viernes, 2 de septiembre de 2011

PÁRESE, POR FAVOR, A PENSAR (25)


Holgado, en un sensacional reportaje que me ha enviado sobre este personaje para una nueva serie, ha conseguido retratar al célebre mendigo y borrachín portugués, conocido como Caralho -que acabó sus días en el Guadalquivir-, arrastrando unas cajas de cartón. Seguro que va a venderlas, por lo poco que le den, en la trapería más cercana de la Cava de los gitanos. Posiblemente, casi no le llegue para su medicina diaria del tetabrik con el veneno peleón de sus desdichas. Ya salió en otro de nuestros recuadros, cuando se agarraba a un poste de señalización callejero junto al que estaba aparcado un camión de la basura con la leyenda de "resíduos urbanos". Caralho no tenía enmienda, y la mayoría de las veces caminaba descalzo por las calles trianeras. Hoy, al menos, va calzado. Menos mal. Aunque con un vendaje sucio a la altura de su tobillo izquierdo. Caralho era borracho, pero listo, a pesar de su constante melopea. Pero en esta ocasión, parece que ha perdido el norte. ¿Mira que irse a pasear ante la Administración de Hacienda, para que le quiten un tanto de lo poco que le va a dar el trapero? Y es que el vino nubla todos los entendimientos.

Fotografía: José Manuel Holgado Brenes
Texto: Emilio Jiménez Díaz

4 comentarios:

  1. José Manuel Holgado Brenes2 de septiembre de 2011, 19:01

    Buen golpe, Emilio. Es una pena que el ser humano llegue a esto, y eso es lo que a mi me impresiona tanto y procuro trasladar a los que vean mis fotos.
    Y... "Hacienda somos todos", pero ¿iguales?.
    Gracias.

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  2. ¡Pobre de Caralho! Me da una pena imponente, como la del Piyayo, cada vez que veo sus fotos.

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  3. Sí, fue un elemento humano y urbano más de nuestras calles, pero pocas veces he visto un vagabundo, indigente o similar más peleado con la higiene; además no era nada agradable porque el hombre incordiaba todo lo que podía y había que hacerle un cerco. Sólo por recomendación extrema lo metería yo en mi galería de personajes populares.
    En un número de la revista "Triana" comenté una foto suya también estupenda de Ángel Bonilla (era una sección que firmábamos como "angeldós"). Estaba sentado en un poyete de la antigua Casa de Socorro en su estado habitual y con gesto vociferante.
    El pobre, eso si, tuvo un triste final. El vino lo mató de un mal golpe.

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  4. Evidentemente no se puede meter en esa galería de nuestros personajes populares, pero cada vez que veo sus fotos me lleno de pena.

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