
Me he enterado y me alegro enormemente
de que ha sido, señora, la elegida
como Presidenta, que es cargo excelente,
de ciudades del mundo muy escogidas.
Pues sea usted, doña Rosa, bienvenida
en este tiempo en que ha de estar presente
preocupándose, creo que tenazmente,
de estas joyas preciadas y queridas.
Córdoba está entre ellas de por vida,
y ahora es una ocasión muy aparente
para que usted, apasionadamente,
la cuide con un ansia desmedida.
El casco mayor antiguo es ciertamente
el de esta ciudad alicaída,
que estará cada día más destruida
si en ella usted no actúa urgentemente.
Ponga en ella su amor, sea deferente
con quien la vio nacer, sea agradecida
y aproveche ese cargo: pida, pida,
para dejarla bella y reluciente.
A esta ciudad hermosa de occidente,
que en el gran patrimonio está incluida,
le hace falta una fuerte sacudida
para que se levante airosamente.
Sé que al ser Presidenta, astutamente
la beneficiará de esas partidas
que envía la UNESCO para las queridas
ciudades monumentales y atrayentes.
Mas es difícil iniciar el expediente,
porque Córdoba está tan deslucida
que para hacerla de nuevo presumida
hace falta ayudarla bravamente.
Perdone que mi lista llanamente
le ofrezca con mi alma dolorida
por si es que cura tienen las heridas
que aquí a usted enumero cortesmente.
La mierda en la Judería,
atentados de urbanismo,
basuras en las murallas,
robos en el casco antiguo,
drogatas por todas partes,
pedigüeños, barbarismo,
esa casa de cristales
-oficina de turismo-
en Plaza Judá Leví,
que es de por sí un cataclismo,
gitanas que dan la coña
a aquellos que nos visitan,
mil coches por la Mezquita,
cagajones de caballos,
inmuebles medio en ruinas,
y otras cosas que me callo…
cual olor profundo a orina.
Mas no dudo que diligentemente
a arreglar estos fallos se decida
y le pegue, por fin, una embestida
de buen hacer, definitivamente.
Si es de sabiduría clara fuente
esta Córdoba que ahora nadie cuida,
que, como Presidenta, nadie impida
que usted la ponga guapa velozmente.
Espero que a Saponi, expresidente
de esto del Patrimonio, dé cumplida
lección una mujer tan atrevida
como usted, tan terca y tan valiente.
Toda Córdoba, Presidenta, está pendiente
de que obre con pasión y decidida
para borrar la imagen guarricida
que goza esta ciudad actualmente.
Lo malo es que el paso subsiguiente
es ver a Álvarez Casco y que coincida
su opinión con quien lleva media vida
enfrentándose a usted altivamente.
No se amilane y luche cabalmente
con quien a Córdoba debe su subida
y pídale inversiones merecidas
a quien aquí casóse civilmente.
De nuevo se lo digo, me alegro enormemente
por haber sido usted, señora, la elegida,
yo sé que luchará descomedida
por la ciudad más bella de Occidente.
No hay nadie que más le admire
que el ciudadano Ramírez.
de que ha sido, señora, la elegida
como Presidenta, que es cargo excelente,
de ciudades del mundo muy escogidas.
Pues sea usted, doña Rosa, bienvenida
en este tiempo en que ha de estar presente
preocupándose, creo que tenazmente,
de estas joyas preciadas y queridas.
Córdoba está entre ellas de por vida,
y ahora es una ocasión muy aparente
para que usted, apasionadamente,
la cuide con un ansia desmedida.
El casco mayor antiguo es ciertamente
el de esta ciudad alicaída,
que estará cada día más destruida
si en ella usted no actúa urgentemente.
Ponga en ella su amor, sea deferente
con quien la vio nacer, sea agradecida
y aproveche ese cargo: pida, pida,
para dejarla bella y reluciente.
A esta ciudad hermosa de occidente,
que en el gran patrimonio está incluida,
le hace falta una fuerte sacudida
para que se levante airosamente.
Sé que al ser Presidenta, astutamente
la beneficiará de esas partidas
que envía la UNESCO para las queridas
ciudades monumentales y atrayentes.
Mas es difícil iniciar el expediente,
porque Córdoba está tan deslucida
que para hacerla de nuevo presumida
hace falta ayudarla bravamente.
Perdone que mi lista llanamente
le ofrezca con mi alma dolorida
por si es que cura tienen las heridas
que aquí a usted enumero cortesmente.
La mierda en la Judería,
atentados de urbanismo,
basuras en las murallas,
robos en el casco antiguo,
drogatas por todas partes,
pedigüeños, barbarismo,
esa casa de cristales
-oficina de turismo-
en Plaza Judá Leví,
que es de por sí un cataclismo,
gitanas que dan la coña
a aquellos que nos visitan,
mil coches por la Mezquita,
cagajones de caballos,
inmuebles medio en ruinas,
y otras cosas que me callo…
cual olor profundo a orina.
Mas no dudo que diligentemente
a arreglar estos fallos se decida
y le pegue, por fin, una embestida
de buen hacer, definitivamente.
Si es de sabiduría clara fuente
esta Córdoba que ahora nadie cuida,
que, como Presidenta, nadie impida
que usted la ponga guapa velozmente.
Espero que a Saponi, expresidente
de esto del Patrimonio, dé cumplida
lección una mujer tan atrevida
como usted, tan terca y tan valiente.
Toda Córdoba, Presidenta, está pendiente
de que obre con pasión y decidida
para borrar la imagen guarricida
que goza esta ciudad actualmente.
Lo malo es que el paso subsiguiente
es ver a Álvarez Casco y que coincida
su opinión con quien lleva media vida
enfrentándose a usted altivamente.
No se amilane y luche cabalmente
con quien a Córdoba debe su subida
y pídale inversiones merecidas
a quien aquí casóse civilmente.
De nuevo se lo digo, me alegro enormemente
por haber sido usted, señora, la elegida,
yo sé que luchará descomedida
por la ciudad más bella de Occidente.
No hay nadie que más le admire
que el ciudadano Ramírez.
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