sábado, 6 de marzo de 2010

TRIANA PUNTO Y APARTE: LA SOLEÁ DE TRIANA (8)


Para que nos hable de Triana, apellido de localización de su nombre artístico, y para que nos hable del arte que ha ido derrochando por toda la geografía universal, hemos querido hablar con un trianero singular: José Sánchez Bernal, más conocido en el mundo artístico por "Naranjito de Triana".

Naranjito, según nos cuenta en esta entrevista, no tuvo tiempo de jugar. Desde pequeño le nació su afición al cante, en una forma de tradición heredada de la garganta de su padre -cantaor no profesional- y de la de su tío -de quien adquirió su nombre artístico- que cantó con los principales cantaores de su época: Chacón, Manuel Torre, etc. Le preguntamos por su primera oportunidad y el cantaor va reviviendo páginas de su memoria agarrándose al mástil fuerte de su historia.

-Como cantaor flamenco o clásico, fue en el año cincuenta y tres, o por ahí, cuando me contrató Pepe Pinto para hacer una "tourné" por Marruecos, Francia y Argelia. El espectáculo era netamente flamenco. Lo componía: Pepe Pinto, La Niña de los Peines, Juanito el Malagueño, El Sevillano y una serie de cantaores que componíamos el resto del elenco.

Naranjito nos habla del tiempo que estuvo cantándole a la bailaora Narci Díaz y nos recuerda, con eso retroceso de frases de quien va hablando sin un esquema pertinente, las canciones auténticamente populares de la posguerra española; canciones aflamencadas que si no levantaron al país, tampoco lo hundieron más en la tristeza a que estaba sometido. La Salvaora, La Niña de fuego y algunas más se adhirieron a la garganta de Naranjito por aquellos años. Pero, afortunadamente, aquel tiempo pasó y Naranjito tiró por los derroteros del cante de verdad. Él poseía herencia y casta, sólo tenía que administrarlas. Le preguntamos cuándo fue la primera vez que se enfrenta ante el público, contestando a la pregunta con la vergonzosa cortedad de un hombre que se vuelve a sus primeros años de vivencias:

-La primera oportunidad se remonta al año cuarenta y tres o cuarenta y cuatro, no recuerdo bien. Fue en Coria del Río. El espectáculo lo llevaba un barbero de mi calle llamado León, que tenía por nombre artístico o profesional el apellido al revés: Oslen. Iba en la "troupe" un guitarrista también trianero: Manolo Valdivieso, La Niña del Clavel, El Niño del Arahal y El Cerezo.

Hablamos de sus comienzos, del primer disco:

-El primer disco lo grabé en Holanda. Un disco pequeñito e intrascendente. Iba yo con una pareja de baile: ella era suiza y él catalán. Estuvimos en casi toda Europa dando recitales, contratados por una entidad cultural holandesa, y en este país fue donde se fragüó el disco, un disco sin pena ni gloria que se grabó, aproximadamente, el año sesenta y dos. El disco en serio, o el primer paso serio dentro de mi discografía, fue en Nueva York, acompañado a la guitarra por Sabicas, cuando estuve en la Feria Mundial celebrada en esa capital.Pero, en el mundo del disco se me conoció por uno que grabé con Antonio Mairena, Juan Talega, Fernanda y Bernarda, Manuel Mairena y Luis Caballero. Esto fue hace doce años, en el Festival de Mairena del Alcor.

Intentamos sacarle su respiro por Triana. Queremos que se desglose en palabras vivas como sus recuerdos, hablándonos de sus cantaores, de su ambiente soleaero. Naranjito respira, como si en un propio naranjal estuviese durmiendo la siesta o entonando uno de sus famosos "Caracoles":

-A los cantaores trianeros yo los escuchaba cuando niño, con mi padre y con mi tío. Después tuve un silencio penoso de catorce o quince años porque siempre estuve trabajando. Yo recuerdo mucho al Sordillo de Triana. Recuerdo a Oliver, a Emilio Abadía, a los hermanos Ballesteros, a los hermanos Tudela y a El Cochero; aunque de los que más recuerdos entrañables guardo por su cante son El Sordillo y Emilio Abadía, y después Manolo Oliver, al que he escuchado con más frecuencia.

-¿Crees que existen varios cortes dentro de la Triana flamenca o, mejor dicho, varias formas estéticas y estilísticas de interpretar el cante?

-El cante flamenco en Triana tiene dos vertientes características: los cantes del Zurraque, o llamado de los alfareros, y el cante gitano o fragüero. La Cava está dividida en dos trozos: la de los gitanos y la de los civiles, donde aún existe el cuartel que le dio nombre. Entonces, en esta parte se diferencian dos estilos de cantes o matices: el de los gitanos y el de los alfareros. Dentro de esas dos formas de cante, existe una gama gigantesca de estilos y maneras de interpretarlos, formas y maneras de ejecutar distintas las soleares, la seguiriya, la toná, el martinete, la carcelera, etc.

Le preguntamos a Naranjito por el cantaor suyo preferido para una historia del recuerdo:

-No me quedo con un solo cantaor, porque cada uno de ellos ha aportado al cante lo mejor de su arte dentro de su especialidad.

-¿Crees que han aportado algo los festivales flamencos?

-Soy de la opinión de la parte positiva porque ha llevado el cante a las masas, y esto es siempre muy importante. El cante flamenco se hacía antes en pequeñas reuniones, en un grupo de amigos o en diversas fiestas. El festival ha llevado una enorme cantidad de aficionados. Como veracidad a lo que digo, este año cante en el Palacio de los Deportes de Barcelona y había doce mil personas escuchando cantar flamenco.

Naranjito fue uno de los habituales de la Peña "La Soleá de Triana", e incluso se le dedicó uno de los famosos "Jueves del Zurraque". Como persona, tenía una guasa profunda, unos golpes geniales. Conocía diez mil anécdotas que le habían ocurrido a lo largo de sus muchísimos viajes por el mundo. Cantaor de una voz abundantísima, pero muy bien administrada, era largo de estilos, aunque siempre brilló con más intensidad en la soleá apolá, en la petenera, fandangos, caracoles y en los estilos de Levante. Fue un cantaor de una amplísima discografía, y uno de los ejecutantes, junto a Antonio Mairena y Luis Caballero -con la guitarra de El Poeta- de la célebre Misa Flamenca en Sevilla. Ganó en el Concurso Nacional de Córdoba el premio de los cantes de Levante, fue Saeta de Oro de Radio Nacional de España en Sevilla, Premio Ondas de la Cadena SER, Trianero del Año, Yunque de Oro de la Tertulia Flamenca de Radio Sevilla -de la que el era habitual contertulio-, Taranto de Oro de la Peña "El Taranto" de Almería y Premio Nacional de la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera. Su muerte, aún joven, en el año 2002, dejó un luto dentro de las páginas de artífices de su barrio de Triana, que él llevó siempre como santo y seña de su nombre.


(La entrevista se realizó el 17 de Noviembre de 1976)

UN MANOJO DE NOSTALGIAS TRANVIARIAS

CAOS DE AUTOBUSES Y MICROBUSES

El tranvía ya sólo es un recuerdo que podemos volver a encontrar por medio de las fotografías que nos ilustran. Pero da alegría que sean muchas las personas que, de una u otra forma, han reflejado sus vivencias y recuerdos, su amor en suma, por aquel mal llamado obsoleto medio de transporte. Así, por ejemplo, el maestro Antonio Burgos, cuando en su hermoso "Retablo de Tranvías", recogido en su libro "Sevilla en cien recuadros", nos dice, afinando su esencia de sevillanía:

"Cuarta tabla. Calle Tetuán.1955. Ha acabado la sesión vermú en el Palacio Central esta tarde. Como el invierno está empezando, hay un inconfundible olor a bolitas de alcanfor en estas salidas de los cines. En el San Fernando está Conchita Piquer. Todos estamos paseando por la calle Tetuán. Yo te diré el tiempo que llevamos. Este tranvía, el 87, de la línea 1, con la tablilla colorada, ya es la segunda vez que lo veo. Ya ha dado una vuelta a la redonda el tranvía. Mañana, aquella niña, que está en el Valle, cogerá este mismo tranvía. El tranvía también escribe primeros poemas de amor".

Así, desde pequeño, el no menos grato recuerdo de José Rus:

"Entrañables y familiares tranvías. En ellos se discutía de fútbol y toros, se hacían amistades y hasta muchos noviazgos eran formalizados. Deliciosos tranvías de Sevilla. Cuando les enganchaban las jardineras era como si los vistiesen con ropas de verano".

Así el comentario que, en 1959, hiciera el periodista Gil Gómez Bajuelo, "Don Gilito", tras la desaparición del tranvía más famoso de la ciudad:

"Se va el tranvía de la Puerta Real. Se va, como la Lola a los puertos, dejándonos soledad en el alma. Y es que, con él, desaparece medio siglo largo de nuestra ciudad, de nuestra vida, de nuestros más entrañables recuerdos. Se va el tranvía de la Puerta Real. Ya se ha ido. En la plaza del Museo lo cantan ya los niños al caer la tarde..."

Así, Rafael Llacer Riaño en las páginas de ABC:

"La cocinera del consulado de los E.E.U.U. hacía la compra en el mercado del Postigo; finalizada la misma y portando el clásico canasto grande de mimbre con dos tapas, tomaba el tranvía de regreso en la parada que había al lado del Archivo de Indias (la telera, como se le llemaba, que iba a Heliópolis), y colocaba el hermoso canasto a los pies del conductor, junto al torno del freno, y luego se sentaba. Cuando el tranvía llegaba a la altura de la residencia consular se detenía (no había parada), la cocinera se levantaba, se dirigía a la plataforma y tras colocar unas monedas en la mano del conductor, en calidad de propina, cogía el canasto, bajaba del tranvía y entraba en el Consulado. Servicio de puerta a puerta".

Así Francisco Umbral, cuando definió al tranvía como "góndolas de acero en seco".

Así la nostalgia de don Gregorio Peces-Barba confesando a un semanario madrileño, en Junio de 1984, que más que vocación política sus mayores aspiraciones eran las de ser tranviario, y que de pequeño hasta se entrenaba con un instrumento muy parecido al que usaban los conductores: un viejo molinillo manual de café.

Y así el clamor que en su habitual sección, "Sevilla al día", firmaba la joven periodista, Margarita Capdepont, en el diario ABC del 9 de Agosto de 1978, titulado, con un grito de utópicas esperanzas: "¡Que vuelvan los tranvías!":


"Abogado de la causas perdidas, me podrán poner, paro aún así, a pesar del riesgo que corro, les digo que quiero que vuelvan los tranvías. No sólo por el discreto encanto de las cosas pasadas y antiguas -y es difícil de olvidar un viaje por Sevilla en las "jardineras" de aquellos maravillosos tranvías- sino por diversos criterios de eficacia que luego les contaré.
Paracerá a alguien que volver a los ruidosos tranvías por nuestras calles es como dar marcha atrás al consabido reloj de la historia. Y, sin embargo, en lo del ruido no hemos adelantado mucho en estos años, entre coches, motos y autobuses. Pero no se crean que el tranvía es signo de antigüedad. En muchas ciudades de la civilizada Europa continúan prestando servicio, todo lo modernizado que ustedes quieran, pero tranvías al fin y al cabo. O al menos en otros sitios han conservado algún trayecto como vestigio nostálgico del pasado y como recordatorio de la identidad de otras épocas.
Pero la verdad es que los tranvías no están enterrados ni son pìezas de museos. Y aquí viene a cuento uno de los criterios de eficacia, ésos a los que antes aludí. Todos los técnicos de los transportes y del urbanismo dicen que no habrá solución posible a esto de la congestión y del tráfico urbano si cada uno de nosotros no pone su granito de arena, dejamos nuestros coches aparcaditos donde sea y, revestidos de toda la paciencia cívica del mundo, frecuentamos los medios de locomoción pública. Y por más que lo repiten, parece que casi nadie les hace mucho caso. Claro que las autoridades competentes tampoco se atreven a emplear toda su fuerza coercitiva -que llamarlo así queda más fino que eso de decir aquí mando yo- y hacernos encerrar el coche.
Así las cosas, esas autoridades lo que hacen es ponernos lo de la circulación cada vez más difícil, para lo que vale cualquier tipo de obstáculos. Y no dudo que le asiste la mejor intención del mundo, aunque los resultados no son todo lo espectaculares que desearían.
Bueno, pues si vuelven a poner tranvías me parece que ya el obstáculo es inamovible e insalvable. Mientras que los automovilistas nos atrevemos con los autobuses, con los tranvías la cosa cambia, porque esos van por su raíl y no hay quien los mueva, por muchos bocinazos que le echen.
Pero si este argumento fuera pobre o poco convincente, hay muchos más; algunos que seguro ustedes tienen ya pensados, como el de la maldita contaminación, nada despreciable, por cierto, o el atractivo turístico...
Y a mayor abundamiento -como diría algún arcaico- pues para mi existe un argumento supremo, algo así como la prueba de fuego. Si ustedes comparan lo del metro, esa torre de Babel sevillana que ya nos tiene no sólo confundidas las lenguas, porque es una cuestión que pocos tienen suficientemente clara, y además amenaza con hundirnos a todos bajo tierra sin fecha fija y sin fin cierto, creo que la mayoría no dudaría en quedarse con el tradicional tranvía."

Cuando cerrábamos aquella primera edición del libro en 1979, decíamos que por la razones anteriores y por muchas más: ¡Que vuelvan los tranvías!, aunque sólo sea para cubrir las visitas turísticas de nuestra ciudad, como hizo la ciudad alemana de Dresde con uno de sus viejos ejemplares. ¡Ojalá y cundiera el ejemplo!

FINAL DEL XXXIX CONCURSO DE SAETAS EN MAIRENA

Mañana, día 7 de Marzo, a las 12'30, en el Teatro de la Villa del Conocimiento y las Artes de Mairena del Alcor, tendrá lugar la final del XXXIX Concurso Nacional de Saetas que, en esta ocasión está dedicado al extraordinario cantaor y saetero de la localidad Manuel Ortiz Mauri "Horniga".

Hará la Exaltación de la Saeta José Manuel Peña, siendo el presentador del acto Pedro Madroñal Navarro.

Como finalistas para esta edición, lucharán por alzarse con el Primer Premio: Miguel Ángel Lara Solano, de El Saucejo; Manuel Machuca, de Castilleja de la Cuesta; Aroa Gala, de El Puerto de Santa María; José García Vilches, de Fuengirola; y los cantaores locales Antonio Ortega y Paco Morilla.

Será, sin duda, una final reñídísima porque hay concursantes muy experimentados en esta materia. Felicitamos a los finalistas y, por supuesto, a los organizadores por la gran labor que desarrollan -ya son 39 años- en la difusión del cante por Saetas.

viernes, 5 de marzo de 2010

TRIANA PUNTO Y APARTE: LA SOLEÁ DE TRIANA (7)

PAQUILLO, PACO PAREJO, MANUEL MESA, EL SORDILLO, EL CARNICERO, EMILIO ABADÍA , ANTONIO EL CERAMISTA, EL "CINCO REALES, SU HIJO Y UN AMIGO EN "LA SOLEÁ DE TRIANA"

El 5 de Agosto de 1976 publiqué en el diario "Nueva Andalucía" esta entrevista con uno de los más importantes cantaores del barrio de Triana: Emilio Abadía. Me costó Dios y ayuda poderlo entrevistar, porque, como todos los cantaores viejos del barrio, era un hombre tímido y no le gustaba hablar del pasado, aunque después se explayó. La entrevista la hicimos en la plaza de Chapina, en el estudio de un pintor ceramista amigos de ambos. A raíz de esa entrevista, ya logramos que conociera la Peña "La Soleá" de Triana e, incluso, que cantase para muy pocos elegidos en un par de ocasiones.

Emilio es alfarero, modela el barro con más justeza y con menos medios que cuando empieza a templar su garganta y siente que el duende de la soleá está aflorando por su venas. En Emilio Abadía se da la doble vertiente de artista popular: popular en el modelado de sus figuras y gitanas entrañables, de sus ángeles con bucles onduleantes y de sus preciosos niños panzudos que saben de las manos afiligranadas de un artista que va modelando al compás largo de una soleá de su barrio.

-Tengo setenta y tres años -nos dice Emilio, con la perfecta dicción de quien ha hecho de su arte una de las principales reglas de pureza-, y nací en la trianera calle del Betis. Por eso yo siento a Triana como nada, prueba de ello es que aun viviendo lejos (vivía en la calle Oriente) tengo necesidad de pisar Triana cada domingo y vengo, siempre que puedo, a mi punto de reunión. Triana siempre ha sido igual, incluso a través de las épocas, porque hasta las mismas juventudes sienten a Triana y todo el que ha nacido aquí y canta, tiene más sabor que el que ha nacido más para allá del río.

Emilio es tranquilo, da la impresión cuando se habla con él que el tiempo ha dejado un remanso de fértil tranquilidad en el lago de la expresión. Le pregunto por sus comienzos, si fueron ásperos y difíciles, y Emilio Abadía responde con la serena tranquilidad de quien no ha sido rencoroso y debe más de lo que él haya podido ofrecer.

-Mi comienzo fue el trabajo y he ido compaginando una cosa con la otra. Mi padre era patrón de la Junta de Obras del Puerto, era biznieto de un francés, de cuando aquí entró la invasión, y era un hombre muy bueno y recogido, de muy pocas palabras, las pocas que tenía las empleaba conmigo y para hablar de cante. Con doce años empecé a conocer a los cantaores de Triana y me fui aficionando a escuchar a todos los viejos hasta adentrarme en lo que me gustaba, sin hacer profesión casi nunca. Con 26 años, en 1929, canté en la troupe del Cojo de Málaga, y aunque he sido siempre muy corto se me dio muy bien, teniendo que rescindir el contrato diciendo que no quería viajar, y es que me gustaba más la "costilla" que profesionalizarme.

Vamos mezclando las conversaciones. Hablamos de sus amigos en el cante, de sus maestros, de su vida familiar. Nos pasamos al tema de las distintas formas de la soleá dentro del mismo barrio, de las divisiones geográficas dentro de la misma Triana, y para todo tiene Emilio la respuesta fresca y precisa, cordial y entrañablemente humana.

-A esta parte le llamaban el "Zurraque" porque era adonde más zurraban; porque, a pesar de que existían matones en aquel lado y este, los del "Zurraque" eran más sanguinos. El "Monte Pirolo" se llamó así a la célebre fragüa de los Caganchos, con quienes tuve amistad. Los Caganchos han sido modelos de hombres sinceros y de amigos cabales y trabajadores. La soleá del "Monte Pirolo" ha sido siempre más larga que la del "Zurraque", es la clásica diferencia, corta o larga, que define a los dos polos. Referente al martinete, nació de la carcelera, que se cantaba en las fragüas de Triana y fueron dándole otros sones hasta llegar a uno de los principales cantes de todos los tiempos.

A mi tocayo Emilio Abadía da gusto escucharlo hablar. Si su cante es puro quejío, abierto a todas las sensibilidades, su habla es pura parsimonia. Nos comenta la importancia de Ramón "El Ollero", un cantaor, al que según él, se le ha hecho muy poca justicia. Nos recuerda al primer Cagancho, a su hijo Joaquín, a La Bilbá, a El Rubio. Nos habla de El Pancho como un solearista incopiable, del Cojo Pinea, al que escuchó por casualidad y del que nos comenta que era un gran seguiriyero. Nos baraja nombres entre contamporáneos y legendarios: El Planeta, El Fillo, Ramón, Lorente, Garfias, Vigil, Moralito, su compadre El Goro, Joaquín Costillares, El Pili, Manolo el de los burros, Paco Mazaco, El Lito, Wenceslao, El Sordillo...
La voz pausada de Emilio Abadía va recorriendo los estrechos senderos del cante de Triana, dejando una estela apasionante de anécdotas, de aplausos escondidos en el Puesto de las Flores, de las noches de aguardiente en la tiendecilla de los hermanos Rufina, al final de la calle Larga...

Hombres como Emilio Abadía y Manolo Oliver son los herederos de una vieja solera con madre de varios siglos; una solera que tiene fechas de varios trasiegos, sabores distintos, desiguales robles -Zurraque, Monte Pirolo y Puerto Camaronero-, pero que ha sobrevivido al inexorable paso del tiempo, izando en en el palo grande de los cantes una bandera con nombre propio que, junto a los demás artistas del barrio, sigue ondeando con orgullo, demostrando al mundo flamenco que aún siguen vivos los cantes de TRIANA.

DESDE MI TORRE: EL BUENO DE TORRIJOS



Bueno, está claro que lo de Antonio Rodrigo Torrijos con una pala es un montaje del Photoshop. Este hombre no ha cogido la pala ni cuando niño para jugar en la playa de Mazagón. Odio le tiene a la pala, a la jeringa de ATS y a doblarla. Cuando su dios quiera llevárselo a su seno comunista va a ir con la columna vertebral flamante, digna para un museo de la inoperancia. El pico sí, pero para ayudar a las "gambitas".

Pues este hombre con el que tanto se mete la prensa, sobre todo el diario de las tres letras, diciéndole que si patatín que si patatán, que nos ha cambiado medio callejero de nombres, que nos ha quitado los crucifijos de todas las delegaciones del ayuntamiento, que es una pinza -pero eléctrica- en el cuello de Monteseirín, que es un don nadie... Pues este hombre es un santo varón, como los de Tip, pero en gordo. El hombre, buenazo donde los haya, ha cedido a la petición de las cofradías de Triana para que puedan pasar tranquilamente por el puente sin las vallas de los carriles de la "bicimanía". ¿Y ahora, qué? Lo ven como es un santo. Si lo decía yo.

Él, a lo que le tiene manía es a la hermandad de Las Cigarreras, y por eso lo del local de la banda más famosa de Sevilla, y lo de la capilla en los terrenos de Altadi, pero a las demás no. Él, como delegado de Infraestructuras para la Sostenibilidad, ¡toma ya!, que no sé que sabrá un ATS de estas cosas, ha comprendido que así, como estaba el puente, no podían pasar las cofradías. Y el hombre, un buenazo, un buenazo, un santo varón -¿o barón?- ha dicho: CEDO, pero porque sois vosotras, que si fuese La Cigarrera... Y los hermanos mayores de Triana capaces de colgarle la medalla de oro de sus respectivas por el detalle de este hombre de fe sin límites.

¿No será que este hombre, que nos tiene acojonados con sus veintisiete mil y pico de votos, sale de nazareno en algunas de las hermandades de Triana?

-No, no, Emilio, es que es un santo, un hombre de misa, comunión y rosario diario, lo que pasa es que lo disimula muy bien..., como con lo de la pala.

RINCÓN COFRADE TRIANERO: LA SAETA


La saeta es un llanto solitario que se hace colectivo cuando la emoción nos pone un nudo en la garganta. Algunas veces se convierte en seguiriyas gitanas, o en carceleras, o en desgarrador martinete. El tema es el mismo: el dolor de Cristo y la amargura de María. El telón es el mismo: la Primavera, las mismas salidas o entradas de iglesias, capillas y conventos, las mismas esquinas, idénticas calles y paisajes para mejor visualizar la estampa preferida. Es la misma gente, igual el ritual, pero siempre es distinto el eco de la saeta que nos hace derramar lágrimas distintas.

No hay embalse que albergue más y mayor emoción, porque en sus ecos, doblemente litúrgicos, está encerrada la voz ancestral de una comunidad que siempre ha cantado derredor de la Cruz, amarga la del Calvario y jubilosa la del Mayo de nuestros patios, en una eterna peregrinación que marcha siempre hacia el camino de la Redención.

La saeta se canta a sí misma en el aguijón de sus estrofas y tiene el noble poderío de mezclarnos con su mensaje en la valiente y solitaria voz de quien la interpreta, porque sus motivaciones son en realidad las nuestras y el cantaor, en cierto modo, el que habla y reza por todos, el elegido, la voz de la tribu, el que canta lo que todos sufren. Bastaría la voz de un saetero para demostrar la teología viva de Sevilla a través de un cante, tan terminantemente angustioso, que huye de la algarabía de las coplas para amarrarse a la soledad de las tonás. El que canta en corto y por derecho, está rezándole a Dios dos veces.

La saeta es el lamento espiritual de un pueblo que desde siempre ha sentido a Cristo como amigo y caminante en el quehacer de su vida diaria. La saeta es el tuétano del pueblo andaluz, porque narra de una manera singular la Pasión de Jesucristo tal como él la entiende, la sufre y la vive. Y por eso necesita un Dios humanizado para sacarlo por sus calles y rezarle con un cante de firme autenticidad humana.

El sevillano va hablando con su Cristo con la normalidad del amigo que habla al amigo y, en Semana Santa, tiene una forma hermosísima de conquistar y perseverar en la amistad de Dios: la saeta. Tal vez sea el puñal de un pueblo siempre sangrante por su heridas, dardo, estilete que nos arranca el ¡ay! de un dolor continuado y al que la tierra pone muchas veces un ole como rúbrica... Y el saetero es el trovador de penas y agonías que distribuye, emocionándonos a todos, ese cantar del pueblo andaluz que, según las precisas palabras de Machado, todas las primaveras anda buscando escaleras para subir a la Cruz. Para subir a la Cruz a desenclavar a su Cristo, ese Hombre-Dios hecho a su imagen por las gubias amorosas de sus hermanos artistas, ese hombre al que le canta llorando por lo más trágico que sabe, como llora el amigo al perder a su amigo.


(EMILIO JIMÉNEZ DÍAZ)

POEMARIO TRIANERO: MANUEL MARTÍNEZ DE LEÓN

HOY TOREA JUAN BELMONTE

Hoy torea Juan Belmonte
en la plaza de Sevilla.

Por la ciudad, ya no caben
los pueblos de la provincia.

¡Plazuela del Altozano!
Señá S'antana te envidia,
que en su "velá" no relucen
con más brillo las mocitas.

Martinetes de "Cagancho"
por las tabernas transminan.
¡Ay, "Soleá de Triana"
con las perlas de tus rimas!

¡Carmela, llégate al Monte,
y empéñame la sortija!

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Ya suenan los cascabeles
del coche de la cuadrilla.
Los cuatro banderilleros
plateaban la berlina.

Llenos de arena y de sangre
los picadores volvían.

¿Y Belmonte? ¿Dónde viene
la flor de la torería?

¡Viene en brazos por el puente
llorando a lágrimas vivas!

Y en su trono popular,
Belmonte resplandecía.

En el fondo, la Giralda
representaba a Sevilla.

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¡Está bebiendo los vientos
por Belmonte una chiquilla!

Desde el barandal del puente,
lo persigue con la vista
y en aquel portarretratos
bamba de su gargantilla,
está meciendo a Belmonte
el corazón de la niña.

Por el río va una barca
cantando la seguidilla:

¡Ni Reverte, ni El Guerra,
ni El Espartero!
¡Belmonte es el más grande
de los toreros!

SEVILLA CAMBIÓ DE RITMO

LUCHA DE AUTOBUSES Y TRANVÍAS


Sí, a finales de la década de los cincuenta Sevilla fue cambiando de ritmo, el alternador de corriente por el "gasoil", las llantas férreas bilbaínas por la "firestone", y la obligatoriedad del raíl por la anarquía del volante. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, el sistema de transportes de la Compañía de Tranvías fue cediendo al nuevo y modernísimo modelo municipal. El traqueteo diario de aquel "peligro amarillo" fue apagándose en las dos cocheras existentes, para dejar paso a los resoplidos orgullosos de los "chatos" autobuses.

Tanto cambió que hasta varió el paisaje urbano que, habituado al color amarillo chillón de aquellos rendidos cacharros, fue cambiando su fisonomía ambulante por el celeste y crema establecidos del autobús, llevando en sus lomos metálicos, en vez de las siglas tranviarias, el escudo de nuestra ciudad, ese calcografiado "nomadejado" que abrió nuevos caminos de confianza para el usuario.

Poco a poco, desaparecieron los postes de la amplia red del tendido eléctrico, las originales señalizaciones en hierro colado de las paradas habituaes y las huellas paralelas de sus raíles. Desaparecieron los traqueteos diarios, las aparatosas salidas de los troles, las súbitas paradas en cualquier sitio por la falta de fluido..., pero, qué duda cabe, desapareció también una época importante de los usos y costumbres de varias generaciones de sevillanos.

El autobús acabó con la vida del tranvía, quedando éste como partícipe de una larga historia alborotada y ciertamente nostálgica. El 8 de Mayo de 1960, el ayuntamiento retiró la última línea de tranvías de las calles de la ciudad, concretamente la 17, que iba de la Gran Plaza a la Puerta de la Carne. El último coche que hizo el recorrido fue el 302, cuya fotografía pueden ver en los álbumes que hemos anexado a este trabajo. Aunque el último estertor tranviario culminó el 17 de Enero de 1965 al cerrarse la línea de Puebla del Río, cuyo último tranvía durmió el sueño de los justos en la cochera de Triana.

Lástima que a estos tranvías, como en otras ciudades del mundo, o se ls hubiese dado un destino más feliz, situando algunos de sus ejemplares más característicos en algunos jardines de nuestra ciudad convertidos en merenderos, en algunos parques infantiles o, incluso, creando una línea turística al lado del río, en el Paseo Marqués del contadero.

El último tranvía, asmático y cansado por los años, tal vez fuese el que esbozara en su última morada: ¡Malaya la suerte mía!/ Mi padrino, al bautizarme,/ me puso un nombre: TRANVÍA./ ¡Vaya un tío más pelmazo!/ ¿Por qué no me llamaría/ en vez de tranvía "Pegaso"?/ Y no es que le tenga envidia/ a esos "chatos" fulastrones,/ es que caminan "soplando"/ sinque se les salga el "trole".

Con este último suspiro, más que merecido, el tranvía se fue y, con él, un trozo entrañable de la vida sevillana. Pero los sevillanos, a pesar de las muchas mejoras que trajo consigo este nuevo servicio, aún siguen recordando en no pocas charlas a aquel viejo tranvía de tantas amargas desventuras. Cosas de la nostalgia.

jueves, 4 de marzo de 2010

DESDE MI TORRE: ¡NO TE VAYAS, ALFREDO, NO TE VAYAS!


Estimado Alfredo: No hace falta que señales cómo estás dejando las arcas del ayuntamiento ni las calles de la ciudad ni el espacio para los coches ni las lonjas de Mercasevilla ni las empresas municipales a tu cargo ni... No, no hace falta que señales nada. Todos los sevillanos lo sabemos, lo hemos sufrido en nuestras carnes. Analizando la historia de todos los alcaldes de Sevilla, incluídos los que entraban por el tercio familiar o los nombrados a dedo en la dictadura, menos los paniaguados por el tuyo -que eso es también dictadura y, además, delito-, todos opinan que has sido el peor alcalde de esta ciudad que, contigo, sí que lleva desgraciadamente en su escudo del de "muy heroica".

Dices que la opinión de irte es "personal y meditada". No creo que hayas tenido que ir a un filósofo para que te construya la frase. Te tenías que haber ido cuando tus primeros escándalos salieron a la luz pública, cuando negabas el caso Macarena, cuando negabas el caso Mercasevilla y te escudaste en que tú eras médico -como si no fueses alcalde-, cuando te gastaste millones y millones para conservar otra canditatura más tu poltrona en un tranvía que no lleva a ninguna parte, cuando con tu prepotencia te pusiste en contra de los "fachas" de la calle Asunción y en contra de tus paisanos de Triana, ese arrabal que en octubre de 2009 te arrinconó contra las cuerdas de tu vergüenza y al que cerraste a cal y canto las puertas de la Tenencia de Alcaldía.

No, Alfredo, no digas que te vas. Al menos, en el último acto, dí que te echan y que te lo has ganado a pulso: que te echa tu propia conciencia, que te echa tu Partido, que te echa Sevilla entera diciéndote peores cosas que las que se le dicen a un árbitro en un campo de fútbol.

Pero no te vayas, Alfredo, no te vayas sin ponerle una bomba a las "setas" de la Encarnación, sin quitar el tranvía de la "vaselina y del gel", sin restituir la caseta de Feria a sus legítimos poseedores, sin dejar el puente de Triana como estaba, sin restaurar todo lo que te cargaste en demasiados años de hegemonía..., ah, y sin pasar por los juzgados, porque aquí parece una norma que los nuevos señores de Monipodio siempre se van de rositas.

RINCÓN COFRADE TRIANERO: LIRIOS PARA EL NAZARENO


Ya duerme la Esperanza en la calle Larga mientras Triana continúa despierta de amores encaminando sus andares despaciosos desde el Altozano hasta la antigua senda de las "extremaduras", buscando la añeja pena de un Jesús Nazareno y el amparo chiquito del aro de su O, el otro amparo de los límites del barrio de su Virgen del Patrocinio y la agonía desgarradora y viril, de gallarda entereza, de un Cristo gitano que se resiste a morir para no dejar en luto al arrabal trianero.

Solar de alfares y alamedillas, de almonas y caminos reales por donde Cristo pasa con su cruz a a cuestas al filo de la media tarde. Va el Nazareno con la cruz de todos los dolores de su barrio por el viejo sendero de su calle más rancia. Casi no puede con el peso y parece que es Triana misma quien viendo su dolor le soporta la crujía de carey que todos nosotros, hombres pecadores, pusimos sin querer sobre su hombro.

Camina sereno y pausado, sin oro en la humildad de su túnica morada. Pero Triana hoy camina con Él, por miedo a que su serenidad se derrote y no pueda pasar siquiera con la grave y pesada carga el meandro de amor de Callao y San Jorge hasta el puente.

Bajaron unos ángeles al barrio y limpiaron su semblante y quisieron dejarlo redivivo, pero siguió sangrando por sus venas, y se encorvó aún más su cervival, y una pradera de lirios morados se fue humedeciendo de sangre en sus mecidas.

Sólo Triana y su Madre de la O lo mantienen en pie, tremendamente dolorido, angustiosamente callado, serenamente resignado para el último estertor de la crucifixión.


(EMILIO JIMÉNEZ DÍAZ)

TRIANA PUNTO Y APARTE: "LA SOLEÁ DE TRIANA" (6)

"El Pintillo de Triana" era un gran hombre, una maravillosa persona que, por causas de la vida que nunca quisimos preguntar, vivía sólo, junto a una ralea de perros, en una choza ubicada en un baldío que existía detrás de la barriada del Patrocinio formando parte del cortijo de Pickman camino de la Cartuja. En la Peña "La Soleá de Triana" encontró su refugio, un buen puñado de amigos y admiradores y lo que más le gustaba del mundo: el vino, esa era su perdición, pero, que nosotros supiésemos, aparte de sus perros, era su única compañía.

Francisco Delgado Ramos había nacido en la onubense Zalamea la Real el 30 de Enero de 1917 y la vida lo trajo a Sevilla. Era bajo, de rostro bien definido, de tez morena y siempre muy bien arreglado. Borracho o sobrio siempre iba con traje, camisa y corbata. Se buscaba la vida como podía y en la Peña, que era tan suya como nuestra, encontró calor, dinero bajo cuerda, alimentos, amistad y compaña, que era lo importante. Cantaba con una fuerza rotunda por fandangos al estilo de Fregenal y, muy especialmente, por Antonio "El Sevillano". Era un hombre ejemplar en todo, excepto cuando el vino le podía. Su imagen diaria por la calle Alfarería no se me olvidará. Con su traje negro y su reala de perros, podía pasar por un marqués bohemio. Fueron muchas las vivencias que compartí con él, muchos los buenos ratos y muchas las buenas broncas que me echaba cuando yo le decía que no debía beber más aquella noche. Con el dedo índice clavándomelo en el pecho con fuerza, me decía: -Tú no tienes corazón. Posiblemente era verdad. ¿Quién era yo para decirle que no bebiese más cuando a lo mejor estaba olvidando una pesadilla del pasado?

Un buen día, a principios de Febrero de 1980, unos incendiarios anónimos quemaron su humilde chabola, que era todo su tesoro terrenal. La redujeron a cenizas, aniquilando su cobijo, siempre limpio, sus pocas y únicas prendas y sus siempre lustrados zapatos. Un hombre que no hacía daño a nadie y que, sin embargo, siempre tenía un cante a flor de piel para pagar algunas atenciones de los amigos, se quedó de pronto sin nada. Rápidamente se le organizó un homenaje en la Peña "Torres-Macarena" al que no acudieron ni los muchos artistas que se esperaban ni el público. Tan sólo 164 personas acudieron a la llamada, y el cartel lo compusieron, con mucho trabajo: Manolito Triana, Ildefonso Pinto, Luis Caballero, Manuel Márquez "El Zapatero", Juan Antonio Chacón, El Lele de Camas, Isabel Bayón, Antoñito Suárez, Fernando Luna, Pepe Martínez y Pepe Triana. Entre estas entradas vendidas y la llamada fila "0" se recaudaron 66.100 pesetas, con las que se abrió una cartilla en el Monte de Piedad y, para que no se las gastase a ciegas y a locas, se puso a nombre suyo y mío, una cuenta mancomunada donde si quería dinero yo tenía que ir con él y firmar o mi mujer.

Desde ese momento sí que entablamos una amistad profunda. Él llegaba a mi casa de Manuel Arellano, Loli le ponía su cafelito y sus pasteles mientras yo le apañaba ropa: camisas, chaquetas, gabardinas y, sobre todo, corbatas ¡qué le gustaban las corbatas!. De allí nos íbamos a la avenida de Santa Cecilia y por el camino le preguntaba: -¿Cuánto quieres sacar? -Mil durillos. -¿Te vas a comprar algo? -Sí me hace falta calzoncillos y calcetines y, bueno, también para alguna copilla... Era una maravilla en su sobriedad, con una mente privilegiada. Se me daba un aire muy grande a mi abuelo. Cuando murió, en Octubre de 1981, el saldo que quedaba, que eran unas 40.000 pesetas -lo que quiere decir que se administró bien desde aquel homenaje-, se destinó a un entierro digno y a costear la lápida de su enterramiento. Tambien la Peña "El Sombrero" le había dado una cena-homenaje y entre una y otra cosa se mantenía, más las atenciones alimentarias que tenían con él muchos vecinos del barrio y, por supuesto, mi compadre Paco Parejo.

Fue, sin duda, uno de los pilares fundamentales de las noches cantaoras de "La Soleá". Su fandango, nacido del corazón, aún se nos clava en las entrañas de aquellos que tuvimos la suerte, semana tras semana, de escucharlo de sus labios:

Se la había antojao un clavel
a la Virgen Macarena
y la Esperanza de Triana
fue hasta Valencia por él
á darle gusto a su hermana.

Maravillo hombre Francisco Delgado Ramos. Gigantesco cantaor "El Pintillo de Triana".

POEMARIO TRIANERO: MANUEL LOZANO HERNÁNDEZ

A LA ESPERANZA DE TRIANA

Tanto dominio de lo bello al viento.
Tanta dorada gracia y filigrana.
Tanta hermosura y luz de soberana
que ilumina y encanta el sentimiento.

Tanta Esperanza en flor, vida y aliento
vas dando de la noche a la mañana,
que te llevas la gracia de Triana
al ritmo de tu paso en movimiento.

Y en un clamor de ola marinera,
un velo de emoción teje en la aurora
al contacto de tí, Triana entera.

Primavera morena que enamora.
Esperanza en la sangre trianera
y orgullo de Triana que te adora.

EL HUMOR Y LAS LÍNEAS TRANVIARIAS (6)

EL TRANVÍA DEL CERRO SALIENDO DE LA GRAN PLAZA

Había gracia a raudales por aquellos años. De una forma u otra siempre saltaba la espita del humor sano para meterse con la Compañía de Tranvías y con esos viejos armatostes que cruzaban de un lado a otro, ya muy descuidados en sus últimos años, la piel de la ciudad.
En el año 1979, cuando salió la primera edición de este libro mío que estoy compartiendo con vosotros, un amigo, López Miguel, me regaló, con una dedicatoria muy especial, este relato humorístico sobre el tranvía de una de las líneas de más largo recorrido: la 12, correspondiente a Plaza Ceferino González, Cerro del Águila, Nervión, pero al que siempre se conocía por su punto de destino como el "tranvía del Cerro". Como no pudo entrar en aquella edición, hoy quiero compartirlo con vosotros por la enorme gracia que derrocha este amigo en estos versos cachondos a los que tituló: "Un tranvía llamado del Cerro":

¡Qué viaje de placer/ tuve que hacer en tranvía/ a la barriada del Cerro/ cuando más agua caía!/ Es un viaje tan lindo/ que pronto estará de moda/ tomar el tranvía del Cerro/ como viaje de bodas./ Tapándose con un saco/ de aquella luvia tan fría,/ el último de la cola/ avisó que ya venía./ Y un gitano muy garboso/ pá demostrar su alegría/ haciendo son con las manos/ cantó así por bulerías:/ "Si oyes sonar muchas latas/ y rechinar muchos hierros,/ o es que están quitando el Jueves/ o viene el tranvía del Cerro"./ Entre boquetes y baches/ llegó por fin el coloso/ con su color amarillo/ tirando a verde mohoso./ Al conductor al parar/ con genio y malos modales/ se le cayó de la oreja/ la colilla de Ideales./ ¡Vayan pasando, señores!/ Que quepan más pasajeros,/ colgarse de ese palito/ como hacen los jilgueros./ En mi vida he visto yo/ con tanto como he corrío/ de correr más a una vieja/ hacia un asiento vacío./ Se escabulló entre la gente,/ cogió un galope tendío/ y cuando llegó al asiento/ otra ya lo había cogío./ ¡Vayan pasando, señores!/ Quitad de enmedio esas cajas,/ y ese largo que se cierre/ lo mismo que las navajas./ Por fin arrancó el tranvía/ con su trote cochinero/ calle San Fernando arriba/ camino del Mataero./ ¡Por Dios, tenga usted cuidao/ que me mancha la rebeca!/ Mira que vení en tranvía/ comiendo pan con manteca./ ¡Cobradó, este tranvía se llueve,/ gracias que el agua no es mucha!./ Pó quítese usté el vestío,/ l
as medias y las babuchas, y aproveche usté el viaje/ que le hace falta una ducha./ ¡Ay! ¿quién me araña en la espalda?/ ¡Válgame Dios qué mal rato!/ Será esta vieja de atrás/ que lleva en brazos un gato./ Señora, ese gato afuera,/ tirarlo por la ventana,/ que si viene el inspector/ me cuesta a mí seis semanas./ Ya lo dice el reglamento/ de materias transportables:/ aquí no pueden ir gatos/ ni líquidos inflamables,/ y el que no quiera mojarse,/ que compre un impermeable./ Una con un niño en brazos, grita:/ Un asiento, por favor,/ que me encuentro mareada./ ¡No dejárselo, señores,/ que el niño se lo ha prestado/ otra que ya va sentada!/ Lo que pasa en el tranvía/ no debe de suceder,/ que el que cobra va sentado/ y el que paga va de pie./ Ahora que el tranvía ha parado/ se ha subido el inspector,/ y la gente grita a coro:/ ¡Ya se subió er picaó,/ ya se subió er picaó!/ Señores:/ soy revisor o inspector,/ tengan vergüenza y decoro,/ que yo no le pico a nadie/ como se pica a los toros./ Y así continúa su marcha/ el gran coloso amarillo/ hacia la ciudad del Cerro,/ provincia del Tamarguillo./ De pronto, pega un frenazo,/ ¡Osú, Dios mío, qué ha pasao!/ La gente salió roando/ cada una por su lao;/ unos cayeron de espaldas,/ otros cayeron de lao,/ y otros cayeron de boca/ sobre aquel suelo enfangao./ A la vieja que venía,/ el gato se le ha escapao/ y va arañando furioso/ al que coge descuidao./ Poco a poco se levantan/ personas llenas de fango/ protestando plañideras/ como si cantaran tangos./ La vieja llora su gato,/ aquel sus cuatro arañazos,/ y el otro el pan con manteca.../ que le quedaba un peazo./ Y entre tanta confusión,/ sobre el asiento subido,/ va diciendo el cobrador:/ ¡Señores, se fue el fluido!

¿Gracia, o no?

miércoles, 3 de marzo de 2010

UN LIBRO PARA RECOMENDAR

No sólo para los amantes del mundo taurino, hasta incluso para los que lo desprecian, es interesántisima esta obra sobre uno de los personajes sevillanos más extraordinarios por la poliédrica forma de vida que llevó. Aunque hay otros libros que nos acercan a su biografía, pero más metida exclusivamente en el apartado de los toros, esta obra de Andrés Amorós y Antonio Fernández Torres: "Ignacio Sánchez Mejías, el hombre de la Edad de Plata", aparte de estar totalmente actualizada con documentos que ha aportado la propia familia, nos acerca al hombre, a su testarudez o soberbia por conseguir siempre lo que quería: ser polizonte, banderillero, torero, poeta, escritor, dramaturgo, amado y amante, mecenas, empresario, hombre abierto a todas las modernidades que llegaban: automovilista, piloto de aviación, actor, presidente de varias entidades..., y, hasta si se lo hubiese propuesto, podría haber llegado a ministro o presidente del gobierno.

Era un hombre que convencía -evidentemente con sus partidarios y detractores- y que a nadie dejaba indiferente. Todo, absolutamente todo lo relativo a su vida, que no tiene desperdicio, está aquí, en este libro profundo de sensaciones, y por lo tal ameno, publicado por Almuzara, con un precio -un tanto caro- de 25,95 euros. Pero el gasto bien merece la pena.

RINCÓN COFRADE TRIANERO: MADRE Y SEÑORA DE LAS CIGARRERAS

LA VIRGEN DE LA VICTORIA SALIENDO DE LA FÁBRICA DE TABACOS

Esperará Triana hasta el Jueves Santo, cuando todas las mocitas abran sus arcas buscando sus mantillas y las calles trianeras se conviertan en caminos de blondas para visitar los Sagrarios. Por la tarde, orillas de San Telmo, esperarán a su Madre andarría de La Victoria. Si mucho tuvo que andar esta antigua hermandad desde su fundación en San Benito, pasando por el monasterio de la Santísima Trinidad, la Antigua y los Siete Dolores, San Francisco de Paula, San Miguel, Los Terceros, San Andrés, San Pedro, Omnium Sanctorum, Santiago, Santa Catalina y la Real Fábrica de Tabacos, hoy los trianeros estamos orgullosos de su presencia en nuestro arrabal, porque le hacía falta a Triana, en la horizontal más sureña de nuestro río, una espadaña de fe en el símbolo de Cristo atado y azotado por confesar que es Rey, y el amor de María victoriosa.

A Ella: María de la Victoria, la Victoria de María, Victoria Dolorosa o Victoria Cigarrera, a la que adornaron las mágicas inspiraciones musicales de López Farfán, Francisco Barril, Font de Anta y José Velázquez, y ante la que se postró de rodillas, hace 106 años, el rey Alfonso XIII, y se han rendido los ángeles y arcángeles del cielo sevillano, Triana le ha puesto una orilla en la que retratar su cabeza inclinada, sábalos de plata que danzan y saltan para alegrar el llanto de sus seis lágrimas de perlas, juncos de cristales para adornar su belleza y cientos de duendecillos morenos del Monte Pirolo y del Puerto Camaronero para que le canten hosamnas y aleluyas por bulerías.

Y Madre Victoria, 45 años ya en el corazón de Triana y de los trianeros, sonreirá feliz cuando en la alta tarde el río confunda su sabor salobre con el de los altos mirabeles y albahacas rodeados de incienso; cuando las palmas se mezclen con las notas del himno nacional; cuando ya por fin de vuelta a casa, después de tanto y tanto caminar por capillas y altares de Sevilla, se sienta orgullosa de agradecimiento y diga que bendita la hora en que Triana la acogió en su seno como Madre y Señora de las Cigarreras.

No cabe suerte mayor
ni existe más laureada
que verte, Señora, anclada
en esta orilla de amor.
Ya con nostros tu flor,
tu rosa de la mañana,
tu jazmín por la ventana
de este hulmide caserío
y tu nombre junto al río
en la orilla de Triana.


(EMILIO JIMÉNEZ DÍAZ)

POEMARIO TRIANERO: MANUEL PACHECO SEGURA

GUADALQUIVIR

Fértil, sagrada tierra. Alegre cuna:
Cazorla de cristal. Jaén envía
su límpida canción a Andalucía
oriverde y sensual. Cruza la luna

-risa de nácar, brillo de aceituna-
por Córdoba buscando la armonía
del agua y la leyenda. El sol porfía
con sus ondas de plata. No hay ninguna

corriente más hermosa. Ya Sevilla
sus esmeraldas roba y se engalana,
celosa y fiel. Cádiz se maravilla

ante su alquimia azul. Después, ufana,
Sanlúcar junto al mar le da su orilla.
Muere el Guadalquivir. Llora Triana.

EL HUMOR Y LAS LÍNEAS TRANVIARIAS (5)

EL 314 EN LA COCHERA DE TRIANA

En el "Libro-programa de Er 77" que comentábamos ayer, y también con el seudónimo de "Pako Trola", nos encontramos con esta suculenta entrevista que un "imaginario" reportero hace a "Manolita Jardinera". Había gracia a raudales en aquella Sevilla de los años 50. ¡Compruébenlo!

Cuando entramos en el "Hotel Cochera", y preguntamos por la habitación de la señorita Jardinera, nos llevan casi a "remolque" a su presencia. Nos la encontramos después de su último recorrido, "sole, fané y descangallada", como diría el tango. Seguidamente iniciamos nuestra entrevista...:

-¿Por qué se dedicó al teatro?
-Porque tengo madera de artista.
¿Quién fue su padre?
-Don Pino Verde.
-¿Y su madre?
-Una caja vacía de mazanilla "La Guita".
-¿A qué se debió su triunfo en la escena española?
-A que tengo "muchas tablas".
-¿Y su fracaso?
-A las malas "compañías?
-¿Se considera normal?
-No
-¿Por qué?
-Porque me faltan "muchos tornillos".
-¿Cuál es su ópera favorita?
-"La Tranviata".
-¿Qué película le ha causado más impresión?
-"Han robado un tranvía".
-¿Y cuál le gustaría interpretar?
-"Un tranvía que yo no deseo".
-¿Y qué diría de esa película?
-Pues "que-Marlo" es lo mejor.
-¿Qué es lo que más le gusta?
-Dar billetes capicúas.
-¿Y lo que menos?
-Ir siempre a remolque de un "trolero".
¿Cuál es el piropo que más le ha gustado?
-Ese que dice: "Merecía esta serrana que la tiraran al río por el Puente de Triana".
-¿Qué hace usted con el pueblo sevillano?
-Pues yo hago de jardinera.
-Y el pueblo sevillano, ¿qué hace con usted?
-De-jar-dinero.

En la misma tónica cachonda, y en la misma publicación, correspondiente al año 1955, aparece una entrevista que el popular locutor y escritor Agustín Embuena le "realiza" a un achacoso tranvía:

-¡Oyentes queridos... saludamos a ustedes desde nuestros pancrófonos instalados en una espléndida cochera, dond enumerosos tranvías sevillanos descansan después de su ardua y meritoria labor! ¡Vamos a aproximar nuestro micrófono a uno de estos simpáticos vehículos, y así preguntamos al más próximo...! ¿Contento de estar en Sevilla?
-En realidad sí, hijo mío, de no estar en Sevilla hace tiempo que me hubiesen convertido en chatarra.
-¡Estupenda respuesta, hecha con buen humor!
-Pues no tengo buen humor ya, hijito. Antes era pacífico, pero ahora, por menos de nada "pierdo los estribos".
-¿Y a qué se debe eso?
-¡Cosas de la edad...! ¡Hace dos lustros que tengo reuma articular en los hierros, y estoy desmejorado! Me encuentro viejo... he perdido el color...
-Eso se arregla pintándose.
-A cierta edad, hijito, por muchas manos que se dé uno, no pueden taparse las arrugas... ¡Si viese usted lo bien que me sentaba el amarillo antes...! Pero, fíjese. ¡A mis años, y vestido todavía de amarillo...
-¡Sí que es poco serio! Y usted se encontrará pesado, gordote...
-Pesado sí, pero gordo no. Nosotros, mientras hamos servicio tenemos que conservar la "línea". ¡Y si supiera usted el trabajo que me cuesta andar! ¡Me crujen las ventanas, me tiemblan las plataformas, me vacila el techo, me falla el timbre...
-¿Y tiene que funcionar hasta el último momento?
-Sí, señor. Nosotros somos de los que tenemos que morir con las ruedas puestas.
-Comprendo. Y los años pesan...
-Pesan los años, y pesan los viajeros. Y eso que a los viajeros les tengo ley. Imagínese que los conozco desde que eran niños. Hombres con barbas, sesentones que ahora montan encima de mí, los llevaba su madre en mantillas cuando yo era un veterano.
-¡Triste existencia, querido tranvía!
-¡Tristísima! ¡Y que no hay quien nos mate! ¡Nos queda todavía mucha "vía" por delante! Le digo a usted que estoy hasta los topes de todo esto.

-Y dígame, ¿su mayor aspiración en esta vida?
-Que creen un asilo de tranvías ancianos y octogenarios, y que me jubilen, junto a mi "jardinera", con la que estoy unido hace veinte años...
-¿Y a qué achaca usted su vida triste y desgraciada?
-A las malas "compañías", hijito. A las malas "compañías".
-Pues muchas gracias por sus palabras, y me retiro, que tendrá usted que descansar.
-Lo procuraré, aunque ya llevo mucho tiempo sin lograr pegar un faro. ¡Me duele todo! Y encima le gente se ríe de nosotros.
-Bueno, usted no se preocupe de lo que diga la gente.
-No; si a míu, lo que la gente diga me entra por una plataforma y me sale por otra. A mí lo que me mata es el reuma.
-¿Y por qué no se lo cura?
-Ya lo hago. Todos los días me ponen "corrientes", y por eso ando. Mi trsite sino, será chocar cualquier día con un camión. ¡Qué le vamos a hacer!

Al llegar a esta parte, el tranvía suspira y le crujen los hierros, se humedecen sus faros, y el tiembre suena imperceptiblemente, en sollozos contenidos. El locutor se retira en silencio, y la cochera queda allí ocultando su drama, con un silencio evocador y respetuoso para la ancianidad que en ella habita..."

Ganas de guasa, desde luego, no faltaba en aquellos años de tanta miseria. Al fin y al cabo, el humor era una buena medicina para poner a mal tiempo buena cara.

TRIANA PUNTO Y APARTE: "LA SOLEÁ DE TRIANA" (5)

Uno de los contertulios más asíduos de la Peña "La Soleá de Triana", hasta que se fundó en la cercana calle Tejares la Peña "El Sombrero", fue el gran cantaor Manuel Oliver Dorado, quizás el que más matices conocía de este "palo" singular. Manuel había conocido mucho y cada vez que hablaba sentenciaba. Era bajito, pero pura fibra de nervios, tenía siempre un mondadientes en la boca y una impecable mascota en su cabeza, no bebía y no fumaba, pero era capaz de tomarse 14 cafés seguidos. Tenía 70 años cuando yo lo conocí allá por 1975, y una memoria prodigiosa.

Una tarde me quedé citado con él en la Peña para hablar de cantes y cantaores de Triana, de su experiencia y de su vida. Conductor de profesión por aquel entonces y cantaor de vocación, no dejaba resuello al suspiro. Era un diccionario del cante trianero al que iba acumulando léxicos a través de sus propias vivencias cantaoras.

Para profundizar en la historia trianera del cante, en sus más antiguas raíces, tendríamos que ahondar por fuerza -fuera de la conjunción trianera de picardía y gracia popular- en el quejío profundo de su pena de siempre: la Soleá. Soleá de Triana que, como fuente inagotable, ha mantenido los veneros más puros del caudal del cante. Soleá de Triana que nos trae a la memoria por los viejos del barrio los ecos legendarios de Ramoncillo "El Ollero" y los nombres de Moralito, El Pancho, Garfias, Enrique Vigil, El Cartujano o El Niño de los Moños, y que tenían entonces sus más fieles herederos en unos hombres que, a pesar de la edad avanzada, aún ponen los vellos de punta cuando el cante escapaba de sus pechos y rajaba el aire apretado de silencios.

Así nos decía Oliver cómo eran los cantaores de Triana: "Los cantaores trianeros se levantan a las siete de la mañana y nos ponemos a trabajar; primero, el trabajo, y después hemos tenido el gusto de gastarnos cien duros y cantar donde quiere que haya sido, hasta quedarnos con el desarrollo de la noche y acabar con el cuadro. ¿Grabar?, no. No grabo porque las casas de discos no quieren dar lo que vale una soleá de Triana y a mí, como no me hace falta, si Triana vale, vale, y si no, no vale ná". Él era de los que pensaban, con profundidad y conocimiento, de que el cante no ha debido comercializarse, porque lo que ha ganado en profesión lo ha perdido en su primitiva pureza. Me habló, como el que pone en sus palabras la valentía y senequismo de una verdad invariable, de El Pili y Joaquín Costillares, del Pintorropo, del Quino, del Sordillo y de los hemanos Ballesteros. Se afanó en demostrarme, con las manos abiertas de par en par, cual si desgarrase el último tercio de una soleá, la importancia de las letras que se han cantado en Triana, cuyo mensaje nunca ha tenido una importancia social y sí una carga de celos, de amores y de cosas sencillas de la vida cotidiana.

"Las letras de soleares -me dijo Manuel Oliver- se han cantado por varios estilos diferentes, cada uno lo ha hecho a su manera. Emilio Abadía, un gran cantaor casi de mi misma quinta, ha hecho un cante grande de soleá "p'arriba" que no lo podíamos hacer los demás, porque nosotros siempre hemos tirado para abajo y hemos hecho el cante corto, aunque la soleá de Triana hay que cantarla por escalafón. Para que la gente comprenda el cante trianero, hay que cantar los versos de tres o cuatro letras seguidas, entrar por la soleá corta para templarse, la soleá grande o macho y, después, el cambio por soleá, que ha habido que hacerlo igual que en la seguiriya. El palo más fuerte de Triana ha sido la soleá. El noventa por ciento de los cantaores trianeros pertenecían al gremio de la alfarería, de ahí que se le haya llamado a este cante soleá alfarera. Era un cante muy señorial, muy meloso, por eso ha quedado la soleá del Zurraque por encima de la soleá gitana o aflamencá. La diferencia estriba en que en el Zurraque se ha hecho la soleá mucho más corta que en el Monte Pirolo, mientras que de allí ha nacido el martinete y se ha cantado mejor la seguiriya y la carcelera".

Le preguntamos aquella tarde a Oliver, que se desvivía queriéndonos contar todas sus vivencias y anécdotas en sólo un rato, quiénes creía él que eran los cantaores más representativos de este matiz de cante soleaero. "De ayer, El Pancho, El Goro y Garfias; de hoy, Emilio Abadía, Domingo "El Alfarero", Antonio "El Arenero" y "El Teoro", verdaderos puntales en este arte difícil". A salto de mata nos habló de un párrafo importante en la cultura trianera: el baile. Nos recordó a "El Tumba" y a "El Tumbilla", nos habló una y otra vez de la bodeguita de los Ballesteros, del Puesto de Laureano, de La Europa..., confesándome que él no había salido todavía de Triana y que las veces que ha tenido que salir de allí se moría a los tres días sin ver el puente. "Que nadie crea que las cosas y el arte de Triana lo puede llevar todo el mundo. Es como si un torero dijera: "Voy a pegar seis naturales como los pegaba Belmonte". ¡Antié!, Belmonte fue sólo uno y Triana no hay más que una".

En la íntima conversación con Manuel Oliver en la Peña "La Soleá" pude conocer su gran amor a Triana y al cante de su barrio, a su terruño y a su gente. Era, sin duda, el mayor conocedor de "palos", estilos y matices, aunque no tenía una soleá propia como "El Arenero" o Emilio Abadía. Podía llevar sus tercios a los más altos registros. ¿Conocimientos?: todos. ¿Rarezas?: todas. Recuerdo que en el disco de "La Triana del Zurraque" nos dejó tirados después de comprometerse. Eso de grabar no lo tenía él muy claro..., a no ser que fuese por mucho dinero, y no estaban las casas discográficas por la labor. De todas formas hay muchas grabaciones de él en recitales de peñas, actos culturales, etc. Yo presumo de tener una buena fonoteca suya de las muchas conferencias que me ilustró con sus cantes.

Manuel Oliver, contertulio habitual de "La Soleá de Triana", fue uno de los que más apoyaron esta reunión de amigos desde el principio, hasta que unos amigos comunes decidieron escindirse de esta familia y formar otra, a la que pusieron "El Sombrero" en homenaje al que Oliver siempre llevaba en su cabeza, una entidad que también hizo una buena labor pero que jamás llegó a tener el encanto de la primera peña flamenca trianera. Un día hablaremos de ella y de los actos -algunos de ellos muy importantes- que esta entidad llevó a cabo.

martes, 2 de marzo de 2010

DESDE MI TORRE: LAS CIGARRERAS Y EL PGOU

LA VIRGEN DE LA VICTORIA EN LA PUERTA DE LA FÁBRICA DE TABACOS

Ayer, por un artículo publicado en el diario ABC, firmado por mi primo José Antonio Rodríguez, me he informado del gran problema que tiene la Hermandad de las Cigarreras, no sólo con la empresa multinacional Altadis, sino con los problemas derivados entre las diferentes posturas de los dos partidos políticos en coalición que gobiernan nuestra ciudad: PSOE e IU. Parece mentira que el partido socialista, por la ambición de gobernar, esté secuestrado por veintisiete mil y pico de votos -Antonio Burgos siempre da la cifra exacta-, y quien verdaderamente gobierna es ese mínimo partido a cuyo frente está un indíviduo que, si por él fuera, nos quedábamos sin Navidad, sin la fiesta de la Inmaculada, sin Corpus y, por supuesto, sin Semana Santa. Su nombre está en la mente de todos, pero por si a alguno se le olvida, no es otro que Antonio Rodrigo Torrijos (lástima que Torrijos se llamase y llama la calle trianera donde nací). ¡Mira que es amplio el callejero sevillano!

La multinacional Altadis ya no existe ni en muchos sitios de España ni, por supuesto, en la calle Juan Sebastián Elcano, donde en el solar de la hoy extinta fábrica se levantó Capilla para que en ella tuviese sitio y lugar, con sus imágenes, desde 1965, la Hermandad de la Virgen de la Victoria y la Sagrada Columna y Azotes de Nuestro Señor Jesucristo, llamada siempre de "Las Cigarreras" por estar vinculada desde 1904 a la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. Altadis, desde su asentamiento en orilla trianera, ha hecho imposible siempre la vida de esta hermandad, una de las que más mudanzas ha sufrido a lo largo de su historia. Nadie puede visitarla fuera de las horas de culto; no se pueden celebrar bodas en su capilla; no dejan que se haga una restauración que es totalmente necesaria; el calendario de culto hay que ponerlo en conocimiento de la dirección de la empresa; no quieren que la capilla tenga una entrada independiente...

Por una parte, el PSOE quiere que los 40.000 metros aproximados que ocupaba Altadis, situados en un sitio privilegiado, a la orilla del río, sean destinados para usos sociales, culturales, etc., pero como IU lo tiene cogido por allí donde más duele, no puede hacer nada, o mejor dicho, no le interesa hacer nada si no quiere perder la Alcaldía. En IU, que quiere seguir manteniendo el uso industrial del suelo, como si no hubiese polígonos por ahí, actúa además una mujer que era la lider, presidenta o como se llame, del Comité de Empresa de Altadis, Josefa Medrano, y que no ceja en su empeño de vengarse de Altadis hasta el final..., hasta el final de que se queden sin votos, pienso. El PSOE, ante este otro posible enfrentamiento con el socio que lo mantiene en pie con ese número exacto de votos que siempre nos recuerda mi amigo Burgos, ha dado marcha atrás en la ilusión de modificar el PGOU para este espacio y, además, en la promesa verbal que hizo a la Hermandad en 2009, por labios de Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, de que "la capilla sería cedida de por vida a la Corporación".

Una novela sería más fácil de escribir que este drama en el que sólo saldrá perdiendo, si no se levantan las voces, tan querida Hermandad. El PSOE dice que todo esto se desbloqueará cuando gane por mayoría absoluta. Pero ¿después de lo que están haciendo con Sevilla, tras los mangazos que le están propiciando a la ciudad, tras los desastres que están ocurriendo, cree el PSOE que va a ganar por mayoría y, además, absoluta? ¿En verdad que se creen subidos de nuevo al poder sin unas migajas de votos que como estos de IU lo tienen debajo de la espada de Damocles?

Mal lo tiene la Hermandad de "Las Cigarreras", pero todavía no he escuchado la voz del Consejo Superior de Hermandades y Cofradías de Sevilla, ni de su Arzobispo -al que, además no le hacen mucha gracia las cofradías, y lo sé porque estuvo en Córdoba-, ni de ninguna de las hermandades trianeras: Estrella, Salud, Esperanza, O, Cachorro... Bastaría para que en solidaridad con su hermana se negasen a salir este año si antes no se soluciona el tema, o no atravesar el puente, para que, al menos, Monteseirín demostrara que tiene lo que dicen que tenía el caballo de Espartero: esos huevos por donde al alcalde y al partido que representa, el PSOE, lo tiene cogido el amenazador Torrijos y la escasa hueste de paniaguados que lo siguen.

POEMARIO TRIANERO: RAFAEL BELMONTE

ESPERANZA DE TRIANA

¡La Cava se puso en vilo
al ver su Imagen pasar!
¡Mil coronas de azahar
cortó de Sevilla el filo!
Y por al aire tranquilo
cruzó una Esperanza clara,
de menta, romero y jara,
de cristal y de amapola...
Y una rosa, su corola
deshojó para su cara.

Un gitano canastero
lanzó al aire su saeta
que en la madrugada quieta
es grito de fe sincero.
Clamor popular certero
que el Pecho Divino alcanza.
Y bajo su palio avanza
al vaivén de una mecida
una Rosa estremecida
¡La Virgen de la Esperanza!

RINCÓN COFRADE TRIANERO: COSTALEROS

FOTOGRAFÍA DE SIMONE CANDIA

Hay muchos poetas en la concepción de la Semana Santa de Sevilla: el pregonero que la canta; los cofrades que la cultivan; los hermanos que clavan las puntillas y aprietan los tornillos de las parihuelas, canastillas y respiraderos, viseras y maniguetas, candelerías y varales, palios y polleros, hachones y crucetas, para que nada falle sobre los pasos que habrán de llevar, cimbreantes por las calles, a cada una de las advocaciones de sus Vírgenes y Cristos; los floristas que, con suma destreza, colocan sobre las morcillas de cáñamo, los claveles "encañaos", dispuestos para ser convertidos en rojos calvarios, o las flores enhiestas, estéticamente colocadas en los floreros de plata que cortejan a las Dolorosas; poetas la juventud cofrade, que empuja, anima y renueva..., y poetas son los costaleros, cargadores de la verdad y artífices supremos de la Semana Santa, porque llevan sobre sus espaldas amoratadas, tensos los brazos, sudorosas las frentes y encallados los labios, la carga de una Pasión completa y el dolor de un viacrucis anónimo cuando se erigen en fieles cirineros de Cristo, aguantando, como Él, el peso de la cruz sobre la intensa humildad de unas alpargatas de esparto, o izando hasta el cielo, de una manera inigualable, los "pasopalios" de sus Vírgenes, que ellos mueven con el arte sublime de Sevilla.

Duelen las trabajaderas cuando se sienten redoblados los golpes del martillo en cada posición de la "igualá" y se aceran los músculos para la levantada súbita. Traseros o delanteros, costeros o fiadores, pateros o corrientes, irán "tós por iguá" obedeciendo la voz de ese dios humano que es el capataz. Y habrá levantás a pulso y levantás dolorosas por el cimbreo cuando la voz ordene sobre el silencio "Al cielo con Ella". Y se picarán abajo por entre las trabajaderas "arriando por parejos", y se alegrarán los pies cuando por las calles especiales del recorrido, unas veces con alegría y, otras, jumeándole el taco a la cudrilla, el paso camine de otra forma diferente en cada amorosa chicotá.

No me habrá de dolor bajo tu pena
el llevarte la Cuz, ¡ay, Jesús mío!,
porque sólo de ver tu escalofrío
soy capaz de llevarte tu condena.

Que como Tú, Jesús, la frente llena
hoy tengo de sudor y desvarío,
que como Tú, Jesús, siento un quejío
que la espalda morada me barrena.

Porque he sido, Señor, tu costalero,
porque he aguantado firme mi costero
y he sido cirinero de tu suerte,

sólo quiero que Tú lleves mi vida
cuando llegue la hora de la herida
y me pese la sombra de la muerte.


(EMILIO JIMÉNEZ DÍAZ. "Pregón de la Semana Santa de Utrera. 1993)

EL HUMOR Y LAS LÍNEAS TRANVIARIAS (4)

DIBUJO DE "CABALLETE"


Aparte del Semanario Festivo Popular "Don Basilio" y del "Sevilla en Broma" de "Galerín" y de las publicaciones periódicas de "Don Cecilio", otra publicación que casi siempre sacaba algo referido al tranvía era la que salía anualmente, por las fiestas primamaverales, como "Libro-programa de Er 77", que tan excelente recuerdo dejó en la memoria de todos los sevillanos de aquellos años, y en la que colaboraban, la mayoría de las veces con seudónimo, importantes escritores de la vida sevillana y de fuera de nuestros lares. Don Rafael Belmonte García, médico analista y hermano del célebre torero Juan Belmonte, fue uno de sus grandes colaboradores. En una página de esta publicación, tras la firma de "Pako Trola", nos invitaba a resolver un "difícil" acertijo con el título "Adivina adivinanza con el moyate en la panza", acompañada del dibujo de "Caballete" que se adjunta:

Es una cosa amarilla/ que corre haciendo: ¡tilín!,/ salta, baila, brinca y chilla,/ y cruza alegre Sevilla/ del uno al otro confín./ No es pescado y tiene cola;/ no es "guiso" mas huele a coles;/ y aunque le parezca "trola",/ le aseguro tienen... ¡troles!/ Va de Osario a Macarena/ pero siempre entre dos vías.../ ¡Aciértalo tú, morena,/ porque se llaman...

En el "Programa informal a celebrar en la Caseta durante la Feria de Abril", la publicación correspondiente a 1957 nos informa de que el día 28, primero de Feria, actuará como fin de fiesta el "baqueteado" cantaor flamenco "Niño del Trole", que cantará la célebre zambra del maestro "Railitos", titulada "LA MALA VÍA", cuya letra es la siguiente:

En la pará del tranvía,/ sentrañas mías,/ te conocí./ Y aunque en medio de la cola/ comprendí que estabas sola/ y por eso te seguí./ Te pidieron ocho gordas/ y tú te hiciste la sorda/ porque no tenías "parné"./ Pero entonces este buen mozo/ te convidó muy rumboso/ hasta la Puerta de Jerez./ ¡Ay, ay, ay!... ¡Puertecita de Jerez!/ ¡No te subas por delante,/ que te subas por detrás!/ ¡Que para entrar al pasillo,/ chiquillo,/ tienes antes que pagar!/ Rosita cascabelera,/ engánchate a este guasón/ y serás la jardinera/ que remolque mi pasión.

TRIANA PUNTO Y APARTE: "LA SOLEÁ DE TRIANA" (4)

HOMENAJE A "EL NIÑO DE LA CALZÁ"

Si el homenaje que se le rindió al "Sordillo de Triana" fue una idea de Manuel Márquez "El Zapatero", en esta ocasión el padre de la idea fue Antonio Cortés Pantoja "Chiquetete". El celebre fandanguero sevillano estaba pasando serias dificultades económicas y a "Chiquetete", que era su vecino, se le ocurrió que había que echarle una mano, y qué mejor para canalizar el homenaje que recurrir a la Peña "La Soleá", máxime cuando todavía estaba en el ambiente el extraordinario resultado del anterior.

De nuevo los mismos problemas de permisos gubernativos, aunque se aceleraron porque ya habíamos aprendido, y la misma dinámica: pegada de carteles, venta de entradas, etc. En esta ocasión, se colocó un decorado precioso que yo pedí a mi empresa y todo quedó a pedir de boca. De nuevo hubo que poner en el local del cine Astoria, cedido otra vez por el dueño, el cartel de "No hay billetes". Triana nuevamente en flor. Lleno hasta la bandera para hacer un acto de caridad sin lástima, con arte, con señorío. Antonio Tovar Ríos "El Niño de la Calzá", que tenía entonces 64 años, pero aparentaba muchos más, merecía la atención, la auténtica jubilación refrendada a tantos y tantos años, a tantos y tantos fandangos como fue prodigando por todas las tierras de España. Atrás quedaban las duermevelas, las desesperanzas, las malas jugadas y el recuerdo de una vida por y para el cante.

Mal arreglo tiene la vejez -decía el mismo Calzá al terminar el homenaje-, pero Triana, esa Triana perdida y desarraigada en las nuevas barriadas periféricas, supo poner un poco de alivio a tanta suma de tristezas. Fue el día 7 de Marzo de 1977 y con un cartel de auténtica calidad al que se sumaron, desinteresadamente, muchos artistas: Salsa Gitana, El Niño del Arahal, Silverio de Los Palacios, Manuel Márquez "El Zapatero", "El Perro de Paterna" y su hijo, Juan Antonio Chacón, Pepe Huelva, Rancapino, Manuel Mairena, José de la Tomasa, "El Chozas", "El Chocolate", "El Pinto de Triana", Matilde Coral, Juan Ramírez, Pepa Montes, Chano Lobato, Juanito Valderrama -que había venido expresamente desde Madrid-, y, por supuesto, "Chiquetete", que fueron acompañados por las guitarras de Estéban Sanlúcar, "Azuquita", Manolo Franco, Pepe Acedo, Pepe Vela, Ricardo Miño y Paco Cepero.

Todo esto lo movió una Peña que no debería haber desaparecido nunca, una Peña sin socios, sin cuotas, sin junta directiva, pero con un corazón tan grande como Triana. Sin embargo, el pasado año, la Tenencia de Alcaldía del barrio hizo una "mierdabienal" de dos días sin contenido alguno, no se le pagó a nadie y desaparecieron, como por arte de magia, una magia mejor que la de Houdini, 28.000 euros. Con esa cantidad, la Peña "La Soleá de Triana" hubiera socorrido a muchos de sus viejos cantaores con clase, arte y señorío, colgando siempre, de seguro, el cartel de "No hay billetes". Claro que, para eso, hace falta mucho corazón. Y a nosotros nos sobraba.

lunes, 1 de marzo de 2010

RINCÓN COFRADE TRIANERO: LA VIRGEN DE LA SALUD


Vencerá sus alas el Domingo de Ramos trianero cuando la Estrella atraviese de vuelta el dintel de su puerta. El lunes, todavía en el aire de Triana quedará el olor a incienso, las hojas de olivos mustias sobre los quicios, las huellas marcadas de los pies, las dos hileras de quemada cera por el río de San Jacinto, señalando el camino a otra Virgen que marcará sus surcos sobre la tierra labrantía del fértil huerto, inundando de blancura, desde el Poniente al Este, la larga senda penitencial, haciendo más hermosos, más anchos y virginales, los puntos cardinales del barrio, aromando con su sencillez los perdidos perfiles del Cortijo del Aceitero, las antiguas acequias de La Torrecilla, las floreadas calles de su barriada -con el azahar anunciando una nueva primavera-, y los rostros ancianos de esos hombres y mujeres que la esperan, pidiendo su salud y su esperanza, desde la acera de la Fundación Carrere.

Nuestra Señora de la Salud, como aquella María de Leví, de la tribu de Judá, le dijo al arcángel moreno de Triana que se hiciese en Ella según su palabra. Y por eso se quedó en un barrio humilde, pero más rico de fe que ninguno, por el amor, el tesón, la constancia y el empuje de un hijo, Federico Ávila Cores, que quería tener, justo al lado de esa casita blanca de entrada ajardinada, el amparo de una Madre sencilla, bonita como todas las madres, serena, entregada y sufridora. Y tuvo esa inmensa alegría allá por 1946, y más grande aún aquella tarde de 1955 cuando su carita pálida, todavía no morenizada por el humo celestial de la cera, salía por el estrecho marco de San Gonzalo como enfermera de su gente: yodo de ternuras, mercurio de sus heridas, venda solidaria de sus golpes y lino amable para acoger los últimos suspiros. Pobre, pero blanca como los almendros; humilde, pero compuestita en su bendita albura, dejando en su historia el espiral de una saeta que brotó de su pueblo sencillo:

La Virgen de la Salud
no tiene palio ni manto;
¡Con cuánta pena camina
por las calles de Sevilla
la hermandad del Lunes Santo!

Hoy, por el amor de sus hijos, y a pesar de las pobrezas y vicisitudes por las que tuvo que pasar su Hermandad desde su fundación, apoyada siempre por su barrio y auxiliada en sus momentos más difíciles por algunas corporaciones penitenciales trianeras, María Santísima de la Salud, la Reina y Señora de San Gonzalo, la niña nívea como el candor de un recién nacido, va más hermosa que nunca dando envidia a las flores de su calle, saludando a los viejitos de su asilo con una manatial de sonrisas, adornada primorosamente por respiraderos, varales y candelería que cincelaron artistas de la tierra y vestida, casi hasta anteayer, con el sublime encanto de un Antonio Garduño que tenía en sus manos el arcángelico don de la milagrería, para que Ella, ya con manto y palio, cuyos reflejos luminosos dan envidia a los soles, tome río arriba las olas de San Jacinto hasta llegar, entre vítores y palmas, rezos y plegarias, al mar pasional de Sevilla, no sin despedirse antes de su Estrella y poner la blanca seda de su mirada en el fielato del Altozano, ante la venerada Virgen del Carmen.

(EMILIO JIMÉNEZ DÍAZ)

POEMARIO TRIANERO: MANUEL LAURIÑO

CORPUS CHICO

Vierte Triana a golpes desde el puente
un rumor encendido de cantares.
Se enciende el cielo en verdes alamares
de luces y de sombras lentamente.

Corpus chico en Triana. Se presiente
al despertar de Dios. Rubios altares
y balcones con colchas de lunares
sacralizan las calles y el ambiente.

Altamar de fervores, la mañana
se recrea en el gozo de Triana,
siguiendo a Cristo el Pan encadenado.

Dios redondo en el sol del ostensorio,
Dios real y también Dios ilusorio,
infinito a la vez que limitado.

EL HUMOR Y LAS LÍNEAS TRANVIARIAS (3)

DIBUJO DE VICENTE FLORES

Aunque es verdad que, en los años ya de decadencia, cualquier tablilla valía, y si el tranvía no la llevaba le daba igual a la Compañía, al final la línea era la misma de siempre y, también siempre, el mismo tranviario. Si el humor decía cómo debía cogerse un tranvía, la ordenanza del ayuntamiento para que las plataformas de los tranvías no se atiborrasen de usuarios, ya que se producían muchos descarrilamientos, no se hizo esperar, aunque ya no se le hacía caso. Agustín López Macías "Galerín", con su habitual humor, fecha un artículo de 1923 con los siguientes títulos: ¿Quién ha subido el último? y ¿Qué pasa?, que no tienen desperdicio:

"Con motivo de la desgracia ocurrida en el Prado de San Sebastián, de la que resultaron varias víctimas, la autoridad ha dado órdenes terminantes para que los tranvías no circulen con exceso de pasajeros, y como aquí las órdenes no se cumplen nunca, y el público lo sabe, pues los viajeros son los primeros que no están dispuestos a cumplirlas.
Esta orden, como todas, será de justicia de Enero, y mientras tanto, se está dando lugar a que cada cinco minutos haya una bronca morrocotuda.

Antes de arrancar el tranvía han subido una señora, dos jovencitos, un niño y un novio. Sube el último el padre de la prole, y es en ese momento cuando el cobrador que ha contado el número de viajeros, le dice al papá:

-Usted no puede ir. Ya está completo. ¡Apéese!
-Pero hombre de Dios, si ahí van mi señora, mis hijos, el novio de mi hija...
-Yo no sé nada más sino que usted subió el último.
¿Y si sube la última mi mujer, hago el viaje viudo?
-Yo no discuto más. Abajo.

Y se agarra al silbato, haciéndole sonar dos veces. El coche se pone en marcha, y por la ventanilla asoman las caras las señoras, gritando:

-Papá, ¿pero te quedas en tierra, papá? ¡Conductor, pare usted!
-Ya no puede ser, señoras.
-¿Pero hombre, va nuestro padre a seguir el tranvía como siguen los perros detrás de su dueño? ¡Pare usted, hombre!

El público se pone de parte de las señoras, el conductor se niega a parar, el público le obliga queriéndole dar al freno, surge la bronca, y queda parado el tranvía.

Ha llegado el guardia (si no va en el tranvía escuchando y haciéndose el Lorenzo), y todo lo que se le ocurre es dar la razón a los dos para que la broca no se termine.

Uno del público ha llamado "tío" (yo lo oí) al conductor, este saca el cachiporro de metal del motor, y nos quedamos aterrados. Como descargue interviene el juzgado de guardia.

-¡Por Dios, amigo, coloque eso en el Ocho!
-¿Pero usted no ha oído? ¿Se nos debe tratar así? Nosotros tenemos contados los minutos de las vueltas. El público no se fija en eso. Yo aquí delante sólo obedezco al timbre de mi compañero y al pito de la jardinera. Nosotros...
-Abajo ese, que ha llegado el último...
-¿Que yo me apee? Eso será si yo quiero.

Por fin arranca el coche, sin que haya habido sangre. Un grupo numeroso rodea en la calle San Fernando el tranvía 104.

-¿Qué pasa?
-Que no anda hasta que llegue un guardia -dice el cobrador.
-Ahí viene un viajero, el último que ha subido, que dice que es el alcalde de la Algaba, que no lo echan abajo ni con una grúa.
-No señor, no me apeo porque no me da la real gana...
-Orden -dice el guardia-. Vamos abajo.
-¡Que no!, he dicho. Que yo no he sido el último.
-¿Cómo que no?
-¡Que se apee, que se apee! -Corea el público.
-Que se apee tu tía.

Y a los diez minutos de escarceo puede continuar el tranvía.

-¡A la puerta Jerez, tres chicas!
-Este es el de Nervión.
-¿Pues no dice en la tablilla Puerta de Jerez?
-Pero hay que dar tres chicas.
-Pues esto es un robo.
-¿Y yo que culpa tengo, señor?
-Pues no pago.
-A ver, otro guardia.
-Eche usted el completo.
-Pare usted en la puerta aquella.
-No es parada. Ahora no para más que en las discrecionales.
-¿Y eso es moda?
-Eso es orden, señor. Nosotros...
-Ustedes son unos "malajes"...
-El "malaje" lo será usted.
-¿Yo?
-Usted.
-¡Vamos a ver!
-Ni vamos a ver ni "na". ¿Usted es de la Compañía?
-No, señor. Es que los pobres empleados se limitan a cumplir órdenes.
-A mí me para usted en mi casa.
-Y lo subimos en brazos, ¿verdad? -dice el cobrador.
-Ni brazos, ni chungueo, ni...
-¿Otra bronca? Guardia, por Dios.

Y el guardia que va en la plataforma interviene diciendo:

-Arreglarse, señores, que yo ya estoy llegando a mi casa.
-¡Pare usted!

El conductor sigue en su camino, porque no puede parar hasta la discrecional.

-Será ladrón, pues no sigue...

Y con este trato a los empleados y con las contestaciones de éstos al público, el primer suceso de sangre se titulará: "Crimen en el tranvía. El conductor mata de un manivelzao a un viajero. El público quema el coche. Las autoridades tienen la palabra para rectificar...
Porque la orden dada últimamente va a traer más de un disgusto.

¿Quién ha subido el último?".