miércoles, 13 de junio de 2012

MIS MEMORIAS DEL FLAMENCO (14)


Este fue el año del cambio, cuando don Enrique Osborne Isasi dejó sus tareas corporativas del Grupo Cruzcampo en manos de don Julio Cuesta, tutor y responsable desde entonces y hasta nuestros días de la Distinción "Compás del Cante", que alcanzaba su décima edición y en la que fue galardonado el gran bailaor Mario Maya, que recibió la preciada estatuilla de manos del Presidente del Grupo, Allen F. Peeters, el 11 de Febrero de 1994 en la tradicional cena del Hotel Alfonso XIII. En esta ocasión, el Jurado se reunió el 19 de Noviembre de 1993 estuvo presidido por el escritor Manuel Barrios, con la presencia de Fernando Lastra, Luis Caballero, Lucas López, José Luis Buendía, Joaquín Herrera Carranza, Onofre López, Manuel Martín Martín, Antonio Murciano, Gonzalo Rojo, Rafael Salinas, José Sollo, Francisco Zambrano, Ángel Álvarez Caballero, Pilar López, Marta Carrasco, José Marín, José Luis Ortiz Nuevo, José Núñez de Castro, que actuó como Secretario- y Emilio Jiménez Díaz.

Parte de la prensa escrita puso su grito en el cielo porque creía que iba a salir premiado Antonio Ruiz Soler "Antonio". Lógicamente, cada uno es libre de llevar un nombre de ganador en el corazón, pero está claro, y de ello puedo dar fe, en esas reuniones se discutía y bastante agriamente en la mayoría de las ocasiones. Éramos demasiados miembros para llegar a un punto de total consenso. Quizás por eso la mayoría de los primeros premios jamás se dieron por unanimidad, sino por mayoría simple o por amplia mayoría. Cada convocatoria de "El Compás" era un revulsivo para todos los flamencos. Primero porque nadie sabía si el Jurado se iba a decidir a votar al cante, al baile o al toque, y segundo porque, una vez elegida la opción a votar, todos tenían a sus propios ganadores. En mi fichero sobre esta Distinción, hay artículos para todos los gustos dependiendo de la honestidad del informador, de si había estado o no invitado a participar alguna vez en el Jurado, e incluso si era de otra provincia no muy bien advenida con Sevilla, lo que suele ocurrir bastante más de lo que imaginamos. Lo que nadie podía negar en esta ocasión era que el premiado era un bailaor genial.


Tras los postres, hubo como siempre una actuación en la que bailó el propio galardonado con algunos de sus excelentes alumnos, y también María Pagés y "El Mistela", y en la que se dejaron sentir los ecos de Chano Lobato y Nano de Jerez, entre otros. Vean al álbum de recuerdos.






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