jueves, 12 de enero de 2012

OFICIOS PERDIDOS, COSAS Y COSTUMBRES DEL AYER (12)


LOS JUEGOS PERDIDOS

Si hay algo maravilloso que sí ha desaparecido para siempre de nuestras calles y plazas, han sido los juegos infantiles, tanto de niños como de niñas. Los juegos de los críos iban por temporadas: la piola, las cajillas, los huesos de damascos, el pandero, la reolina, el trompo, la billarda, la lima con las lluvias de septiembre, el aro, la pelota de trapo, el tejo, las bolas, el patinete, la tángana, el pañuelo..., y los de las niñas, más parcos en imaginación, iban del diabolo a las muñecas y a la cuerda saltadora y, muy especialmente, a los juegos de corro, a la rueda, cantando preciosas canciones mientras giraban una y otra vez agarradas de las manos.

El patio de mi casa
es muy particular:
cuando llueve se moja,
como los demás.
Agáchate y vuélvete a agachar,
que las agachaditas no saben bailar.
Hache, i, jota, ka, ele, elle, eme, a,
que si tú no me quieres,
otra niña me querrá...

Y vueltas y más vueltas con Mambrú se fue a la guerra / mire usted, mire usted qué pena... o con la que aún sigo recordando de Tengo una muñeca / vestida de azul, / con su camisita / y su canesú... o con la muy singular de:

Viva la media naranja,
viva la naranja entera,
vivan los guardias civiles
que van por la carretera.
Ferrocarril, camino llano,
en el vapor se va mi hermano,
se va mi hermano,
se va mi amor,
se va la prenda que adoro yo.

Ya, por desgracia, han desaparecido todos estos juegos ante la voracidad de las consolas electrónicas, que tienen a los niños enganchados durante las veinticuatro horas del día. El niño ya no inventa sus juguetes, como hacíamos nosotros dándoles un uso divertido a cualquier cosa. Cogíamos una escoba y en un segundo éramos el coronel Custer. Un trozo de losa nos valía para montarnos una partida de tejos. Cualquier hierro viejo o destornillador sabíamos convertirlos en una señora lima, y cualquier vieja rueda de bicicleta se convertía en nuestro inseparable aro. Nos hacíamos escopetas de balines con las pinzas de las ropas; y con cuatro papeles viejos, engrudo de harina y agua, cañas y unos trozos de trapos, nos fabricábamos la mejor de las cometas, sin contar los yoyos que formábamos con botones de gabardinas. Sería impensable que volvieran esos tiempos tan imaginativos, y es que la vida pasa a zancadas gigantescas...


3 comentarios:

  1. Vivencias maravillosas...aunque nunca entendí que tenía de particular el patio de mi casa si se moja como los demás.

    Gracias.

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  2. Cosas sencillas para las rimas de las coplas. Me imagino.
    Gracias por el comentario.

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  3. El tema tiene mucho jugo. Las retahilas y canciones de los juegos infantiles antiguos eran, en la mayor parte de los casos, una sarta de insensateces, o sea, que no tenían ni pies ni cabeza.
    Recuerdo un juego de a piola en la que se cantaba algo así... ¡Muerto lo llevan por un serón;/ el serón era de esparto;/ muerto lo llevan por los zapatos;/ los zapatos era de un viejo;/ muerto lo llevan por el pellejo...! Y así... El caso era decirlo sin equivocarte y sin pensar en lo que se decía, sólo en saltar y procurar no "quedarte".
    Otra cosa era la "moneda de cambio" en los juegos de habilidad (tejos, bolas, lima...) que podían ser cajillas de cerillas, estampas, prospectos de cine o tebeos.
    ¡Qué tiempos, Emilio!

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