sábado, 12 de noviembre de 2011

DESDE MI TORRE: MI HIJO EMILIO, EL ÚLTIMO DEL NIDO


Ayer, como los globos de gas que llevan en sus manos, como las sonrisas alegres que se desparraman por su labios, como la imagen de felicidad absoluta, como el amor: que se recrea, que se mueve, que se fija y se remonta por encima de todas las crisis políticas, vi a mi hijo pequeño muy feliz, muy feliz, lleno de una responsabilidad que asume, en tiempos tan difíciles para la juventud, junto a su compañera María, una valenciana tan bonita como pueden ver.

Ayer, en un mediodía hermosísimo cordobés, cuando los perfiles de la antigua Judería se reflejaban en oros en las cales de sus fachadas, mi hijo y su compañera, en esas ceremonias modernas de parejas de hecho, estampaban sus firmas para que, legalmente, su unión esté vinculada según a derecho de ley. Y me emocioné, puedo jurar que me emocioné. Mi Emilito, por fin, ya había dado un paso muy importante en su vida: el de unirse a una mujer con la que compagina todas las horas de su vida.

Me remonté a mis años -1972- y me vi redivivo ante la Señora Santa Ana. La historia me volvió los pasos hacia atrás. ¡Qué malos o felices son los recuerdos! Mi hijo, el más pequeño, el que yo, egoístamente, no quise enseñar a volar demasiado, abandonaba libremente el nido. Los padres siempre tememos que se estrellen como nosotros. Mi hijo Emilito, de ello pueden dar fe todos los que han tenido la gran suerte de conocerlo -versus Ángel Vela- si no hubiese nacido habría que haberlo inventado, es una especie que es necesario multiplicar. Sus lecciones de humorismo, amistad, entrega y bonhomía me han dado lecciones magistrales. Hoy he disfrutado de lo lindo. He invitado a él a María y a sus compañeros a varias cervezas, me ha estampado, cariñoso como siempre, cuatro o cinco besos y me ha dicho: ¡Gracias, papá por venir! Cuando soy yo quien debe agradecer a Dios este regalo que en pocas partes se encuentra, e ir siempre donde él me convoque.

Antiguamente, en las cartas se diluían las lágrimas por la tinta sobre el folio, En el ordenador, eso es imposible. Pero que todos ustedes sepan, todos mis blogueros, que están haciendo charcos de alegría sobre mi mesa.


2 comentarios:

  1. No sé cuántos años hacía que no veía el rostro de Emilito. Cómo ha madurado sin perder esa sonrisa que lo retrata por dentro. Cuánto me alegro con vuestra alegría, Emilio; y cómo se nota el buen gusto del niño...
    La única pena es que Córdoba ha ganado lo que Triana ha perdido. Qué buen elemento para engarzarlo en este rosario interminable que es nuestro viejo barrio.
    ¡Felicidades, Emilito! Ya sabes: desde la casa de tu amigo al que un día, después de jornada aciaga, lo llamaste por teléfono para preguntarle si le gustaba la morcilla de Burgos: El Sevilla -claro- había perdido con el Burgos aquella tarde de domingo.
    Que tengáis toda la suerte del mundo.
    Un fuerte abrazo.

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  2. María se ve muy linda y parece que están muy enamorados. Cuando han dado ese paso es que se lo habrán pensado. ¡Ojalá todo en la vida les vaya bien!
    ¡Cómo nos hacemos viejo, Ángel! Hoy, que los he invitado a almorzar, le transmitiré tus felicidades.

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