domingo, 26 de septiembre de 2010

POR DISTINTOS CAMINOS (4)


Soy la Puerta de Alcalá, la que cantó don Antonio Chacón y Ana y Víctor Manuel
y todos aquellos que me conocieron. Soy una postal de Madrid, pero sin tópicos,
símbolo eterno de la grandeza de un pasado que sigue vivo en el presente.

"De Madrid al cielo..., y un agujerito para verlo" -dice el dicho-.
Quizás el vientre de mi puerta sirva de entrada
para llegar al Edén de todos los madrileños.

No soy esbelta, es cierto, pero sí hermosa y arrogante, famosa y coquetona.
Francisco Sabatini, en días de inspiración oronda, me alzó, en 1778,
para conmemorar la subida al trono español de Carlos III,
aquel alcalde reformista que fue, además, el mejor ciudadano de la capital.

Ni las esculturas de Roberto Michel, ni el escudo con las armas reales que protegen
la Fama y el Genio, fueron capaces de estilizar mi figura, ungida de columnas
con capiteles jónicos.

Pero me conformo sabiendo que soy más bella que la que, en el mismo lugar
donde me encuentro, ordenó levantar Felipe III, para que por ella pasara el año 1599,
sin pena ni gloria, su esposa, la reina doña Margarita.

Por la calle que me da nombre -antigua de Olivares, por aquello del Conde-Duque-,
decía el coro de "Las Leandras" que iban y venías las modistas con la falda almidoná...

Hoy, cuando ya reluzco de otra forma de cuando subían y bajaban por mi talle
mis andaluces del alma, en forma de cante por "caracoles",
coches y autobuses agobian mi cintura amplia, tapándome a la contemplación de los curiosos.

Cómo reluce
la calle de Alcalá
cómo reluce
cuando bajan por ella
los andaluces...

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