sábado, 31 de julio de 2010

UNAS GOTAS DE EROTISMO Y HUMOR (16)


Nos advierte esta copla que viene a continuación que uno no debe casarse con una mujer tan sólo por el dinero, porque luego pasa lo que pasa. Esta es la letra de un fandango que hizo muy popular el célebre cantaor de flamenco Gordito de Triana:

No veo hombre inteligente
quien se casa por dinero,
porque vive de manera
de estar ya supeditao
a lo que su mujer quiera.

Lo mismo que no es conveniente enamorarse de noche tal como nos cuenta "Don Preciso" y hemos podido comprobar en muchas de las coplillas que estamos manejando:

Me enamoré de noche
y así me salió,
qué carita que puse
cuando amaneció,
porque los gatos,
como dicen, de noche
todos son pardos.

Algunas mujeres niegan que están un poco "calentitas" ese día, pero todo suele descubrirse tarde o temprano, como nos dice Juan Peña en este hermosa copla suya que incluye en su "Pliego de coplas flamencas" (1994):

Me estás diciendo que no,
pero el humito te sale
debajo del camisón.

Ésta de la que nos habla Manuel Garrido Palacios en su libro "Alosno, palabra cantada" (1992), anotada en la página 32, estaba más caliente que la plancha de sardinas de un chiringuito de playa:

Me siento unas calores
por dentro el cuerpo
que se me van de golpe
cuando te tengo.
Hoy te he tenío
y no consigo sentirme
el cuerpo frío.

Pues habrá que llamar al cuerpo de bomberos. Hay guardias que son unos esaboríos y ni joden ni dejan joder. Lo anota en esta copla José Manrique en su libro "Coplas flamencas" (1982):

Me fui con la molinera
y me detuvo un "jurao".
No se pueden coger peras
en un terreno acotao.

¿Se podrían contar cuántos hombres hay arrepentidos de haberse casado? Fermín Sacristán en su libro "Regalo de boda" (1911) nos deja esta coplilla en la página 131:

Me han condenado a perpétua
pero ya lo estaba yo,
me la impuso el señor cura
el día que me casó.

Y a mí, y a aquel, al otro..., formamos legiones. Aquí tenemos otro caso de un condenado que anota el libro programa "Er 77" (1954) en su página 65, firmada con el seudónimo de "Cipresito de Alarcón":

Me han condenao a muerte
por causa de tu querer,
ahora que yo te aseguro
que esta es la última vez.

Después de muerto, evidentemente. Este hombre estaba tan harto ya de la novia que le deseaba lo peor. Jorge Llopis es el autor de esta soleá que incluye en su libro "La rebelión de las musas" (1977), en su página 142:

Mereces por tus desplantes
que te lean El Quijote,
pero de atrás para alante.

¡Vaya castigo pesado! Cuando se habla de necesidades urinarias masculinas, es necesario y justo recomendar que se haga en el retrete de toda la vida, y si no puede ser, al menos en sitios que estén suficientemente despejados, para que no nos pase lo que al abuelo de esta criatura:

Mi abuelo estaba meando
a la sombra de una encina,
se le cayó una bellota
y le jodió la minina.

¡Menos mal que era una minina y no lo que tenía el abuelo de otro paisano!:

Mi abuelo estaba meando
debajo de una sombrilla,
se la miraba y decía:
Dios hizo en mí maravillas.

¡Vaya con el abuelo de Dios! Y vaya, vaya con este matrimonio cuidadores de viñas:

Mi marido fue a podar
y yo iba sermentando,
al verme las pantorrillas
se le iba enderezando.

¡Anda que si le ve lo gordo! ¿Cómo sería la mujer que nos canta esta próxima copla?:

En Almería vivía
una mujer alta y seca
que mi madre la quería
para tranca de la puerta
y ni pá tranca servía.

La tenían que haber incinerado nada más nacer. ¿Y cómo tendría de grande el hoyito de la barba esta otra?:

En el hoyo de tu barba
tengo que pintar un pez,
una rosa catalana,
un clavel aragonés
y una clavellina indiana.

Le podía haber pintado "Las Meninas". No nos engañemos pero también hay hombres muy feos, y a la copla me remito:

Era malo como un cuervo
y de carácter fulero,
era más feo el compadre
que un apretón en los huevos.

Lo del apretón es feo de verdad y no debe hacerse nunca. Ahora, que para fea, fea, esta mujer que nos canta la coplilla, aunque es exagerado que por culpa de ella vinieran tantas calamidades:

Eres más fea que el hambre,
más negra que la morcilla,
el día que tú naciste
nació la sarna y la tiña.

Y ésta también tuvo que ser la antitesis de Sofía Loren:

Eres fea, eres fea,
eres fea de verdad,
en la caja de los mistos
tienes que venir pintá.

Siempre hemos dicho que hay que hablar con propiedad, porque las palabras si se cambian de lugar bien pueden tener un sentido u otro. Mirad lo que le pasó a este pobre por no saberse expresar convenientemente:

Esta noche vendré tarde
que el asno se me perdió,
si sientes pisás de burro
no te asustes que soy yo.

Las coplillas, como ya hemos tenido ocasión de comprobar, se meten demasiado con el clero. ¡Mirad lo que dice ésta!:

El que quiera madroños
vaya a cá el cura
que los tiene colgando
de la pirula.

Y además tienen la desfachatez de tildarlos de vagos junto a algunos elementos más del lugar:

El señorito y el guardia,
el cura y el sacristán,
son los cuatro personajes
que viven sin trabajar.

De nuevo hablamos de la colocación de las palabras en su sitio. ¿Qué podríamos pensar al leer esta coplilla?:

En la torre de la iglesia
hay un nido de jilgueros,
y el señor cura me ha dicho
que no le toque los huevos.

¿A quién? Pues eso. Lo que no pueden hacer los curas es correr tras de nadie, ya que, aparte del mal ejemplo, pueden sufrir un desavío:

El cura de mi lugar
tiene rota la sotana
de correr tras de mi prima
un lunes por la mañana.

Estaría el pobre calentito desde el domingo y no podría aguantar más. Cosas, ya se sabe. Este hombre de la copla seguro que era un ateo de los gordos:

La misa es un gran negocio
y el cura es un comerciante
y al repique de campanas
acuden los ignorantes.

Insisto en el manejo correcto del lenguaje para que no nos pase lo del "burro" o lo del "nido de jilgueros". En esta coplilla anotada por Bernat Baldoví en su libro "Cancionero moderno de obras alegres", nos topamos con otro fiasco:

Repicando la campana
el monago de San Blas,
murió de muy mala gana.
No nos la tocará más.

La campana, claro, la campana. En esta nueva copla es una campanilla:

Tós los curas tienen novia
y el cura que no la tiene
anda con la campanilla
buscando quien se la suene.

¡Qué de digustos me está dando este clero tan valiente! Tanto me están haciendo sufrir que me voy a tomar una cerveza.

2 comentarios:

  1. Gracias a usted por haberse divertido con estas coplillas.

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