martes, 17 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (17)


EL GUARDIA URBANO DE TRÁFICO

Ya no están, como ayer, cargados de regalos de los aguinaldos navideños. El guardia urbano, silbato en su boca, cuida del tráfico elegantemente vestido en temporada primaveral: guayabera blanca, pantalón azul y guantes impolutos, solamente manchados, de vez en cuando, por el vino tinto de la taberna más cercana. Este era el escaso tráfico que existía por las calles centrales de las ciudades en aquellos años. Tan sólo un coche, y una bicicleta, con su matrícula obligatoria, pasan por la calle Gondomar cordobesa en el momento de esta instantánea. En los tiempos que corren, no se vería ni un solo centímetro del asfalto.


En ésta que ahora vemos, de la calle Cruz Conde, también de Córdoba, realizada desde la célebre plaza de las Tendillas, ya el agente urbano va vestido con la ropa de invierno, su largo gabán azul marino de buen paño a juego con sus pantalones, su correaje blanco de charol, sus mismos guantes blancos -que se mancharán de tinto, estoy seguro- y el casco singular, también blanco, que siempre los distinguían. En nuestros años, desde hace pocos meses, esta calle, como la Gondomar que citábamos, es peatonal; pero fíjense que sólo unos coches están aparcados y que el tráfico de la calle es totalmente nulo. Siempre se ha vivido sin coches y sin teléfonos móviles, y no ha pasado nada. Ahora el personal cree que sería imposible que así fuese. Pues no, no, no pasaría nada de nada, sólo sería cuestión de acostumbrarse.


Éste sí que iba de vacile con su moto y su sidecar -muy utilizado hasta los años sesenta-, llevado en esta ocasión en su lado izquierdo, cuando normalmente era al contrario,  y como un marqués con su gorra de plato de alto funcionario. Pero observen que no se ve tráfico por ningún lado. Al final, lo mejor que podemos hacer es vender los coches y volver al autobús para ir a las playas, cantando aquello de "Qué buenas son, las monjas ursulinas, qué buenas son que nos llevan de excursión..."

2 comentarios:

  1. Emilio, espléndida, tan llena de gracia y de añoranza, esta serie de los oficios perdidos, desde el lechero al guardia urbano; desde el alfarero, con el hombre de primer cacharro, al labrador en sus campos, e igualmente espléndidos, y variados, los sonetos. Un abrazo.

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  2. Querido Enrique: Me encanta de que te esté gustando esta serie. Tiene su trabajillo, pero siempre te reconforta con comentarios como los tuyos, tan valiosos.
    El mes próximo tendremos "Las soleares nuestras de cada día", y pasito a pasito le daremos un repaso a toda la poética en general.
    Si se te ocurre alguna otra idea, no dejes de apuntármela.

    Un fuerte abrazo.

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