jueves, 17 de noviembre de 2011

DESDE MI TORRE: MIS VIVENCIAS DE "EL TENORIO" (y 4)


Terminando con estas cosillas de humor que sobre "Don Juan Tenorio" he tenido a gusto poner en este blog, cuento, no sin reírme mucho por dentro cuando lo recuerdo, una representación de urgencia que se celebró en Sevilla, en el Teatro Lope de Vega, allá por el año 1970. Se corrió la voz en la ciudad de que en ese noviembre no iba a representarse "El Tenorio", me parece que porque no se había encontrado una compañía o porque el ayuntamiento se había distraído a la hora de la programación. "El Tenorio" en Sevilla era sagrado. ¡Faltaría más! Un drama situado en ella siempre tenía un gran público y unos adeptos incondicionales. Total: en dos días se montó la función, lleno hasta la bandera, como era de esperar, y unos actores que no los conocía ni su padre. Recuerdo que mi novia y yo fuimos con un gran amigo de estudios, Ignacio Vega Ramos, y su ahora mujer, Elisa. Fuimos a primera fila del "gallinero", porque no quedaban entradas, y juro que pasamos unos de los momentos más divertidos de nuestras vidas.

En principio, los decorados, siempre tan fastuosos en este tipo de puesta en escena, eran tan pobres como la iluminación. Los muebles parecían de  "Rodri", y el vestuario de los artistas tenía más arrugas que la gabardina de "Colombo". Como pudimos darnos cuenta al momento, los actores y actrices no habían tenido tiempo de ensayar, y la voz del apuntador desde la "concha", y del segundo apuntador desde la primera bambalina, sonaban más fuerte que las de los protagonistas, empezando ya el mosqueo entre las butacas. La representación caminaba por senderos que abocaban al fracaso. Y así fue. En la escena IX, cuando don Gonzalo se preocupa de la suerte de su hija Inés, la Abadesa no metió una morcillita corriente, sino una de Burgos y de excelente peso que cabreó hasta al artista. En ella, don Gonzalo dice a la Abadesa:

Don Gonzalo.-
 ¿Veis? Corramos. ¡Ay de mí!

Abadesa.-
¿Dónde vais, comendador?

Don Gonzalo.-
¡Imbécil!, tras de mi honor,
que os roban a vos de aquí.

Lo que quedó traducido de la siguiente manera, con el pataleo general del público, que siempre se ha sabido "El Tenorio" de memoria:

Don Gonzalo.-
¿Veis? Corramos. ¡Ay de mí!

Abadesa.-
¿Dónde vais, comendador imbécil?

Don Gonzalo.-
¿Imbécil yo? ¡Imbécil vooooooos...,
que ya no sé qué decir!

Carraspeos, pitos, movimientos y comentarios en voz alta del público. Alta tensión. Pero ya en la escena X, cuando don Juan dispara, primero contra don Gonzalo y, al momento contra don Luis, los disparos de fogueo ni salen ni suenan, con lo cual ambos tuvieron que simular un infarto, porque si no, de qué... Ya la pataleta se hizo tan grande en el "Lope de Vega" que todo parecía a punto de suspenderse en ese momento tras los silbidos, las risas y los abucheos, que ya no cesaron ni un momento.

Genial fue la escena de las apariciones de los muertos por don Juan. Cómo sería la iluminación, que tras unas cortinas aparecían sus figuras..., pero subidas en una especie de andamio que se veía entero por la mala transparencia. Y más genial la escena última, cuando don Juan clama al cielo:

¡Clemente Dios, gloria a Ti!
Mañana a los sevillanos
aterrará el creer que a manos
de mis víctimas caí.
Mas es justo; quede aquí
al universo notorio
que, pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia
el Dios de don Juan Tenorio.

No estaba acabando, con total desgana, la última frase cuando el telón en el que se reflejaba doña Inés, se soltó del listón que lo mantenía y cayó a plomo. En verdad es que nadie sabía si había asistido a una representación del "Don Juan Tenorio" de Zorrilla o a una burda representación cómica, porque todos al unísono gritamos, sin levantarse ni una sola vez el telón de boca: ¡Date el bote, cara dura, pon, pon, pon, sacúdete...!

"El Tenorio" o "Tenorito" más inolvidable de mi vida.


3 comentarios:

  1. Esos recuerdos son los que permanecen. Cualquier otra representación, digamos correcta, pasará al almacén de sucesos corrientes que todos tenemos en un roncón del baúl de nuestra memoria. Bueno, no, digno de recordar, sí. Saludos. José Luis Tirado Fernández.

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  2. Un roncón es un tío que ronca mucho. He querido decir rincón, perdón, Emilio.

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  3. Es imposible que se me olvide aquella representación.

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