SIN JARDINESVengo, vuelvo a mi pueblo. Todo es mío:
el cielo claro, el suelo que lo alfombra,
fuente y veleta, el nombre que lo nombra,
la torre castellana, el caserío
blanco, el viejo reloj, el viento frío
y los verdes naranjos: sol y sombra
en calles sin jardín. Uno se asombra
porque donde no hay flor todo es sombrío.
Desde niño me pareció la plaza
portada sin color de un viejo cuento,
aunque había un jardín en cada casa
con sus damas de noche y sus jazmines.
Pero sus calles de piedra o de cemento
siempre fueron de un pueblo sin jardines.
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