sábado, 21 de julio de 2012

DESDE MI TORRE: EL ASFALTO ESTÁ CALENTITO


Anteayer la temperatura fue de aúpa, un calor sofocante en todas las ciudades, que rebasaron los 41 grados, y los 100 a partir de las 8'30 de la tarde, cuando más de media España se echó literalmente a la calle, a pesar de que el asfalto pegaba fuerte, fuerte, muy fuerte, para protestar por las medidas -la mayoría de ellas anticonstitucionales- que ha tomado el Gobierno para "sacarnos" de esta crisis que sólo ellos, sus representantes, todos, han propiciado; crisis que sólo quieren que paguen aquellos españolitos de a pie sujetos a una nómina, ya de por sí mísera y para nada comparada con las que reciben por su trabajo los currantes europeos.

Me cogió en Madrid hasta las seis de la tarde en que volví a mi tierra, pero ya desde por la mañana se notaba el ambiente raro y muchos grupos se daban cita en las puertas de varios ministerios y del ayuntamiento convocando con sus mensajes a la unidad de la manifestación vespertina. Cuando llegué a Córdoba, y ya que fue en la misma explanada desde donde salió la manifestación, la cosa estaba calentita. ¡Más calor para este día! La plaza de las Tres Culturas, que así se llama, estaba que ardía y venían autobuses repletos desde todos los pueblos de la provincia. Fue multitudinaria, y he sabido por la prensa que igual fue en más de ochenta ciudades.

Algo, digo yo, hay que hacer. Ya los policías no están fuera de esas manifestaciones pendientes de dar caña cuando se lo ordenen: están dentro, y bomberos, y médicos, y profesionales adscritos a la Administración. Ya no son cuatro locos sindicalistas los que protestan, sino todo en pueblo. Un pueblo cansado y harto de ver cómo nos han robado por todos los flancos. Un pueblo que ha visto cómo se echa a dedo de las empresas a millares de personas cada día. Un pueblo que ha visto reducido el salario habitual, perfectamente diseñado para hacer frente a sus deudas y que, ahora, no sabe cómo salir de ellas, y se queda sin trabajo, sin vivienda, las parejas se rompen, los abuelos no pueden aguantar ya tanta carga, no tienen de dónde sacar más... Un pueblo roto, defraudado por su clase política, triste, penoso y sin apenas esperanza, y que contempla que ya está encima el fantasma del rescate, que consistirá en más pobreza, en que ya nos quiten la cartera por la cara, en que se lleven por Decreto Ley o Real Orden los pocos ahorros de toda una vida.

Lo de anteayer fue un ensayo sin ensayo de lo que va a venir a partir de ahora. Y mientras, los políticos sólo dicen tonterías, barbaridades, embustes e historias que ni ellos mismos se creen. Para enterrar a los muertos como debemos, cualquiera sirve, cualquiera, menos un sepulturero..., nos decía el zamorano León Felipe en unas circunstancias también muy tristes. Para llevar a España, como debemos, sólo pueden hacerlo personas honradas que no lleguen a la política con las solas miras de tentar sus arcas. Para gobernar a España hacen falta ideas y sobran repeticiones de 17 españas diferentes. Ya esto no es un reino de taifas, aunque ha llegado a ser la cueva de Alí Babá. Ya, contradiciendo a Antonio Machado, una de las dos españas no va ha helarnos el corazón. Sólo hay una, y cada vez más una -quién lo diría-, una España que espera que los ladrones devuelvan el dinero robado y que quien sea capaz de llevar el timón de esta barca que se hunde no sea de izquierdas ni de derechas, sino español, honrado a carta cabal y hombre de los llamados de buena voluntad.

Como así no sea, todos vamos a pique. Menos ellos, menos los que nos han estafado durante tantos años, que siempre tendrán un hueco en los paraísos fiscales para vivir a tutiplén sin que nosotros les importemos un carajo. ¡Cuidadín, mucho cuidado, porque el asfalto esta que arde!

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