martes, 18 de mayo de 2010

PERSONAS EN MI VIDA: PACO PAREJO (1)

Conocí a Francisco Parejo Ramírez, que ese es su nombre completo, allá por 1974, cuando me enteré en la Peña "Torres-Macarena" de que vivía en Triana, en la calle Alfarería, número 70, un hombre al que le gustaba mucho el flamenco. Y allí que me fui a conocerlo, y hasta hoy. Congeniamos rápidamente y pronto empezamos a hacer proyectos que dieron sus buenos frutos, como la creación de la Peña "La Soleá" en un gran local de su propiedad que tenía debajo de su vivienda, el homenaje a "El Sordillo" y a "El Niño de la Calzá", la gran Cruz de Mayo que montamos en la barreduela de su calle y las muchas tertulias flamencas que programamos.

Pero yo quiero hablar del Paco amigo, del perfil humano y cachondo de este macareno, protésico dental de profesión, con el que he compartido cientos de momentos felices de mi vida. Había que temerle más que a una vara verde a él y a su mujer, Lola, trianera cien por cien, porque eran imprevisibles en sus bromas. Yo vivía a sólo unos pasos de su casa, en el número 124 de la misma calle, y por lo tanto nos veíamos todos los días para tomar una copa o para irnos a Villanueva del Ariscal donde también tenía él otra vivienda.

Recuerdo que un sábado por la tarde estaba yo regando mis plantas -soy un enamorado de las flores- y le dije a mi hijo Pablo que me fuese a comprar tres paquetes de "Winston" en una tienda, "Casa Alfredo", que había frente de casa, ya que al día siguiente era domingo y cerraba. Tardaba mucho, y cuando volvió me da un paquete con seis cigarros dentro. Le pregunto que qué era aquello, que dónde estaban los paquetes de tabaco y me dijo con la naturalidad que siempre ha caracterizado a mi Pablete: -Papá, yo te he comprado el tabaco, pero cuando iba a cruzar la calle venía Paco Parejo con el coche, ha parado, me ha quitado los tres paquetes y me ha dicho que te diga que gracias por el encargo, y me ha dado este paquetillo... ¡Cabroncete! Así que tuve yo que vestirme y bajar y comprar el tabaco. Cuando lo llamé riéndome, sus risas llegaban a la China.

En la calle Procurador, justo al lado de la fachada norte del colegio José María Izquierdo, pero al que siempre se le ha llamado por el nombre de su calle lateral, había una casa medio derruida con un jardín abandonado de entrada al que la gente llamaba siempre como "Las tres casas". En ella no sé si había nacido, pero sí vivido, un famoso locutor y comentarista futbolístico que tenía el seudónimo de "Juan Tribuna". Cada día que yo pasaba por aquella casa que se iba a caer al suelo cualquier día, me fijaba en un precioso retablo cerámico que tenía en su fachada: un Gran Poder que tenía muy buena pinta por su antigüedad. Una vez le comenté a mi compadre Paco el tema: -Fíjate que hay ahí un retablo que cualquier día se cae y es una pena. A las pocas semanas, era por diciembre, me llamó Paco y me dijo: -Mira, Emilio, vente por el taller porque he estado con Loli unos días en Alicante y, pensando en las navidades, os he comprado unas cuantas tabletas de turrón de allí, que sabes que es el mejor de España. Bueno, pues allí que me encajo, nos tomamos un par de cervezas y, preciosamente estuchado, me entrega el abundante obsequio, que pesaba un quintal. Cuando llegué a casa le di a mi mujer el paquete comentándole el regalo de nuestro amigo. Al abrirlo no tuvimos más remedio que reirnos a carcajadas. Dentro, pieza a pieza, estaba el retablo que a mí tanto me gustaba en 15 piezas antiguas y que venía fechado en 1894. ¡Así pesaba tanto el paquete!

Cuando llegó la jubilación de Curro Íñigo Leal como maestro de escuela del citado Procurador, quiso despedirse con una misa en la ermita del Rocío, a la que fueron invitados sus alumnos, sus padres y sus más íntimos amigos. Curro, que tenía una preciosa casa y bodega en Espartinas, era una persona genial, gran flamenco, gran taurino y rociero por el mundo, y una persona generosísima. Allí, en su bodega, se rodaron varios documentales sobre el flamenco, y allí se celebró el primer aniversario de mi programa radiofónico "Ser del Sur" en 1982. Bueno, pues a la despedida de Curro, como buenos amigos que eran, vino también Paco Parejo con su mujer y todos los amigos de Villanueva. Mi hijo Emilito, que era alumno de Curro, fue el encargado de leer la despedida de todos los compañeros desde el altar mayor, breve texto que yo le escribí convirtiéndome por unos momentos en niño y que andará por ahí guardado en algunos de mis cajones atestados de papeles. Al terminar el acto y darnos todos cita en la puerta de la ermita, mi hijo Pablo, el mediano, me advirtió de que había un tonto por allí robando las carteras de los hombres y abriendo los bolsos de las mujeres. Me dijo: -Mira, ese es papá. Lo observo, con una chaqueta raida que llevaba, una boina, unas gafas con muchas dioptrías y una dentadura con todas las piezas picadas y llenas de sarro. El tipo clásico de tonto de pueblo. Yo estaba tranquilo porque en la puerta también se encontraban varios números de la Guardia Civil. Me acerqué al tonto y vi como había metido la mano en el bolso de mi comadre Lola robándole el monedero y cómo se iba acercando a mí por detrás. A los dos minutos, el tonto me estaba tanteando el bolsillo trasero del pantalón para quitarme la cartera. En aquel momento, y agarrándolo por donde pude, empecé a chillar a la Guardia Civil para que se acercara. Todo el mundo mirando y yo: -Este es el ladrón, este es el ladrón... Cuando los civiles se acercaron, el tonto se quitó las gafas, la boina, la chaqueta y la dentadura y era..., sí, sí, era Paco Parejo, al que nadie hubiese reconocido con aquel disfraz y que, previamente, se había puesto de acuerdo con su mujer y con mi hijo Pablo para que yo cayese en la broma. ¡Y cómo caí!

El día no acabó ahí. Cuando terminamos el almuerzo en la casa hermandad de Espartinas, al que nos había invitado Curro Íñigo, y recordando todavía entre risas la pesada broma que me había gastado, me dice: -Emilio, sígueme con el coche que vamos a ir a tomar café a un pueblo cerca de aquí. Venga kilómetros y más kilómetros, mi mujer y yo desesperados y el pueblo que no llegaba. Habíamos pasado Bollullos del Condado, San Juan del Puerto, Trigueros, Gibraleón, Lepe..., hasta llegar a Isla Cristina, donde me dijo que nos había secuestrado para pasar un par de días con ellos allí, ya que tenían un piso de alquiler en la calle del Carmen, en el centro de la localidad. Había que tener un cuidado tremendo con él... y con ella.

Estando varias parejas una noche de verano en el patio de su casa de Villanueva, vemos que sacan una tarta con velas y nos dicen que era el cumpleaños de su mujer. Besos, abrazos, y el clásico "cumpleaños feliz, cumpleaños feliz..." Y ni era su cumpleaños ni nada. Serían las cuatro de la madrugada y escuchamos a todas las mujeres a coro decir una y otra vez: -¡A la Jara, a la Jara, a la Jara! Todos a los coches y camino de Sanlúcar de Barrameda. Íbamos cuatro coches uno detrás de otro. Recuerdo que nosotros nos fuimos con ellos en el suyo y que Paco era el que abría la caravana. Cuando llegamos al peaje de Las Cabezas de San Juan, le dijo al empleado que estaba en la taquilla: -Hola, buenas noches, mira usted, es que venimos varias familias juntas y hemos acordado que el que viene el último es el que paga el peaje de todos. Así que a nuestro amigo Juan Amador, que era el que venía el último, se encontró sin esperárselo con que tuvo que pagar los 4 peajes. ¡Este era Paco Parejo! ¡Me podría llevar horas y horas contando las anécdotas y bromas más inverosímiles! Quien no se las crea, que pregunte por él en Triana.

Lo mismo que tenía de bromista lo tenía de buen corazón, de dadivosidad, de generosidad sin límites. A su lado nadie podía estar triste, no era posible. Y, a la chita callando, sin saberlo nadie, han sido muchas las obras de caridad que ha hecho. ¿A cuántos pobrecitos mellados, sin ningún poder económico, le ha puesto gratis las dentaduras? ¿Cuánto dinero solapado no ha pasado de su bolsillo al de los más necesitados?... Era increible su humanidad y la cercanía a los más desfavorecidos.

Fue, es y seguirá siendo una de las personas más importantes que han pasado por mi vida. Nada más que por la cantidad de veces que me ha hecho feliz, ha merecido la pena el haberlo conocido... a pesar de las muchísimas bromas que me ha gastado y que siguen haciéndome reir en la soledad de mi estudio.

4 comentarios:

  1. Personaje increíble. Con ese mismo disfraz entró un día en Casa Macario, la taberna de la calle Procurador, donde en ese momento estaba El Arenero con mi suegro tomándose una cerveza después de la jornada de trabajo. Gesticulando y haciendo cosas raras se puso en medio, cogió el vaso del Arenero y se lo zampó de un sorbo (ímagínate la cara de los dos), y cuando fue a coger el otro vaso se le echaron encima y menos mal que le dio tiempo a Paco de quitarse la gorra, los dientes, las gafas... El cachondeo que siguió en la taberna fue de órdago.

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  2. Emilio Jiménez Díaz18 de mayo de 2010 a las 14:21

    Corroboras con esa anécdota, igual a la que tuve que sufrir en El Rocío, que el relato sobre él no es una historia de mi imaginación. Paco era y es así. Creo que debo dedicarle otra página con más bromas y anécdotas despampanantes. ¿Estaría bien?

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  3. Hablar de Paco Parejo es pasarlo bien, sólo se pueden contar cosas gratas y alegres. Paco se merece otra página, claro que si...

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  4. Mañana saldrá. Me estais dando mucho trabajo.

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