miércoles, 15 de agosto de 2012

A LA SEÑORA DE SEVILLA EN SU DÍA GRANDE


ESTRELLAS MÍNIMAS

Te trajo el Rey Fernando
una llave dorada:

Luego, Justa y Rufina,
dos anforitas blancas...

Isidoro y Leandro
dos amatistas cálidas...

Vicentelo de Leca
tres rosas coloradas...

Fray Diego -aquel de Cádiz-
la oveja más amada...

Marcelo, el dulce obispo
de caridad, las llagas...

Un par de zapatitos
recién cosidos, ¡Ángela!...

Vinieron tantos, tantos
para rendirte parias
que tantos no cabían
bajo la nave sacra...

Entonces Tú, Señora,
Reina de los monarcas,
bajaste de Tu Silla,
saliste a calle y plaza
y dijiste...

-¡Aquí estoy!
descubierta y guardada:
singular y entre todos;
repartida e intacta,
a seguir recorriendo
los agostos de plata
que en gavilla de siglos
el Eterno me manda...

...Se hizo noche redonda...

Tú, reinando en las almas...

Cuando la luz venía
cantaron las campanas...

¡No cabía Sevilla
bajo el cielo de España!


Eva Cervantes
"Estrellas mínimas"
1958

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