Hoy muy serio quiere hablarle
el ciudadano Ramírez,
que el tema que voy a contarle
es sólo por recordarle
que la policía vigile,
esté presta y no respire,
no se pire ni retire
de allá por la Judería
donde como te descuides,
si no vas con dos civiles
te atracan todos los días
y te vacían los perniles.
El tema tiene importancia
y no ya por los turistas
que cuando llegan a Francia
nos sacan en las revistas
con la mayor repugnancia.
El tema es que unos niñatos
-no son más de tres o cuatro:
cordobeses, magrebíes…,
o de las partes pudendas
de sus reverendas madres,
te pegan hasta que aprendas
sin un perro que les ladre.
Hastiado estoy de escuchar
siempre idéntico rosario:
-¡Habrá más seguridad
con la policía de barrio!
¿Y dónde están a diario?
¡Dígame usted: ¿Dónde están?!
¿Habrán ido al urinario?
¿A llevar al comisario?
¿En un centro tabernario?
¿Dónde puedo yo encontrar
a esa policía, que dicen,
patrulla por la ciudad?
Para poner multas, todos,
que la multa es regocijo,
que, en cierta manera, es modo
de que alguien les diga: -¡Hijooo…,
y se acuerde, sobretodo,
de sus madres. Eso es fijo.
Para acotar delincuentes
y se pueda pasear
sin temor a alguien indecente
y sin el bolso abrazar,
no te encuentras ni a un agente.
¡Viva la seguridad!
Ya sé, querida alcaldesa,
que este mal que escandaliza
no le coge por sorpresa
y que, tal vez, se desliza
un tema sobre su mesa
que, quizás, no es de su misa.
Mas si entre dos policías,
la local y nacional,
puede usted por cortesía
unirlas en lo esencial,
el pueblo agradecería
esta gestión tan cabal.
Lo que nunca es de recibo
es que en la calle Judíos
-lugar bello y atractivo-
te peguen cinco o seis tíos,
sin razón y sin motivo,
sin que un guardia diga: ¡pío!
Da igual mañana que noche
para robar la cartera,
un bolso, un reloj, un broche,
o dejarte con cojera
o con un trochiquemoche
de unos nervios de primera.
Que la policía esté al ojo,
porque está la Judería
a dos pasos, si no es flojo
quien manda comisaría,
de estos que tras un cerrojo
deben dormir cada día.
Tanta y tanta es la locura
de robar de estos mangantes
que sólo una mano dura
puede cambiar sus semblantes.
Ayer mismo, para colmo,
a Maimónides sentado,
obra del escultor Olmo,
lo noté como enfadado
por la panda de tunantes:
al pobre le habían robado
las babuchas y el turbante.
el ciudadano Ramírez,
que el tema que voy a contarle
es sólo por recordarle
que la policía vigile,
esté presta y no respire,
no se pire ni retire
de allá por la Judería
donde como te descuides,
si no vas con dos civiles
te atracan todos los días
y te vacían los perniles.
El tema tiene importancia
y no ya por los turistas
que cuando llegan a Francia
nos sacan en las revistas
con la mayor repugnancia.
El tema es que unos niñatos
-no son más de tres o cuatro:
cordobeses, magrebíes…,
o de las partes pudendas
de sus reverendas madres,
te pegan hasta que aprendas
sin un perro que les ladre.
Hastiado estoy de escuchar
siempre idéntico rosario:
-¡Habrá más seguridad
con la policía de barrio!
¿Y dónde están a diario?
¡Dígame usted: ¿Dónde están?!
¿Habrán ido al urinario?
¿A llevar al comisario?
¿En un centro tabernario?
¿Dónde puedo yo encontrar
a esa policía, que dicen,
patrulla por la ciudad?
Para poner multas, todos,
que la multa es regocijo,
que, en cierta manera, es modo
de que alguien les diga: -¡Hijooo…,
y se acuerde, sobretodo,
de sus madres. Eso es fijo.
Para acotar delincuentes
y se pueda pasear
sin temor a alguien indecente
y sin el bolso abrazar,
no te encuentras ni a un agente.
¡Viva la seguridad!
Ya sé, querida alcaldesa,
que este mal que escandaliza
no le coge por sorpresa
y que, tal vez, se desliza
un tema sobre su mesa
que, quizás, no es de su misa.
Mas si entre dos policías,
la local y nacional,
puede usted por cortesía
unirlas en lo esencial,
el pueblo agradecería
esta gestión tan cabal.
Lo que nunca es de recibo
es que en la calle Judíos
-lugar bello y atractivo-
te peguen cinco o seis tíos,
sin razón y sin motivo,
sin que un guardia diga: ¡pío!
Da igual mañana que noche
para robar la cartera,
un bolso, un reloj, un broche,
o dejarte con cojera
o con un trochiquemoche
de unos nervios de primera.
Que la policía esté al ojo,
porque está la Judería
a dos pasos, si no es flojo
quien manda comisaría,
de estos que tras un cerrojo
deben dormir cada día.
Tanta y tanta es la locura
de robar de estos mangantes
que sólo una mano dura
puede cambiar sus semblantes.
Ayer mismo, para colmo,
a Maimónides sentado,
obra del escultor Olmo,
lo noté como enfadado
por la panda de tunantes:
al pobre le habían robado
las babuchas y el turbante.
Lo que es difícil de entender es cómo no te han echado de Córdoba todavía. Vaya la leña que le dabas a la alcaldesa y al final la que se ha ido es ella. Interesante estas críticas en verso.
ResponderEliminarYo he hecho más por Córdoba que el Gran Capitán, así que es difícil echarme. La cuestión es que yo he admirado siempre a Rosa Aguilar como alcaldesa, era una mujer muy trabajadora y muy íntegra. En algunos poemas lo digo. Pero cuando se ostenta un cargo público, todo el trabajo es poco.Forma de no herir demasiado: con estos versos cachondos que corrieron como la pólvora en la ciudad.
ResponderEliminarHola Emilio
ResponderEliminarSoy de Barcelona y mi intencion es comprarme un duplex en la calle Averroes , pq me encanta la Juderia. Pero si hay tanta violencia o robos me lo estoy pensando
Me puedes ayudar?
Saludos
Hola Emilio
ResponderEliminarSoy de Barcelona y mi intencion es comprarme un duplex en la calle Averroes , pq me encanta la Juderia. Pero si hay tanta violencia o robos me lo estoy pensando
Me puedes ayudar?
Saludos
Creo que la cosa está más cuidada. De todas formas, si conoce bien la Judería, como si conoce el barrio de Santa Cruz sevillano, son sitios de calles estrechísimas en los que no es conveniente salir de noche si no es acompañado de varios amigos. También ocurre en zonas de Barcelona, Madrid, Berlín... En todas parte cuecen habas.
ResponderEliminarCórdoba es una maravilla para vivir, y ese lugar es envidiable. Échele cuenta a su intención.