aveiro, gente que se ha quedado sin trabajo, que ha perdido su vivienda, que no sabe cómo comer...


Pero Aveiro hay que conocerla, aunque sea por unas horas como yo la he conocido: esa mujer bella que se te aparece de pronto, te enamoras, y, desgraciadamente, le das un leve beso porque tienes que marcharte...

Estaba deseando conocer Oporto (Porto) desde hace varios años. ¡Que maravilla de ciudad en la que habitan los contrastes! ¡Qué enormes edificaciones para que estuviesen habitadas, y qué hermosos monumentos para que el dinero que han robado a este país hubiese servido para su rehabilitación! Manzanas y manzanas sin un solo vecino, casas preciosas que se caen, negocios que cierran, tristeza en las miradas de la gente, amabilidad hasta casi el servilismo..., queridos blogueros: ésta es la tan cacareada globalización, por la que han desaparecido los sitios más íntimos e identificativos de las ciudades. No busquen la taberna de la calle tal, ni el comercio que tenía doscientos años de vida, ni la garrafería que tanto les gustó hace sólo diez años, ni la tabaquería que le recomendaron sus amigos: se encontrarán a Zara, con media calle comprada, con Mango, con Benetton, con Macdonald's, Springfield, Bershka, Toysrus..., como en Córdoba, Sevilla, Madrid, Barcelona, París, Nueva York, Londres, o en cualquier ciudad de más de cien mil habitantes. Las ciudades han perdido sus atractivos generados por las personas que las habitan. Si a Oporto le quitas el Duero, sus magníficas iglesias, su coquetísima librería Lello, sus maravillosos puentes, su "ribeira" de grandes impactos, y, lo más principal, a su gente, Oporto sólo sería una ciudad más, en cuanto al comercio, de tantas como nos encontramos por el mundo.

Y lo mismo: manzanas y manzanas de edificios sin habitantes y deteriorados en pleno centro de la ciudad. No hay ni un solo duro para arreglar algo. Los tiburones del poder de las finanzas de la macroeconomía, esperan su carnaza. La imagen que pongo a continuación, en pleno centro, da fe de lo que digo.


Hermosa, aunque decadente, la estación de trenes, con unos gigantescos paños cerámicos geniales y un sabor que nos remonta a muchos años atrás. Allí me encontré con la algarabía variopinta de nuestra antigua estación de Plaza de Armas, con el sabor añejo de otros tiempos...


En la ribera del Duero, me quedé maravillado con sus puentes, auténticas obras de ingeniería, como éste, el llamado Luis I, quizás el más impactante, realizado por el discípulo de Eiffel, Teófilo Syring. Inaugurado el año 1886, con 390 de longitud del tablero superior que une Oporto con Vila Nova de Gaia. No sé cuántas fotografías le saqué, pero me quedé embobado y no paré hasta llegar a mirarlo desde arriba.



Es una constante en las calles de estas ciudades portuguesas la ropa tendida cara a la calle, debido, sin duda, a que las viviendas no gozan de azoteas para tender la ropa. Colorista para la cámara, éstas imágenes se suceden con muchísima frecuencia hasta en las calles más céntricas.


Y tras mi primera y emocionada visita a Oporto, al día siguiente nos marchamos para Lisboa, ciudad que ya conocía, en la que me llevé la impresión de estar más degrada que nunca. Hay manzanas y manzanas completas en pleno centro, calle del Comercio o Rua Augusta, totalmente abandonadas, cerradas a cal y canto. ¡Es una pena! Se pueden seguir contemplando los clásicos y vetustos tranvías, como el de la ilustración, que luchan por abrirse paso con el moderno tranvía turístico y con los muchos autobuses de línea que ofrecen sus servicios. Sigue siendo Lisboa una ciudad antigua, pero, por desgracia, ya no es aquella ciudad señorial de la canción.


Sí mereció la pena ir a cenar al barrio de Alfama, la cuna del Fado, para escuchar a tan grandes intérpretes como Manuel Romao, un genio de este género musical portugués, y Filipa Tavares, amiga de José Luis, una hermosa mujer con una voz auténticamente prodigiosa.


Pasamos una cena deliciosa, disfrutando en directo de estos cantes que, como el Flamenco, llegan a arañarte si tienes predisposición para ello. El local era un sótano, con sólo la luz necesaria para envolverte, una sobria decoración, y el lema necesario para la entrada "Silencio que se vai cantar o Fado". ¡Lástima que el barrio de Alfama esté repleto de basuras por todas sus calles, de auténticas porquerías alfombrando esquinas, calles y rincones!

Lo dicho: un hermoso viaje a la carrera que ha merecido la pena, y por el que le doy las gracias a mi amigo José Luis. Ni que decir tiene que hay que visitar Oporto otra vez, y que el que aún no la conozca debe hacer un proyecto de un fin de semana para dejarse emocionar.

Poco a poco, iré poniendo y comentando algunas de las fotografías de las casi trescientas que he sacado para vivirlas con ustedes.


6 comentarios:

  1. Bonito viaje, gracias por compartirlo con nosotros que no viajamos. Me imaginaban que estaban mal económicamente pero cuando lo cuentas se entiende mucho mejor...y probablemente también será el camino que vamos a seguir.

    Me alegro que te animaras a viajar.

    Gracias,
    Ia

    ResponderEliminar
  2. Aunque rápido, ha sido un viaje maravilloso. Oporto me ha deslumbrado por todo, por sus múltiples contrastes. Los portugueses lo están pasando mal, ciertamente mal, y se nota hablando con su gente.

    Yo me alegro de que te haya gustado el relato.
    Gracias, Ia.

    ResponderEliminar
  3. Manuel Hidalgo Ortega15 de septiembre de 2012, 14:15

    Interesante y excelentemente coordinada su visión y exposición del agradable viaje que ha realizado por la querida hermana Portugal, y lamentable la situación económica que ha contemplado, muy distinta, desgraciadamente, a la que tuve hace unos 15 años, pero las circunstancias son las que son y, hay que pedirle a Dios que cualquier vecino portugués que proximamente nos visite, no tenga que reflejar semejante visión de la que Vd.con tanta sencillez y claridad ha expuesto. Un saludo.

    ResponderEliminar
  4. Estimado amigo: siempre me ha cautivado Portugal, país al que siempre han querido enfrentarnos nuestros gobernantes siendo tan hermanos, tan del mismo sentir en los sentimientos, tan acordes en nuestros avatares políticos desgraciados: Salazar-Franco. Portugal dio una lección al mundo con aquella inolvidable "Revolución de los Claveles" del 25 de Abril de 1974. Cuando recibí la noticia, en las puertas del Maternal "Virgen del Rocío" de Sevilla, cuando estaba vigilante a mi hijo Pablo, nacido dos días antes, no tuve más remedio que echarme a llorar. Por fin acababa una dictadura y de una manera poética: un clavel en cada fusil de la policía, esa que había sido tan canalla como la franquista..., hasta entonces, hasta que el pueblo se rebeló. Hoy día, desgraciadamente, Portugal ya no puede aguantar más, no por la dictadura bravía, sino por la dictadura encubierta de los mercados, de las macroeconomías. España, si no salimos todos a la calle, sin ideologías, sino por justicia, se parecerá mucho a nuestro país hermano de aquí a algunos meses. ¡Qué manantial de saudades! ¡Qué grandes cabrones los que tanto tienen!

    ResponderEliminar
  5. Cuando el trabajo te pone en ciudades tan interesantes como las que hemos visitado hay que aprovechar el tiempo que queda libre para visitarlas y entrar en ellas hasta el corral. Y si además tenemos la suerte de disponer de amigos como tú, querido Emilio, el viaje resulta fantástico.
    Es verdad que la imagen que ofrece Portugal, incluso en las grandes ciudades turísticas, es lamentable. Llegamos a comentar que en unos pocos años más, si no lo remedia la precaria economía portuguesa, Oporto o incluso una parte de Lisboa tendrían un paisaje urbano como el de La Habana, con casi todo el caserío en ruinas, calles con grandes baches y sólo los establecimientos que viven del turismo estarán mantenidos.
    Y en nuestro pais, donde hay ayuntamientos que no tienen ni para pagar la luz y familias que no tienen ni para comprar los alimentos básicos ¿cuánto tiempo tardaremos en ver la misma imagen en las ciudades?
    Al llegar a Triana al menos pude comprobar que el Distrito, por fin, estaba arreglando la Casa de la Columnas. Algo es algo.

    ResponderEliminar
  6. Bien sabes cuánto te agradezco la oportunidad de este viaje maravilloso, y sobre todo por Oporto. Me ha dejado huellas profundas. Hasta casi la destrucción de bellos edificios, Oporto será una ciudad de encanto, pese a la pobreza a la que la han llevado los "globalizadores".
    Ya mismo, desgraciademnte, tal como comentamos en el largo viaje, España quedará de igual forma: con manzanas enteras de viviendas sin habitar, con negocios cerrados, con ropas al aire de les ventanas, con pobres nativos por las calles.
    Me alegro de que la Junta del Distrito, hiciera suya tu queda en Triana en la red sobre le estado deplorable de la Casa de las Columnas de nuestro barrio. Algo es algo. Ahora hay que insistir para que pongan el aire acondicionado en la biblioteca, que adoquinen la calle Pureza, que hagan más actos culturales, que salven al Mercado...

    Muchas gracias, con mi eterno abrazo.

    ResponderEliminar