Es una de las fotografías más preciadas de mi álbum particular, y ya ha aparecido por estas páginas en algunas ocasiones. Me veo retratado en la ilusión ante un rey mago que pone sobre mis manos infantiles algunos regalos: una pelota de goma y unos cuentos, mientras me estaría dando consejos -otros cuentos- de cómo tendría que comportarme a lo largo de la vida. Mis botas "Gorila", mis medias de algodón, y mi gabardina remendada, delatan, en aquel 1956, a un niño de posguerra que, al menos, recibía un obsequio.
Evidentemente, y aunque uno en el interior quisiera seguir creyendo en esas historias, ya no creo en los reyes magos, ni en los reyes de la baraja, ni en los reyes de nuestro país. ¡Qué gran desilusión para el niño que uno siempre quiere ser, como en los versos hermosos del amigo desaparecido, Manuel Benítez Carrasco, que no me resisto a reproducir!
El niño quiso ser pez;
metió los pies en el río.
...Estaba tan frío el río
que ya no quiso ser pez.
El niño quiso ser pájaro;
se asomó al balcón del aire.
...Estaba tan alto el aire
que ya no quiso ser pájaro.
El niño quiso ser perro;
se pudo a ladrar a un gato.
...Lo trató tan mal el gato
que ya no quiso ser perro.
El niño quiso ser hombre,
empezó a ponerse años.
...Le estaban tan mal los años
que ya no quiso ser hombre.
Y ya no quiso crecer;
no quería crecer el niño.
Se estaba tan bien de niño...
Pero tuvo que crecer.
Y en una tarde, al volver
a su placeta de niño,
el hombre quiso ser niño...
pero ya no pudo ser.
¿Cuándo se nos muere el niño que llevamos dentro? Quizás cuando contemplamos el dolor a nuestro lado, cuando se nos van los seres queridos, cuando te sorprende que el mundo es desigual e injusto, cuando ves que a tu alrededor se mueven la pobreza y la riqueza en una gran desproporción, cuando contemplas que dan el trato de señor a los malos y de imbéciles a las personas de gran corazón. Se nos muere el niño que llevábamos dentro a cada golpe de azadas a la vida...
No creo en la magia, porque sé que es un truco -¿Verdad Tamariz, Copperfield, René Lavand...?-. Todos los magos nos hacen ver una fantasía que sólo está en la agilidad de sus manos y en el prodigio de distraernos la mirada. Como los políticos. Quizás por eso, la magia sólo me sirve de distraimiento, alabando la destreza de los que la practican; pero me jode cuando no acierto a descubrir sus trucos. Y bien es verdad que no he acertado jamás en descubrir ninguno de los hombres/as dedicados/as a la política. Se van de rositas los/as que trincan y trincan y sus casos acaban en el olvido. ¡Es magia! No son ladrones/as, sino "supuestos" casos de corrupción que acaban en eso: en pura magia. Pasa el caso del Madrid-Arena. Cinco muertos, cinco, cinco chicas con toda la vida por delante... Pero la pelota va y viene de esta mano a la otra, sube, se distrae por la espalda, desaparece... como la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, mujer del ex-vicepresidente del país, José María Aznar. Buscan como responsables a la gente del Samur, a los médicos, a los empleados de seguridad, al organizador del evento... ¿Y la Botella, dónde está? De mano a mano ha desaparecido. ¡Magia, es magia! En Andalucía comienza el caso ignominioso de los EREs. ¿Qué pasa? Pues nada, que llega el Tamariz de turno, te mira a los ojos, mueve las facturas entre sus ágiles dedos, se ríe, te da un poco de cháchara y -chimpún, chimpún, chimpún- Guerrero en la cárcel por poco tiempo -para despistar- y Griñán en su Palacio de San Telmo como virrey de ochocientos mil y pico de kilómetros cuadrados. ¿Qué es esto? ¿Usted lo duda? Magia, magia y magia potagia de la buena, de la mejor, digna para enseñar en un congreso internacional de magos. Y así, con miles de ejemplos tan solo en España, se acaba con la ilusión de un niño, de un joven, de un maduro y de un viejo en tres segundos, máxime cuando los medios de comunicación -magia sibilina- no se enteran de nada. ¡Magia, mucha magia, más magia!
A mi edad ya no está uno para escribirle a los reyes magos, en los que he dicho que no creo, y menos diciendo el Papa que eran andaluces. Si un virrey como Griñán nos engaña de esta forma ¿cómo puedo fiarme de tres reyes de Cádiz, Huelva y Sevilla, donde abunda, y de qué manera la corrupción? No, no y no. Mi petición a los reyes de mi conciencia: la Fe, la Esperanza y la Caridad. Pido Fe para España, ya que la tiene perdida en todos sus aprendices de políticos. Pido Esperanza a todos los españoles, porque es que sin ella es imposible vivir en nuestros tiempos; y pido Caridad para estos miserables que nos han gobernado hasta ahora, para que el pueblo no se tome la justicia por su mano, para que aquí no haya otro desastre como el que vivieron nuestros abuelos y padres. No se lo merecen, en absoluto, pero hacer la caridad a estos pobres millonarios bien vale la pena si es que todo cambia un poco. ¿Miren que si me vuelve la ilusión?