jueves, 5 de mayo de 2011

LA PRESENCIA DE LA MADRE EN EL CANCIONERO FLAMENCO (11)


Continuamos por estos derroteros del cancionero con otro manojo de coplas relativas a la madre, esa mujer divinizada en nuestros labios y en nuestro corazón. En el libro "Alosno, palabra cantada", su recopilador, Manuel Garrido Palacios, recoge esta copla que nos habla de que el amor de una madre no tiene precio:

Todas las cosas del mundo
se compran con los caudales,
pero no se puede comprar
el cariño de una madre,
siendo la única verdad.

La alegría de la hija cuando la comparan con la madre es inmensa, tal como anota el cancionero popular:

Toda la gente me dice
que me parezco a mi madre,
y yo les digo: Bendita
la rama que al tronco sale.

Álvarez Curiel, en su "Cancionero popular andaluz" (1991), nos registra quienes son los tres grandes formadores de un hombre:

Tres maestros he tenido:
mi madre me enseñó a amar,
el mundo a dudar de todo,
y una mujer a olvidar.

Casi en los mismos términos se expresa la siguiente copla:

En dos cosas solamente
he creído siempre yo:
en el amor de una madre
y en la existencia de Dios.

Alcalá Venceslada, en su libro "De la solera fina", lo dice así:

Dos cosas sin ponderar:
el cariño de una madre
y el agua que tiene el mar.

También el hijo se convierte en algunas ocasiones en consejero del padre para que la madre no sufra:

Un niño dijo a su padre:
Quítate de la bebía,
porque siempre vienes tarde
y vas a acabar con la vía
de la infeliz de mi madre.

Alegría tiene el hijo hasta de la habilidad costurera de su madre:

Ahora sí que estoy contento
porque me ha hecho mi mare
unos calzoncillos nuevos
de unos viejos de mi pare.

El sentimiento de la herencia materna también suele reflejarse en la copla:

Aquella casita blanca
que está en medio de encinares,
no está en venta ni la arriendo,
que me la dejó mi madre,
única herencia que tengo.

El cariño inmenso a la madre se refleja en esta copla alosnera a la perfección:

Debía durar una madre
lo que dura una palmera,
pa que siempre tenga un hombre
una mujer que lo quiera
y lo llame por su nombre.

Anotábamos en una copla anterior "Bendita la rama que al tronco sale". Casi idéntica, es esta copla del "Cancionero popular andaluz":

De la raíz de un olivo
nació mi madre serrana,
y yo como soy su hijo
vengo de la misma rama.

Las odiosas comparaciones vuelven de nuevo a aparacer en esta copla de Alcalá Venceslada:

Cuando vas con tu madre
pienso una cosa:
que si ella es el espino
tú eres la rosa.

Las fullerías para arrancar un beso a la amada no funcionan en algunas ocasiones. Lo anota la copla de José Calles:

Dame un besito, morena,
que tu madre lo mandó.
-Mi madre manda en lo suyo
y en lo mío mando yo.

Las madres, como hemos podido conocer en capítulos anteriores, siempre están avizoras. La siguiente copla la recoge el libro "La poesía lírica en andaluz" (1983):

Cuando sentí las pisás
de tu caballo en la puerta,
no pude salir a abrirte,
mi madre estaba despierta.

Aunque también se puede burlar tanta vigilancia. La copla nos lo cuenta así:

Cuando me dice mi madre
que vaya y cierre la puerta,
le doy la vuelta a la llave
y siempre la dejo abierta.

De nuevo las comparaciones entre la hija y la madre en la copla de Venceslada:

El oro junto a la escoria;
tu madre, que es el infierno,
junto a ti, que eres la gloria.

El fandango que nos recoge el libro citado "Alosno, palabra cantada", nos dice que es imposible querer a otra mujer como a una madre:

El pretender que te quiera
como yo quiero a mi madre
eso es pretender la Luna,
mujeres hay a millares
y madre no hay más que una.

Los besos más recordados también tienen su copla en el cancionero popular:

Dos besos están en mi alma
que no se apartan de mí:
el último de mi madre
y el primero que te di.

Para casamiento rápido el que anota Juan Manuel Villén en su "Novísimo cancionero" (1887):

Dile al momento a tu madre
que nos avíe la cama
y yo diré al señor cura
que nos case esta semana.

Según la copla recogida en "La poesía lírica en andaluz", las cosas buenas llevan a las buenas y las malas a las malas:

La mujer, como el caballo,
en la casta está el valor,
buena madre, buena hija,
mala madre, hija peor.

Y hay novios ojanetas que se dejan ver de lejos alabando a la novia y a la suegra:

La mare que te parió
se merece una corona
y tú te mereces dos.

Y copleando, copleando, llegamos hoy a nuestro final. Hasta mañana, si Dios quiere.

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