lunes, 3 de septiembre de 2012

DESDE MI TORRE: LAS HUELLAS DEL DOLOR


Querida Ruth: Verla en estos meses desde que se inició la tragedia de la desaparición de sus hijos, es tener delante, en los perfiles de su rostro, la más exacta definición del dolor. Ni Montañés, ni Luisa "La Roldana", ni ninguno de nuestros mejores imagineros de todos los tiempos, podrían plasmar el dolor en su más intensa expresión como el que la vida ha querido tatuarle para el resto de los días.

Quiere uno ponerse en su lugar, pero resulta totalmente imposible. Hay que tener muchas agallas para soportar ese calvario que lleva usted por dentro y que manifiesta en su tristeza infinita, en sus ojos caídos y en sus labios muertos. Han sido muchos meses de esperanzas y desesperanzas, de creer y no creer en ese trágico final. Muchas noches en duermevela soñando con los fantasmas del miedo, soportando la soledad de esos hijos que usted parió con dolor para besarlos, cuidarlos y verlos crecer cada día. Y de la noche a la mañana, sólo vio penumbras, sombras y oscuridades, y solamente escuchaba voces infantiles que la llamaban, a las que usted no podía socorrer en una penosa impotencia.

Los que hemos pasado por una muerte anunciada y presentida de un ser querido, como a mí me ha pasado, aún no podemos levantar cabeza. Cuando se ama a una persona se rompen todos los esquemas cuando se pierde. Y si se pierden dos hijos a la vez, y por la mano de un padre canalla y asesino, no sé, no me imagino qué se puede sentir por las entrañas. Usted, se lo vuelvo a repetir, es el símbolo máximo del dolor. No se venga abajo, por favor, porque su fuerza nos sirve de ejemplo a los demás, a aquellos a los que la vida nos arrancó un trozo de felicidad.

No pasa un día en que no me venga su imagen a mi pensamiento, ni la de esos niños con caras tan angelicales. Nadie puede comprender cómo un hombre puede llegar a esta aberración. En este mundo, donde todos los valores morales se han perdido, a usted la ha tocado conocer su cara más negra, el abismo de las sinrazones. Pero a todos nos ha dado, nos sigue dando, una gran lección, por su porte: doloroso, pero sereno, de llanto contenido, de rabiosa pena aguantada en la vasija del alma.

Le pido a Dios cada día que la mantenga en pie, que no se nos derrumbe. La Virgen de la Macarena y todas las Vírgenes del mundo, son simples muñecas a su vera. Su rostro no lo talló unas gubias más o menos diestras, su rostro, querida Ruth, lo ha tallado un infame asesino que un mal día se cruzó en su vida sin que nadie pudiera desviar su camino.

Su ejemplo me da un ánimo infinito. Siga en pie para darnos a todos una lección de valentía en cada amanecer. Ruth y José siempre van a estar vivos en nuestros corazones.


3 comentarios:

  1. Emilio, hermoso lo que has escrito. Yo no hubiese encontrado palabras para definirlo mejor. Si no te importa me gustaría pegarlo en mi muro del facebook para que puedan leerlo mis amigos. Dime si puedo hacerlo.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Claro que puedes ponerlo. En Córdoba todos estamos demasiados tristes con este caso que no tiene nombre.

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