viernes, 14 de septiembre de 2012

DESDE MI TORRE: TUS SESENTA Y CUATRO OTOÑOS...


Así eras cuando te conocí hace muchos años, cuando en ti estaba toda la Primavera de mi vida, la que no sólo llevabas como símbolo en tus manos, sino en tu sonrisa, en tus verdes ojos, en tu fineza y en tu gracia profunda. Así eras, aunque a mí siempre me quede en la memoria tu imagen final, aquella que desbarató el Destino, esos ojos vidriados que jamás olvidaré y que cada día, en cada recuerdo tuyo, se convierten en una puñalada profunda.

No sé cuántas miles de veces, desde aquel fatídico día de Octubre de 1995, cuando el doctor Barrena me enseñó una radiografía de tu pecho con una mancha blanca, diciéndome que tenías un cáncer, imploré a Dios para que te salvara; cuánto le lloré para pedirle que no pasara por mí ese cáliz amargo de verme sin ti, con tan solo 44 años y tres hijos jóvenes que no sabrían afrontar el trance. Pero ganamos la batalla, la operación fue un éxito y tú una valerosa mujer que supiste aferrarte a la vida, tan necesaria siempre para todos nosotros.

Saliste airosa, como la valiente que siempre fuiste, y gracias a tu entereza pudimos disfrutar diez años inolvidables. Todo parecía que se había olvidado, hasta que la mancha asesina nos encendió de nuevo la luz de alerta y tú, cada día, te ibas apagando como la lamparilla aceitera de una mariposa. Tu cara, tan hermosa y tan alegre siempre, se fue convirtiendo en un pavesa, tus arrugas se te multiplicaban, tus ojos se desteñían, tus manos, tan flacas, ya apenas si querían o podían apretarse con las mías, tu vida fue perdiendo hálito y vida, y yo, por mis desagües, me iba muriendo con tu pena aguantando mi sonrisa y envolviéndote de chistes, de chismes, de cosas, de esperanzas y embustes para que te sintieras una mijita feliz.

Pedí la jubilación anticipada para estar contigo, pero apenas si te tenía junto a mí. Te tenían los enfermeros, los hospitales, tu hija Myriam... Recuerdo aquel sesenta cumpleaños tuyo en el que aglutinamos a todos tus hijos y te dimos un homenaje lleno de sorpresas que nunca se nos olvidará...

Se me murió una hermana abrazada a mí cuando sólo tenía yo 5 años de edad; mi padre, lo más querido para mí, se lo llevó Dios a los 51 años, cuando estaba más granado para la vida. Dos golpes dolorosos de ausencias. Y cuando creo que tú vas a sobrepasarme para no dejarme solo, para que no me sienta inválido, como así me siento, coges y te marchas tras muchos años de dolor y varios días de agonía que jamás olvidaré, en los que nunca te faltó mi mano acariciando la tuya.

Dios te ha robado los veinte años de esa vida que yo necesitaba, que los dos necesitábamos para seguir amándonos, teniéndonos, gozándonos, peleándonos en trifulcas que siempre acababan en un abrazo prolongado, viendo crecer a nuestros hijos y a nuestros cuatro nietos...

Hoy, y bien lo sabes, hubiese habido fiesta grande en casa en tu honor, casa tan abierta siempre a los amigos de todas las latitudes. Pero tú, hoy, cuando ibas a cumplir tus hermosos 64 otoños, ya no estás conmigo, ya no estás, y sólo un ramo de rosas rojas custodia tu retrato queriendo -qué inocente- revivir la primavera que aquel día de esta preciosa fotografía tú me ofrecías en tus manos, en los arcos isabelinos de tus ojos, en tus labios perfectos y en lo más profundo de tu corazón.

¡Felicidades, niña, no sabes cuánto te quiero; aunque estés dónde estés sé que siempre te caen mis miles de lágrimas en las manos para que jamás se muera ese primer clavel que con tanta sonrisa hermosa me ofreciste! ¡Ojú, niña, qué terrible fatalidad de la que no me recupero...!

9 comentarios:

  1. Joder Emilio, me has hecho llorar con lo emotivo de tus palabras, mucho animo y fuerza. Un abrazo mu fuerte en este día tan señalado.

    Diego Cruz.

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  2. Yo ya llevo siete meses sin parar. Me dan ánimo todos mis amigos, pero apenas si logro recuperarme.
    Muchas gracias por tu apoyo.

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  3. Yo también me he hartado de llorar, querido hermano, por ti y por Loli, por mi y por Pedro. A ellos les he encendido una vela. Lo echo de menos y entiendo tu dolor, yo también lo siento. Y la ausencia y la casa vacía y su voz silenciada. Hoy quisiera consolarte pero no se cómo. Solo puedo decirte que te quiero y que espero que llegue un día en que podamos mirar de nuevo a la vida con esperanza e ilusión. Un fuerte abrazo.

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  4. Yo también me he hartado de llorar, querido hermano, por ti y por Loli, por mi y por Pedro. A ellos les he encendido una vela. Lo echo de menos y entiendo tu dolor, yo también lo siento. Y la ausencia y la casa vacía y su voz silenciada. Hoy quisiera consolarte pero no se cómo. Solo puedo decirte que te quiero y que espero que llegue un día en que podamos mirar de nuevo a la vida con esperanza e ilusión. Un fuerte abrazo.

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  5. El Destino quiso que siguiéramos los dos el mismo camino: a ti se te fue Pedro y a mi Loli en breve espacio de tiempo. El tiempo dice que lo cura todo. Espero que sea verdad de ver algún día la luz al final del túnel.

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  6. Manuel Hidalgo Ortega15 de septiembre de 2012, 21:03

    Estimado amigo: hace siete u ocho meses, no lo recuerdo exactamente, tuve el amargo placer de dirigirle unos párrafos, con los hojos humedecidos, de solidaridad con el profundo dolor derramado en su emotiva carta de amor al insustituible ser que hacía pocas fechas había perdido. Hoy, tampoco he podido evitar que mis ojos y mejillas volvieran a humedecerse y, como entonces,le deseo mucho ánimo y fortaleza para llevar tan pesada carga y le permita Dios ver esa luz que busca al final del túnel, y piense que todavia hay otros seres que le necesitan. Un abrazo.

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  7. Estimad Manolo: me alegro de que se suma a mis lágrimas amargas. Cuando algunos amigos míos dicen que van a separarse me entra un no sé qué. La mayoría de ellos lo hacen por cambiar de pareja, lo que me viene a indicar que nunca estuvieron enamorados de sus mujeres.Yo llevaba con la mía cuarenta años de casados y diez de noviazgo,totalmente enamorados. Cómo se me van a olvidar sus gestos, el madurar juntos, el resolver los problemas comunes...
    Me necesitan mis tres hijos y mis cuatro nietos. ¿Pero, en verdad me necesitan o temen que su padre caiga enfermo y tenga que ser una carga para ellos?
    A mí ya no me necesita nadie. Sólo me llaman para que les procure una invitación a una cena de gala,unas entradas para un espectáculo... ¡Cosas!

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  8. Estimado Emilio: ¿Sabes a quien no le afecta o le afecta muy poco tu emotiva carta?, al que no quiere o quiere muy poco a su mujer. Además de la nacencia en el mismo barrio, nos asimila el tiempo de matrimonio.-yo llevo 47 años y tambien 10 de novio. Ha sido, por tanto, la única mujer en mi vida y, también, desde hace un año, llevo una carga no tan pesada como la tuya, porque gracias a Dios sigue a mi lado. Por ello, comprendo perfectamente to estado anímico y deseo que el tiempo te ayude a superar tan difícil situación. Saludos.

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  9. Tú, afortunadamente, tienes la suerte de tenerla a tu lado. Es muy fuerte cuando un vínculo de tantos años se rompe. Espero que Dios me ayude para poder reponerme, pero han pasado siete meses y no levanto cabeza.
    Gracias por tu apoyo.

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