Ni recuerdo cuando nací en Sevilla ni qué dioses me llevaron a ella. Hoy, cuando son grandes las ausencias, grandes los desengaños y breve la memoria, no sé qué daría por recordar aquel segundo de brizna, luz y vida que sintió aquel niño que fui; por sentir de nuevo el momento mágico de descubrir el cielo de la Ciudad, su torre única como espiga dorada, y sus hombres de entonces, sepiados ya por mi almanaque.¿Cuándo se colaría Sevilla por mis ojos como un mascarón de proa al que siempre he querido preñado de bellezas? ¿En qué momento sentiría el pálpito de su júbilo, las cales de su humilde nobleza, la hermosura del agua verdinegra de su río, lleno de sábalos y carpas que brincaban milagreándoles sus riberas?
Tuvo que existir un espacio puntual para la dicha. No sé cuándo ni cómo se produjo. Por ello daría todos mis poemas -pobre dádiva-, mis besos de infancia y juventud -gran secreto-, mis pocas alegrías y mis muchas esperanzas.
Seguro que mi madre, con vestido de piqué de grandes flores, insinuante escote de una juventud hermosa, la vida en su afilado rostro, y el amplio rodete cuajado de un verano de jazmines trenzados en una moña para los bucles de su pelo cobrizo, tampoco supo de aquel momento exacto en el que me enamoré, ciegamente, de un paisaje que ha marcado mi vida para siempre: SEVILLA.
¡Aquel primer paseo...! ¡Cómo agigantarían mis ojos la carne viva de la Ciudad, los bosques de sus naranjos, las piedras de sus casas, la bóveda azul de su firmamento...!
Hoy, cuando llevo los pasos de la nostalgia desandando las aceras de un tiempo que me perteneció, cuando ya no sabría qué hacer con aquel pandero que tuve un día entre mis dedos frágiles, cuando ya no hay trompos que olían a resina por mi revuelto cuarto ni sé liar la guita por su vientre torneado, cuando en mi vida ya no hay limas por los húmedos septiembres ni me animan los renacuajos a un chapuzón de miedos y aventuras por las cercanas charcas de las cortijadas del Aceitero y la Torrecilla, parece que se me van achicando los perfiles y se agrisan los colores, cual si todo hubiese sido una verdad a medias, una mentira soñada, un mágico y mínimo universo que sólo propició mi fantasía.
Busco aquellas luces primeras, pero no son las mismas, ni están esos hombres de otros tiempos idos, ni las quillas humildes de aquellas barcazas navajean mi río de altas alamedas.
Sólo aquella torre, llamada Giralda, única y precisa, la espiga más alta de mis ojos niños, está como siempre: arrogante y sabia, dorada de soles, en el firmamento del primer paseo que gozó mi infancia por la calle Betis, orilla del agua.
Perdón por la osadía, maestro. ¿Soy el primero en entrar en este blog? Si así fuera, un honor. Si no, lo mismo digo. Magnífico texto. ¿Seguirá usted reconciliándonos con la mejor Sevilla? Aquí tiene un lector, el mismo que tanto aprendió de flamenco con sus clases magistrales a través de las ondas, como decimos los rancios, jejejeje.
ResponderEliminarUn abrazo y a seguir 'palante'.
Paco Robles
En esta tarde casi nevada de Triana tengo la suerte de poder asomarme al blog de Emilio: una gota de sol en el agua fría, como diría Françoise Sagan. Como soy contumaz internauta prometo que pisaré el suelo de este blog tantas veces pueda. Espero encontrar en él un poco de todo: poesía, prosa y sentimientos. Enhorabuena por este paso que hace posible que todos compartamos un poco del pensamiento de Emilio. Abrazos
ResponderEliminarCaty León
Fantástico comienzo, y prometedor, en la blogosfera.
ResponderEliminarUn amigo de Madrid, aficionado como yo al flamenco, me ha enviado el enlace a tu blog, y no será ésta la única, ni última vez que entre a leer.
Salud, trianero
Ya era hora; tu voz, tan necesaria, se echaba de menos en este medio prodigioso. Los Reyes se han portado bien con todos los que esperamos lo mejor de un sabio, de un poeta y, muy especialmente, de un trianero comprometido con la tierra que señala con su índice "cobalto" el cielo de Sevilla. Quedo, impaciente, a la espera.
ResponderEliminarEnhorabuena por volver..., ¡¡ya era hora que Sevilla te recuperara! Desde aquellos años 80, con el flamenco a dulces cuestas..., hasta hoy. Abrazos y suerte. Marta
ResponderEliminarMuchísimas gracias por haber entrado en este "blog" y por las palabras de ánimo que me habéis enviado. Espero que os guste la linea que me he marcado para estar en contacto con vosotros.
ResponderEliminarY aún huelo a Triana,
ResponderEliminary aún siento el flamenco,
que de tu voz siempre sabia
apaciguaron mis tormentos.
Y tus manos saciaron mi sed,
me enorgullezco de haberte bebido,
padre de mis consejos
como un sabio divino,
siguiendo aquella estrella
que marcaras en mi destino.
Y no me olvido de mi mare,
sufridora de mis lamentos,
amiga de mis sonrisas
y guardiana de mis secretos.
Y sí, os quiero, os amo y os adoro
y vestido de grana y oro,
salgo todos los días al ruedo,
brindando por vosotros
amigos y padres de mi vida.
!ÁNIMO Y NO DEJES NUNCA DE ESCRIBIR!
Emilio. Enhorabuena y gracias por este regalo que nos brindas a través de tu blog. Conociéndote se que sería de calidad pero me has impresionado... has sobrepasado mis expectativas. Te prometo que volveré, para deleitarme de esa forma de expresarte que tienes, tan auténtica, tan amena y tan cargada de poesía y buenos sentimientos.
ResponderEliminarAh¡ los paseos en bici que te debo... ¡cuando quieras¡. Isabel.
Me alegro de que para ti sean un regalo estas páginas de viejos recuerdos. Yo sí que me impresiono de verme asomado ahí, desde mi torre cobalto de Santa Ana, mirando la vida que pasó ayer y que me pasa hoy desde la visión de este campanario viejo, pero siempre en pie.
ResponderEliminarEspero que vuelvas cada día y que dejes tu valioso comentario, a favor o discrepante: tu voz, también tan auténtica y llena de calidez.
Ya mismo, cuando el sol nos alumbre un poco, tendremos que hacer una rutilla turística por las iglesias fernandinas de esta Ciudad tan exquisita.
Emilio. envié tu blog a mis amigos "personas libro" de Sevilla, sabiendo que les iba a gustar y José Luis el quijote,que es una gran persona, es uno de ellos. Ya lo tienes en seguidores.
ResponderEliminarSe ve que eres un enamorado de Sevilla. Espero con ilusión la ruta fernandina. Isabel.
A mi querido Maestro.
ResponderEliminar¡Cómo me llenan tus palabras!¡Qué reencuentro!
Enhorabuena compañero, amigo y hermano en la ausencia.
Ya son cuatro las horas que dedico a tu recién descubierto blog, aunque mejor haría diciendo volando en esas nubes sobre fondo cobalto que tú nos dedicas y regalas. Como todo lo que sale de tu pluma, tus paginas, me embriagan de sevillania, ¡Ay Tierra mia!
Parafraseando a Machado (que osadía) "Hay en tus venas gotas de sangre sevillana, pero tu verso brota de manantial trianero..." que delicia...
Gracias por acercarnos a ese rio que sigue corriendo en nuestros corazones, recordándonos a los que estamos lejos el olor a azahar o a sardinas junto a la cucaña.
Gracias por tu compromiso de defender lo nuestro desde tu particular "corral" de internet, arrollando cual "jardinera" sin frenos a los que se empeñan en acabar con la esencia de nuestra añorada ciudad.
Un fuerte beso de Mariló y Julio.
Gracias a vosotros por asomaros a mi torre de Santa Ana. Os espero todos los días para comentar cómo está Sevilla y cómo el caserío de es Triana en la que tanto hemos disfrutado. La tecnología a acercado aún más nuestros pasos desde Córdoba a Extremadura, con la esperanza de que algún día pisemos de nuevo nuestra tierra para no abandonarla jamás.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo para Ti y Mariló