miércoles, 19 de mayo de 2010

CANCIONES POR NUESTRAS VIDAS: ANTERIORES A 1936 (8)

Dentro de la zarzuela "El género ínfimo", estrenada en julio de 1901, con letra de los hermanos Álvarez Quintero y música del madrileño Quinito Valverde y del manchego Tomás Barrera, se cantaba esta composición titulada "Las mantillas", que hicieran famosa la que fuera primera tiple Amparo Taberner, la granadina Joaquina Pino y la también gran tiple valenciana Matilde Pretel:

La mujer que un novio quiera/ que se ponga la mantilla. ¡Arsa!/ Porque si así no lo pilla,/ nunca saldrá de soltera. ¡Grasia!/ Con la mantilla/ se vuleve loco/ el que más cuerdo/ se quiera hacer,/ porque descubre/ velando un poco/ y porque vela/ dejando ver./ No hay nada que interese/ como lo incierto.../ ni cubierto del todo/ ni descubierto./ Es la mantilla española/ de madroños, negra o blanca,/ una red en que se prenden/ los corazones que pasan./ Su encanto mayor/ es hacerla celosía/ para las horas del amor,/ Y, otro lugar,/ haciendo de ella rejilla,/ sirve para confesar./ -¡Ay, mi moreno, dime bajito/ que tú me quieres/ con toda el alma,/ que yo descorro mi celosía/ como me digas/ que no me engañas!/ -¡Ay, padre cura, yo estoy malita/ porque me ha dicho/ que no me quiere!/ ¡Dígame, padre, si me condeno/ si es que me muero/ por sus quereres!/ Es la mantilla española/ de madroños, negra o blanca, ¡olé!/ una red en que se prenden/ los corazones que pasan. ¡Vaya!/ Con la mantilla/ se vuelve loco/ el que más cuerdo/ se quiera hacer,/ porque descubre/ velando un poco/ y porque vela/ dejando ver.

Una de las canciones más picantes de inicios del siglo fue el "Tango del morrongo", perteneciente a la zarzuela "Enseñanza Libre", apropósito-cómico en un acto, y estrenada el 11 de diciembre de 1901 con letra del prolífico autor malagueño Guillermo Perrín y del asturiano Miguel de Palacios, y música del sevillano Gerónimo Jiménez. Esta canción de sentido equívoco la hicieron muy popular María López Martínez en el Teatro Eslava y la sevillana Amalia Molina en el Salón Variedades, imprimiéndole ésta su gracia natural acompañada de su gran belleza de mujer y su estupendo cuerpo. ¡Ni que decir tiene que este tipo de composiciones pícaras hacían las delicias de los "chulapos" de turno y de los "viejos verdes" que llenaban estos estrenos!

¡Arza y dale!/ Yo tengo un morrongo/ que cuando en la falda/ así me lo pongo.../ ¡Arza y toma!/ Yo tengo un minino/ de cola muy larga,/ de pelo muy fino./ Si le paso la mano al indino/ se estira y se encoge/ de gusto el minino,/ y le gusta pasar aquí el rato,/ ¡ay, arza que toma,/ qué pícaro gato!/ ¡Ay, qué fino:/ ay, qué fino,/ el pelito que tiene el minino!/ ¡Ay, morrongo,/ ay, morrongo;/ qué contento si aquí me lo pongo!/ ¡Ay, qué fino, qué fino, qué fino,/ el pelito que tiene el minino!/ ¡Qué contento si aquí me lo pongo,/ ay, morrongo, morrongo, morrongo!

Otra de las letras picarescas de este principio del siglo XX fue la de la canción "El pai-pai", de la zarzuela "El perro chico" y estrenada en el Apolo en 1905 por Joaquina Pino, aunque también la estrenaron la valenciana Isabel Bru, que era una gran artista de este género zarzuelero, y la argentina Lola Membrives que se inició como tonadillera en el mismo teatro y acabó siendo una genial actriz dramática interpretando obras de Calderón de la Barca, Lope de Vega, Alejandro Casona y, junto a María Teresa Montoya y Margarita Xirgú, las "Bodas de sangre" de García Lorca. La letra es de Carlos Arniches y Enrique García Álvarez y la música de José Serrano y Quinito Valverde:

Las muchachas que están en Manila/ llevan siempre en la mano un pay pay,/ que el pay pay en Manila se estila/ y en Samalacay.! ¡Ay, que se me cai!/ Porque allí hace un calor superior./ ¡Qué calor, qué calor, qué calor!/ ¡Ay, qué fresquito, quito, quito, ay,/ me da el pay pay,/ me da el pay pay!/ ¡Ay, qué riquito, quito, quito, ay,/ es el pay pay, es el pay pay!// Los vestidos que allí siempre usamos/ son de nipis, encaje y bolay,/ que sin duda para estar fresquita/ cosa igual no hay./ ¡Ay, que se me cai!/ Y los días de mucho calor/ en el baño se pasan mejor./ ¡Ay, qué fresquito, quito, quito, está,/ qué gusto da,/ qué gusto da!/ ¡Ay, qué riquito, quito, quito, ay,/ es el pay pay, es el pay pay!

Otra de las canciones que hicieron las delicias del personal fue "A mí, plín!, con letra de Eduardo Montesinos y creación, en 1906, en el Teatro Romea, de Luisita Rubí:

Hará ya más de un año/ salí a dar un paseo/ y me siguió un muchacho/ echándome requiebros./ Al cabo, muy valiente,/ me dijo: -Yo quisiera/ que usted una entrevista/ a mí me concediera./ Y como insistía/ se la concedí,/ porque es lo que yo digo:/ ¡A mí, plín!// Su novia fui tres meses/ y le saqué los cuartos,/ pues encontrar un primo/ es hoy bastante raro./ Mas cuando ya el dinero/ noté que iba a faltar,/ le abandoné por otro,/ queriendo prosperar./ Él se quedó triste/ y yo me reí/ porque es lo que yo digo:/ ¡A mí, plín!// Pero el sustituirle/ no me dio resultado/ porque era de carácter/ quisquilloso y avaro./ Y con un viejo rico/ hoy me he de conformar,/ que, aunque es muy dadivoso,/ ya no puede ni andar./ Pero eso no importa;/ el caso es vivir,/ y pienso resignada:/ ¡A mí, plín!

En la revista "El país de las hadas", estrenada en 1910, con letra de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios, y música del burgalés Rafael Calleja, el sentido erótico encubierto tiene muchísima gracia. La versionaron Úrsula López, Rosario Soler, Julia Galiana, las hermanas Trinidad, y Manolita Rosales:

Este sombrero de jipi,/ de jipi, de jipijapa,/ me lo ha regalao mi novio/ pa que me ponga muy guapa./ Yo me lo pongo pa alante/ y alante no me da el sol/ y por debajo del ala/ yo miro y ¡vaya calor!/ Si quiero lucir mis ojos/ yo me lo pongo pa atrás/ y estoy muy requetemona/ con el ala levantá./ ¡Vaya un sombrerito/ qué paja más buena,/ si no está limpito/ se lava y se estrena!/ ¡Vaya un sombrerito/ el que llevo yo/ que se ve el pelito,/ ay, a su alrededor!/ ¡Ay, qué paja, qué paja, qué paja,/ la que tiene mi jipi, mamá,/ ni se arruga ni se baja,/ siempre el ala la tié levantá!/ Chico, chico, chiquirrí,/ qué sombrero que tié esta gachí;/ chacarrá, chacarrá, chacarrá,/ ¡ay!, con el ala siempre levantá.

Maravillosa composición para los mal pensados.

(En la fotografía, Amalia Molina)

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