viernes, 6 de mayo de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (12)


Después de algunas páginas en la que hemos abandonado temporalmente la tristeza, ésta vuelve a la almendra de las coplas. Abre hoy este capítulo la toná del poeta Manuel Machado, anotada en su libro "Cante hondo" (1912):

Le he encargaíto a mi mare
que el día que yo me muera
con tu retrato me entierren
para tenerte a mi vera.

Tristísima ésta anotada por Álvarez Curiel:

Las lágrimas son de agua
y se convierten en sangre
cuando las arranca un hijo
del corazón de una madre.

El oficio de minero, uno de los más peligrosos, se contempla también en la copla en relación con la madre. La copla siguiente esta recogida en el libro "La carpeta de Pencho Cros":

La madre de los mineros
son Vírgenes Dolorosas
llorando por los senderos,
que ortigas en vez de rosas
encuentran en sus floreros.

El amor de una madre vuelve de nuevo a ponerse de manifiesto en esta copla de la lírica andaluza:

Hasta ayer no supe yo
lo que valía una madre,
que estando malo en la cama
ella vino a consolarme
y a mí se me alegró el alma.

El dramatismo de la seguiriya cantada por Antonio Mairena:

Herío de muerte
en el hospital,
yo he recibío carta de mi mare
y me eché a llorar.

La muerte de la madre deja en el hijo la más infinita de las tristezas:

Faltando mi madre ya
con el vivir qué adelanto,
mi vida se acabará
sin que se acabe mi llanto.

Y el suspiro agónico, ininteligible, de la madre, en esta letra que anotan Alberto Fernández Bañuls y José María Pérez Orozco:

En su última agonía
mi madre a mí me llamó,
qué grande es la pena mía
porque no sabía yo
lo que decirme quería.

No pueden compararse el cariño de una madre y una mujer. Lo anota la copla del libro "La carpeta de Pencho Cros":

Me dijiste que escogiera
entre mi madre y tu amor.
Yo te dije: compañera,
ya puedes irte con Dios.

El dramatismo en las coplas de Manuel Balmaseda, recogidas en su cancionero de 1881, se pone de manifiesto en estas cuatro composiciones:

Mare mía de alma,
si no fuera por usté
a esa mujé la dejaba
clavaíta en la paré.

Mare no quiero morirme
hasta que yo no dejare
escrito de que me muero
con más penitas que nadie.

Mare no quiero viví
en la casa donde vivo,
salita le doy de balde
a quien se vega conmigo.

Mare, yo me muero
de hoy a mañana,
y quiero enterrarme en el mismo sitio
donde está mi hermana.

Manuel Machado, en su libro "Cante hondo" (1912), nos dejó esta hermosa seguiriya:

Mare de mi alma,
la vía yo diera
por pasar esta noche de luna
con mi compañera.

Seguiriya que modificada grabó Antonio Mairena con el título de "Seguiriyas a Pastora":

Mare de mi alma, mare,
la vía yo diera
por yo pasar una noche al laíto, mare,
de mi compañera.

Y el desprendimiento continuo de la madre en esta seguiriya del cancionero popular muy conocida:

Madrecita mía
qué buena gitana
de un pedacito de pan que tenía
la mitá me daba.

Y la muerte sentimental por culpa de un desengaño, tal como anota la lírica popular:

Madre, yo me muero,
grande es mi hería
tan sólo con pensar que ya no me quiere
la que me quería.

Escueta y trágica la noticia que nos trae esta copla:

Metío en el bote
me dijo el sargento:
soldaíto Peña
tu madre se ha muerto.

De nuevo el mundo de la mina se asoma al corazón de la copla con la autoría de José Cenizo, copla publicada en el libro "De la tierra al aire" (1992):

Mi bata no veo más
ni a mis chiquillos que quiero,
decía en la oscuriá
un pobrecico minero
que murió sin confesá.

Y mañana, si Dios quiere, otro manojo de coplas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario