miércoles, 1 de agosto de 2012

DESDE MI TORRE: MI VISITA LOS MARTES A LA CIUDAD


Los martes, que es el día que cierra el restaurante de abajo de casa, es cuando aprovecho para acercarme al centro, que está a diez minutos andando tranquilamente, hacer algunas compras imprevistas y ver a mi charpa de "El Moriles" en la calle cercana de Antonio Maura. Los demás días, mis paseos son en mi bicicleta, bautismada como "Trianilla", que así lo lleva en su lomo blanco. Es cuando me puedo tomar una cerveza en el "Bar Correos", una taberna símbolo de Córdoba, a la vera de la Plaza de las Tendillas, donde comparto algunas veces unas "rubias" con Manolo Franco y "El Niño de Pura", que están de profesores en el conservatorio cercano, y otras con mi hermano Juan Peña y con algunos amigos.

Hoy, me he ido andando, tranquilito, hasta la Puerta de Gallegos para, atravesando Concepción y Gondomar, sus dos calles comerciales, bajar por Jesús y María hasta la Mezquita. Me ha dado pena la cantidad de tiendas que se han cerrado, que se venden y traspasan, tiendas de cercanía de toda la vida: zapatos. comestibles, frutas, productos del hogar, tiendas de ropa, joyerías... En verdad es que con una población de 328.000 habitantes y sin industria alguna, y con más de de 176.000 parados en la provincia, no sé cómo puede sobrevivir Córdoba, una ciudad que fue la mayor ciudad de Occidente, y que cuenta la leyenda llegó a tener más de un millón de habitantes.


Pasé por la calle Torrijos, que no es la de la denominación del mismo nombre en la que nací en Triana, aunque ahora, por aquello del fervor del ayuntamiento socialista, se llame del Cristo de las Tres Caídas. Es pleno centro turístico, orilla a la Mezquita, calle de Poniente, en la que está el palacio arzobispal, su casa de turismo y uno de sus restaurantes más representativos: "El Bandolero". Pues casi nadie por su calles, y eso que el turismo es una de las principales fuentes de divisas de nuestro país y, muy concretamente, de Andalucía. Me dí la vuelta por las pequeñas callejuelas hasta llegar a la Puerta de Almodóvar, donde se vuelve a la civilización moderna: coches, cláxones, ambulancias, autobuses y jaleos. ¡Silencio sepulcral!

En pocos minutos estaba en "El Moriles". Mi amigo Francisco, de Castro del Río, alto como un roble a pesar de sus 82 años, me decía que el trigo se ha dado mal y que lo pagan peor; que el girasol ha tenido una producción de pena, que el maíz va para el desastre, que toda la agricultura lleva un año penoso, una ruina. Cuando paseo por esa calle, antes tan comercial, me da pena. Muchos establecimientos a los que iba con Lola han cerrado, algunos ha durado una semana tras su traspaso. ¡Esto es un caos!

Si esto no hay alguien que lo remedie en poco tiempo, aquí los únicos negocios rentables van a ser La Zarzuela, La Moncloa, el Parlamento y las Juntas Autonómicas. Es decir: el mundo al revés.


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