jueves, 22 de diciembre de 2011

DESDE MI TORRE: TRISTE CUANDO UN PAÍS SÓLO SUEÑA EN UN BOMBO


Millones y millones de españoles están hoy pendientes no del bombo de María, que está a punto de dar a luz al Salvador de la Humanidad. Las miras de hoy no están puestas en la humildad de un portal, en la grandeza que viene de un Dios Niño que andando el tiempo será el Cristo que veneramos en nuestras calles en sus muy diversas advocaciones: Pasión, Cachorro, Gran Poder...

La vida hoy no tiene miradas para nadie ni para nada. Hoy, ojos, oídos, alma, corazón y vida -como sigue rezando la copla-, están atentos a la posible suerte, metida a manera de bolas, en el vientre de esa circunferencia que, en este día especial, es la diosa de la Fortuna.

Este año, por aquello de una crisis tan inventada como manida, como desgarradora, he visto las mismas colas ante las administraciones que cuando caminaba cogido de la mano de mi padre en los inicios de los años cincuenta. Quieren salir los pobres de esta eterna zozobra a la que nos han llevado los triunfadores de la vida. Ya no buscan en el décimo premiado la posibilidad de la compra de un chalet o un coche nuevo, de un viaje a los novedosos cayos del Caribe... No. Ruegan que la suerte les sonría para alimentarse ellos y su familia agregada, impuesta por las circunstancias. Rezan al menor dios de los dígitos para poder pagar el colegio de sus nietos, la clínica particular de un familiar enfermo, para tapar débitos y calamidades, para sacar a flote el tallercito que se arruina por día entre impuestos y promesas del gobierno. Rezan y rezan y no paran de rezar -como no paraban de beber los peces en el río del villancico- para que unos euros vengan a paliar el hambre, la tristeza y la desesperación.

Dentro de un rato, las televisiones repetirán las imágenes de todos los años por distintas capitales y pueblos del país, y saldrán las administraciones de Doña Manolita, de Sagasta o de La Bruja de Oro y las loteras de la Puerta del Sol anunciando a bombo -esta vez acompañado de platillos- que el gordo ha caído allí. Y saldrán enchampanados los pobres alborozados de contento, comunicando qué van a hacer con ese dinerillo por el que tanto han orado a san Pancracio y san Antonio, a Cristo y a la Virgen, a Dios y al Diablo... 

Todos miraremos los décimos, las participaciones, las papelillas de hermandades y de bares, y las que nos endosaron los amigos para el viaje de fin de curso del niño. España entera se para como si el Madrid y el Barcelona se estuvieran jugando la liga en un partido final y definitivo. En las casas, la cadena oficial de televisión tendrá más "quórum" de audiencia que en las novelas de la tarde; hervirán los transistores en oficinas y talleres; el boca a boca será más rápido y más seguro que la mentirosa historia oral...

¡Es la lotería! Con ella, el pueblo quiere paliar la negligencia de los políticos para hacer que la Constitución se cumpla punto por punto, el paro, la hambruna -que ya está entrando en España- y la pobreza. Todos pendientes del bombo, con fe y esperanza...

Hoy, nadie vuelve la cara hacia Belén. Mañana es posible. Y a mí me da cierta pena.


EL BOMBO DE MARÍA

Mañana es hoy de pobrezas
y de medias alegrías.
Todos sueñan y resueñan
que salga su lotería.

Vueltas y vueltas da el bombo
que gira y gira este día
mientras todo el mundo reza
que la suerte les sonría.

¡Ay, qué penita, qué pena
que estando María llena
de la mayor hermosura
la única calentura
sea hoy la lotería!

Pasado mañana es
la lotería de verdad,
cuando el Niño en Navidad,
desde el bombo de María,
salga a la luz y sonría
salvando a la Humanidad.

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