martes, 31 de agosto de 2010

EL AGUARDIENTE EN LA COPLA (12)


Un anís hace años desaparecido, fabricado por Manuel Páez Aguilar en la ciudad de Sevilla, era "Anís Chicuelo", aquel torero trianero, Manuel Jiménez Moreno, creador de la bellísima y ajustada "chicuelina", que se casó con Dora "La Cordobesita". Pues también al señor Páez le gustaba mostrar su producto en estas páginas de 1946:

¡Qué bien suena Anís Chicuelo!
¡Y qué bien sabe bebido!...
¡Cómo se pega al oído
el anís que yo camelo!
Y tiene bien demostrado
que es un anís de primera;
no es una marca cualquiera
lanzada ayer al mercado.

En 1947, de nuevo "Anís La Violeta" viene a las páginas humorísticas del librillo-programa de "Er 77" con una publicidad firmada por el seudónimo de "Ignacito":

¿Quieres salud, buena suerte,
gozar de dicha completa
y reirte de la muerte?
Bebe Anís La Violeta.
Tiene aroma, buen sabor,
el anís que a todos reta,
y tiene nombre de flor:
"LA VIOLETA".

Un año más, "Anís Chispa" acudía a la cita. En esta ocasión es "Don Favila" quien firma los versillos publicitarios:

Vino una miss de Londón,
de Kaphurtala un Rajá,
y tomaron la tajá
de aguardiente peleón.
-Esta bebida me crispa,
al Rajá decía la Miss;
no bebo chispa de anís
si no me dan Anís Chispa.

Tanto humor, tanta gracia natural y tan bien acogido era este librillo que aquel que se anunciaba una vez volvía siempre a repetir. "Anís La Asturiana" era uno de los clásicos repetidores, como clásico es el poema publicitario que lleva la firma de "Curro Galena":

Lector: Si pretendes forzar el arcano
que azota la vida del género humano
con guerras y pestes; si sólo te afana,
al cruzar la vida, bogar viento en popa...
bébete una copa
de ANÍS LA ASTURIANA.

Si, por tu desgracia, subes al tranvía
lloviendo, te mojas con alevosía;
pero no te apenes, la cosa es liviana
que al llegar a casa vas hecho una sopa...
bébete una copa
de ANÍS LA ASTURIANA.

Si sales de compra y vuelves cansado,
con poco adquirido y mucho gastado,
porque el estraperlo, plaga sobrehumana,
hacia el infinito sin tregua galopa...
bébete una copa
de ANÍS LA ASTURIANA.

En fin, si mis versos, por su noble empeño,
no tuercen tu gesto, ni frunces el ceño,
mi amistad te brindo, y en plática ufana
juntos celebremos nuestra buena estrella...
ante una botella
de ANÍS LA ASTURIANA.

Nuevamente, el sevillano "Anís Chicuelo" aparece en la publicidad de "Er 77" con estos versillos firmados por "Lobón":

Tiene nombre de solera
de torero de emoción,
es anís y evocación
de aquella gracia torera
que llegaba al corazón.
ANÍS CHICUELO, tu fuero
se proclama con probarte;
ya que no puede al torero,
vaya a los pies el sombrero
del que acertó a fabricarte.

Y una destilería de la tierra onubense de Higuera de la Sierra, Girón, S.L., llega por primera vez a publicitar sus marcas del anís dulce y seco "La Serrana" y "Martes Santo", y su licor "La Crema de Moras", el año 1948:

¿Mata el gusanillo al ser de mañana?
¡No dudes, chiquillo: Anís La Serrana!
En cambio si tiende la noche su manto
¡está indicadísimo Anís Martes Santo!
¡Y en noche y mañana, a cualquiera hora,
el licor que "pega": La Crema de Moras!

"Don Vidrio" -seudónimo, sin duda, de alguno de los grandes poetas que estaban detrás de estos versos humorísticos: Rafael Belmonte, Hilario Gutiérrez, Manuel Barrios, etc.-, saca de nuevo su musa verbal para volver a cantar, en 1948, el renombrado anís de la destilería de don Manuel Rubio:

El anís que bebe siempre
nuestro preclaro poeta
-y con el que más se inspira
para bordar su cuarteta-,
se destila en El Pedroso,
y viene a nuestra caseta
con alas de mariposa
y el nombre de LA VIOLETA.

Hasta de la gaditana La Línea de la Concepción venían a anunciarse las fábricas de anisados y licores. En esta ocasión, buscó su hueco el mismo año don Francisco Clavero Fernández, productor de "Anís La Campesina":

Der campo de Gibrartá
a las llanuras manchegas,
un anís no has de encontrá
-si es que tienes paladá-
como el que Clavero entrega.
¡Qué cosa más exquisita!
¡Qué aroma! ¡Qué paladá!
¡Qué bien sienta una copita
y mucho mejor un par,
pues no es cosa de extrañá
que er que lo pruebe, repita!
¡Verdadera golosina,
ni en tu casa, ni en la de ella,
debe fartá la boteya
del ANÍS LA CAMPESINA!

La celebérrima "El Punto", aparte de ser una cadena de bodegas repartidas por Sevilla, era una fábrica de anisados que hizo célebre la marca del "Anís La Montañesa", que así se anunció en esta edición del librillo:

¡Ni ná, ni ná, comparito!
Pá hasé un regalo bonito
y que guste la finesa,
ni durses, ni sarandajas,
le regala usté una caja
del ANÍS LA MONTAÑESA.

De nuevo el Anís Chicuelo, y de la pluma de "Beethoven", trajo su publicidad anual:

Música de pasodoble
tiene este anís excelente,
un aroma que embriaga
y un "buqué" sin precedente.
Del famoso Anís Chicuelo
tal torta yegué a tomá
que en vez de caerme al suelo
busqué un novillito en celo
y me puse a toreá...
¡Después de este anís, al cielo!

CUADERNO PARA NO LEER: PALABRA ERRANTE

PALABRA ERRANTE

Tiene que haber una palabra errante,
vagabunda de sueños sin destinos,
con soledad de madre de vientre esperanzado,
palabra con mil ecos de angustias, cual la del Nazareno.

Una palabra. La palabra.
tiene que haber una palabra errante:
la palabra que daña cuando sana
eliminando un cáncer de pobreza,
la sed,
la soledad,
las guerras fraticidas,
la de los pobres del mundo
pidiendo el pan que se les niega
y que alzan sus manos, patenas de desgracias,
clamando con justicia las migajas del rico.

La palabra. La única palabra
que por mermarle infantil peso al aire
aún no salió del crío recién nacido,
pasto para las hienas
que saldrán al camino.

Tiene que haber una palabra que se funda en el aire,
se escape de los labios al compás de las manos,
se fugue de los pechos: cantábricos, batientes,
rompiendo con su fuerza los muros de las almas.

Debemos buscar la palabra y labrarla con sangre si es preciso.
La palabra. La única palabra.
Esa que dice PAZ y vaga errante
mientras que un mundo a voces la reclama.

LIBROS CON SON FLAMENCO: CANTARES DEL 900


Es necesario tener este libro. Es una las más cuidadas recopilaciones de la obra tan dispersa de Fernando Villalón. Es una obra hecha con la sobriedad estilística y el amor del gran escritor Manuel Barrios, quien ha querido dejar lo más superficial al margen para acercarnos a ese gran poeta, ganadero, garrochista, bohemio y andaluz de casta que fue Fernando, este singular personaje salvado del recuerdo gracias a Manuel Halcón y al propio Barrios.

Inmensa e intensa fue la obra poética de Villalón, que más que conde de Miraflores de los Ángeles creía conseguir toros con los ojos verdes. Fue, sin darse cuenta, el precedente más claro del surrealismo, aún más que Juan Ramón y que toda la generación del 27 a la que tocó de lejos, desde la soledad apetecida que él quería.

Libro imprescindible en la biblioteca de los buenos aficionados al flamenco y, por supuesto, de los amantes de la poesía en estado puro, purísimo de aires solanos y de hierbas frescas.


Edita: Caja Rural Provincial de Sevilla
Ciudad: Sevilla.1981
Páginas: 159
ISBN: 84-500-4570-3
Depósito Legal: SE-225-1981

lunes, 30 de agosto de 2010

EL AGUARDIENTE EN LA COPLA (11)


El libro-programa de "Er 77" no tenía desperdicio, y así podíamos leer algunas de las cosillas o disquisiciones del "Marqués":

Todo el hombre que ha bebío
realiza una gran hazaña,
será un curdela perdío
pero da producto a España
y se encuentra divertío.
No lo trates con desdén
porque tiene la bolilla,
que le debe su sostén
Rute, Jerez y Montilla
y Valdepeñas también.

A los socios de la Peña los despertaban literalmente de la curda, ya que la entidad tenía literas dentro de la caseta para cuantos cogían gorda la bolilla, que solían ser casi todos, por lo que en el orden del día "despertar a los durmientes" era una labor caritativa y necesaria en una sociedad curdófila, festiva y nada anacoreta:

Otra vez despertar a los durmientes
haciéndoles bajar de las literas,
dándoles a ingerir algo caliente,
a no ser que haya alguno que prefiera
tomarse cuatro copas de aguardiente.

El lema de esta peña tan entrañable, con escudo rodeado de un mantón de Manila, tal como poníamos de ilustración en la página de ayer, era el de "Heroicus, invictus, curdis estomacalis", y en su más que esperado libro-programa de cada primavera, donde escribían importantísimos escritores que escondían su gracia suma tras un no menos gracioso y simpático seudónimo, obedeciendo a un prontuario de estilo de la casa: "Humorismo sin mordacidad y gracia honesta", se anunciaban las más importantes firmas comerciales de Sevilla, su provincia, y toda España: navieras, comercios de textil, ferreterías, agencias de seguros, bancos y, cómo no, bares, restaurantes, destilerías y criadores de vino. Y se anunciaban no sólo para echar una mano generosa a la economía de la publicación, sino por la gracia que tenían los textos, escritos en versos con una gracia singular.

Veamos en 1941 cómo se anunciaban, a ritmo de tango gaditano, los anisados de Gabriel López Cepero, aquella destilería de Cazalla de la Sierra que hizo célebre la botella de su licor de crema de guindas con forma de Giralda:

Si yo tuviera dinero
encima de la Giralda,
con esmeraldas
pondría un letrero,
diciendo: ¡VIVA CAZALLA
y los productos López Cepero!

Uno de los primeros anunciantes ruteños fue la destilería fabricante de "Anís Chispa", anís del que, probablemente, por culpa de alguna que otra copa de más, venga el léxico andaluz de "achispado". En el año 1943 se anunciaba de esta forma:

Soy más listo que una avispa
y nadie me lo discute,
porque cuando bebo en bute
sólo camelo Anís Chispa.
¡Viva España y viva Rute!

Y también la destilería de mi tierra materna, Constantina, que fabricaba el "Anís Bulería", se hizo anunciar así en el mismo año:

Pa que no falte alegría
en una juerga gitana,
al despuntar la mañana,
sin perder categoría,
hay que cambiar la bebía
sanluqueña o jerezana
por el Anís Bulería.

Hasta nos informaba de la historia de España, en su clara versión de humor, por medio de los anuncios. El gaditano Puerto de Santa María y sus Destilerías Guadalete tuvieron que ver muchísimo en algunos puntos de acontecimientos singulares:

Por fin supimos el modo
cómo Rodrigo, rey godo,
se perdió en el siglo siete:
Destilerías Guadalete
tuvo la culpa de todo,
porque allí, empinando el codo,
lo encontró "Er 77".

Entre publicidad y publicidad, los consejos del librillo eran totalmente geniales, como estos que apuntamos un poco al margen del mundo de las destilerías de aguardientes:

No pagues a los sastres en tu vida,
porque es gente muy poco agradecida.

Predica como yo la vida sana,
pero haz después lo que te dé la gana.

Si te chincha el calor en el estío
y estás apuradillo de dinero,
resígnate y espera que haga frío,
que yo también espero.

Gracia a raudales en aquellos tiempos de tanta penuria y tanta pena, en una posguerra de hambre y miseria a la que sólo combatió, con sus mejores armas, el amor sublime y maravilloso de esta gente por la que siento y debo, desde que era un crío, auténtica y legítima veneración. Gracia hasta para cantar a unos anisados, secos y dulces, también de la serrana Constantina, de la destilería de José Prieto Vargas, etiquetados con la cursi marca de Pierrot:

Cantábale Pierrot a Colombina
tiernas trovas de amor;
Colombina, coqueta y femenina,
fingía un gran rubor.
Fingía un gran rubor para burlarse
del pobre trovador,
hasta que Pierrot llegó a escamarse
harto de coliflor.

Llegando al desenlace con una historia surrealista, presentándonos a su representante en Sevilla, Manuel Oliver Cortés, junto al arrepentimiento de la pérfida Colombina:

Y mandando a Colombina al Paseo de Catalina de Ribera, se dirigió a don Manuel Oliver, que vive en calle Gravina, 7 (Teléfono 22291), pidiéndole una caja de anís del mejor que hubiese en el mundo. Fue servido Pierrot, con el agrado tan peculiar en el señor Oliver, que por algo se llama Cortés de segundo apellido, y tanto le agradó aquello que prometió solemnemente no beber otro anisado y dedicarle en adelante todas sus endechas de amor. La firma productora del mismo, en justa reciprocidad, acordó dar el nombre de Pierrot al predicho anís. Y así vino al mundo el "Anís Pierrot".

El "Anís Chispa" se publicitaba cada año en el librillo por medio de una humorística y macarrónica letrilla, como ésta que firma "Andrés de la Vereda" en 1946:

El aguardiente ordinario,
maleante y perdulario,
hasta los nervios me crispa;
yo sólo bebo a diario
ANÍS CHISPA,
un producto extraordinario.

Famoso también por aquellos años era el "Anís La Violeta", de la destilería sevillana de El Pedroso, propiedad de Manuel Rubio Jiménez, que gustaba anualmente anunciarse en esta publicación que gozaba de muchos lectores. Con el seudónimo de "El Momo", ésta era su proclama:

Tiene la fuerza Sansón
en la punta del cabello,
en la joroba el camello
y en el pico el gorrión.
Y yo que soy campeón
con una fuerza de atleta,
la tengo en el esternón
pues bebo ANÍS LA VIOLETA.

"Anís La Asturiana", uno de los más importantes de España por su comercialización y publicidad, y con destilerías en Oviedo y en Quintanar de la Orden, también era asíduo anunciante de su marca en esta publicación singular:

Si quiere alargar la vida
y ver su cabeza cana,
beba siempre, mientras viva,
el Anís de La Asturiana,
la gran marca preferida.

Y había una antigua marca de anís, también asturiano, que se llamaba "Anís La Praviana", del que hemos encontrado un anuncio de 1940 en otra revistilla, llamada "El Maestro Currito", revista de no muy larga duración y complementaria de la de "Er 77" en las fiestas primaverales:

Cuando la luna se oculte,
al despertar la mañana,
qué bien sabe una copita
del anís tan delicioso
que es el ANÍS LA PRAVIANA.

CUADERNO PARA NO LEER: NO

NO

No me parece extraño. Hoy voy sin corazón,
hoy me amortajo solo, me compongo la esquela,
me desangro y me muero,
hasta me entierro y rezo.
Sin labios voy también y sin sonrisas.

Ya no me quedan muecas para andar por la vida,
ganas de que el telón levante sus ajuares.
Voy sin rostro, tan deprisa que no camino yo,
me llevan los extraños.

Hoy no quiero sentirme. Precisamente, hoy, no.
Hoy no quiero viajar, quiero quedarme
hasta embriagarme en soledad y penas.

Hoy no me siento hombre
y, arrastrado a la playa de una orilla cualquiera,
es cuando sé, muy dolorosamente,
que el corazón lo llevo de prestado.

LIBROS CON SON FLAMENCO: CANTARES


Es el cuarto cuadernillo que editó Ediciones Demófilo en la colección Cuadernos Andaluces de Cultura Popular, y donde se nos trae, a fuerza de sacar agua de las piedras, las pocas coplas flamencas que nos dejó el poeta moguereño Juan Ramón Jiménez. Unas cuantas seguiriyas y solerares dan suficiente para hacernos entender que el poeta modernista también participó en la llamada de la literatura flamenca, aunque, creo, que sin demasiada fe.

De todas formas, este librillo nos deja unos precisos apuntes para estudiar el hecho flamenco en toda su generalidad.


Edita: Ediciones Demófilo, S.A.
Ciudad: Córdoba-1981
Páginas: 32
ISBN: 84-85157-26-5
Depósito Legal: CO-531-1.981

domingo, 29 de agosto de 2010

EL AGUARDIENTE EN LA COPLA (10)

También para el aguardiente las coplas humorísticas han tenido su minuto de honra, gloria y señorío. Un minuto largo que aún llega a nuestros días en los cancioneros populares y en recopilaciones de letras festivas. El cancionero extremeño nos trae una muestra con el ejemplo de una vieja un tanto cochina:

Una abuela se meó
en un plato reluciente
y se lo bebió el abuelo
creyendo que era aguardiente.

Hay formas exquisitamente sibilinas para pedir algo más que pan:

Señor cura, señor cura,
su horno huele a pan reciente,
deme un mendrugo de pan
y mójelo en aguardiente.

Y excusas igualmente preciadas y válidas para visitar -sin duda en las romerías- al santo del lugar onubense:

San Silvestre de Guzmán,
san Silvestre, san Silvestre,
quá ganas tengo de verte
pa jartarme de buen pan
y copillas de aguardiente.

El gran Emilio "El Moro", al que tuve la suerte de ver cuando yo era niño en los espectáculos que traía Marifé de Triana al desaparecido Teatro San Fernando de Sevilla, dejó en un singular "popurrí" -imitando canciones de la época-, un recuerdo al singular aliento que produce el aguardiente:

Campanazos de la aldea
(clin-clón, clin-clón)
que no me deja que duerma
cuando empieza el monaguillo
a tirar de aquella cuerda.
Guarda silencio, campana,
mientras que mi suegra duerme,
que no quiero darle un beso
que le gusta el aguardiente.

Bien cierto que, para acabar con la copa de copa de la que antes poníamos algunos ejemplos, posiblemente haya que ir a Muchique, terreno del alosnero Diego Ceto, quien, al parecer, según nos cuenta Manuel Garrido Palacios, en su libro "Alosno, palabra cantada", después de vuelta en una fiesta, y un poco turbado por la bebida, se cayó al pozo. Una comparsa alosnera, "Los Aparentes", contó su historia en coplas en 1989, contando que tal caída había sido un milagro para "curarlo del vicio":

El maestro Diego Ceto,
nuestro ilustre capitán,
ha descubierto en su casa
un pozo mediciná.
El que se bañe en Muchique
se cura de la diabete,
y el que se bañe en su pozo
se cura del aguardiente.
Diego Ceto, con su tranca,
se ha tirado en calzoncillos,
lo sacaron jileando
pero curado del vicio.

Imitando a un hermoso fandango de Huelva que está recogido en estas páginas, alabando un buen trago de aguardiente cuando se va de cacería, la "Murga Los Aguilillas" onubense nos dejaba su versión en clave de humor:

Y bebiendo yo me animo
cuando me pongo a bebé,
y bebiendo yo me animo,
me acuerdo de mi mujé
y al ver que no está conmigo, ¡ay!
que tranca voy a cogé.
Y unos tragos de aguardiente,
y dos tragos de aguardiente,
y tres tragos de aguardiente...
esos tragos cuánto valen.

Allá por mi tierra sevillana, desde los años cuarenta, unos amigos de la guasa, la risa, el moyate y la confraternidad, para hacer más livianas las penas de una guerra recién terminada, crearon una peña llamada "Er 77" -nombre debido, al parecer, porque éste era el número que tenía asignado la "caseta" de la entidad en la feria abrileña de Sevilla-, y a cuya llamada acudieron artistas, poetas y pintores que, en cada ciclo ferial, sacaban con todo lujo de humor un libro-programa de gran valía, libro que colmó más de una década (1942-1958), cuyos ejemplares conservo por herencia paterna, y en los que, con la presidencia de Luis Martínez Vice, apócrifo "Marqués de las Cabriolas", y su también apócrifo secretario "Conde de las Natillas" -ya que era jefe repostero de la célebre confitería "La Campana"-, aparecían, como éste, algunos artículos o consejos de su "Decálogo Institucional":

Al vino has de consagrar
tu vida y tu bienestar.
Al dejar el cascarón
debes trincar el tablón.
No te levantes temprano,
que es duro, molesto e insano.

Odia el agua, no la alabes,
no la bebas, no te laves.

No trabajes con exceso
que es muy peligroso eso.

Procurarás, si te casas,
que no falte vino en casa.

Tomarás todos los días
de dos a tres perpejías.

Si te mueres, no te mueras
sin tomar la gran jumera.

No gastes una perra chica
ni en médico ni en botica.

Dando a todo cumplimiento
vivirás siempre contento.

Y tras este decálogo, cientos de ocurrencias divertidas para pasar un buen rato de lectura como preámbulo a los días feriales, como en esta ocasión, cuando daban una recomendación de alquítaras y alambiques para vencer todos los estados de ánimo:

Cuando quieras vencer un desaliento
y mirar la tristeza indiferente,
destruye con un vaso de aguardiente
la inútil facultad del pensamiento.

¡La mejor y más acertada de las filosofías!

LIBROS CON SON FLAMENCO: CANTAR EN LA UNIÓN


No, no es un libro, sino un cuadernillo que condensa y explica en dos trazos, mejor que si un libro fuese, lo que es y significa el Festival Nacional del Cante de las Minas de La Unión. Asensio Sáez es su autor, y decir Asensio quiere decir el gran valedor no sólo del Festival sino de toda La Unión: de su cultura artística, vivencial y literaria, aparte de que esta tierra le debe toda la dimensión que ha tomado en el terreno abonado por él del Flamenco.

Son apuntes periodísticos que van desde los años 60 a los 80 en una pluma enamorada. El interés de esta especie de catálogo, subtitulado como "El Festival del Cante de las Minas en la pluma de Asensio Sáez", está en saborear la exquisita prosa con la que el gran Asensio, mi eterno amigo, describe su tierra natal, de la que él era el mineral más puro.


Edita: Excelentísimo Ayuntamiento de La Unión
Ciudad: Murcia-1994
Páginas: s/p
Depósito Legal: MU-1023/1994

sábado, 28 de agosto de 2010

EL AGUARDIENTE EN LA COPLA (9)

Siempre la virtud se encuentra en el centro, que es el equilibrio de las fuerzas. Trabajo, tabaco y aguardiente bien pueden aunarse para una trilogía de placeres en su justo medio, sin que la balanza cargue más de un lado que de otro. Ginés Jorquera nos lo dice en una letra suya para cantar por Tarantos:

Si el gañote se resiente
por el polvo de la mina,
lo apaño medianamente
con tientos al aguardierte
y calás al tagarnina.

Evidentemente, también es malo que el aguardiente sea el mejor amigo del hombre, más que el perro:

El aguardiente está preso
en una cárcel de vidrio,
yo lo vengo a visitar
porque es mi mejor amigo.

Algunos pueblos aguardenteros: Rute, Cazalla, Constantina, Alosno o el propio Chinchón, pueden ser verdaderamente peligrosos si no se les toma el pulso y la medida a sus excelentes productos, tal como nos advierte el romancero del Siglo de Oro para aviso de caminantes sin experiencia:

¡Dios me lleve a España!...
Y estaba beodo en Cazalla.

De nuevo el doctor Diego Calle Restrepo abre la caja de los truenos de la ebriedad galopante y confiesa sus más íntimos deseos en esta nueva décima para nada abstemia:

Yo nunca abrigo en mi mente
místicas aspiraciones
o inefables ilusiones
de las que abriga la gente,
mas confieso francamente
que en esta ocasión quisiera
ser un Moisés, pues pudiera
(y mucho que me provoca)
sacar anís de una roca
y beber el que quisiera.

Locos se vuelven algunos, como este desconocido Pérez alosnero que nos refiere la copla, si vuelcan, pierden o le roban la ración diaria del sustento de pócima que les ampara. Ni por celos, mujeres o herencia serían capaces de matar, pero ¡ay de aquel que juegue, ni en broma, con lo más preciado de sus vidas!:

Daba compasión de ver
al Pérez escarbando paja,
le pregunté qué tenía:
-Se me perdió mi garrafa,
medio litro contenía.
Por la madroñera va
el Pérez con su escopeta
y es capaz de darle un tiro
a aquel que a aguardiente huela.

El hombre sobrio, incapaz de llevarse a los labios una sola copa de tan excelente licor, de seguro que estaría contento si el alcalde del pueblo editase un bando con la siguiente proclama:

Como medida prudente
se ha prohibido el despacho
de vinos y de aguardientes
el domingo a los borrachos.

No sólo los hombres, también hay mujeres con una gran dipsomanía que prefieren el aguardiente al mejor de los regalos, tal y como nos retrata la coplilla del cancionero zamorano:

-Ay, mujer, mujer,
te compraré unos pendientes.
-Eso no, marido, no,
déjalo para aguardiente.

De tantos y tantos tragos rápidos es normal que se acabe el dinero y, con él, la vergüenza:

Bartolo el de la Tomasa
le dijo a Alberto una tarde,
le voy a pedir dos gordas
a la infeliz de mi madre
pa aguardiente en ca Cristóbal.

La borrachera que nos ha traido el cancionero, la embriaguez, el mamarse, ajumarse, alumbrarse en demasía, el dormir al lobo, cargar el delantero, coger la cogorza, la mona, la moscorra o la jumera puede llevarnos al delirium tremens o a una morfinomanía verdaderamente asustante. En esta lista no puede encuadrarse a todo el mundo porque ni son todos los que están ni están todos los que son. La borrachera no es elitista, y por eso los borrachos se dan en cualquier entorno social, aunque abunden, o se vean más, en los estratos marginales, lejíos de las grandes ciudades y suburbios pueblerinos.

Tomar una copa sabiamente es un manjar de dioses; tomarse la producción de un año de alambiques es, además de una barbaridad, muy peligroso para la salud y extraordinario para la cuenta bancaria del tabernero. Ojalá y ninguno de nosotros nos veamos reflejados en esta sentenciosa letra del fandango:

Tó el hombre que está penando
y le da por la bebía,
mientras se está emborrachando
hay en su cuerpo alegría,
luego termina llorando.

CUADERNO PARA NO LEER: MONOTONÍA

MONOTONÍA

Sí, yo, el diecinueve de mayo, estoy aquí,
sentado en mi silla de algún pinar herido,
comprada en una tienda con rótulo en neón
que las venden de serie.
Estoy aquí después de tantas veces estando aquí,
sin ni saber qué hacer, a quién amar, o qué escribir.

Estoy aquí y los minutos se escapan de mi vida,
me van haciendo viejo cuando hora tras hora,
día tras día, año tras año, forman eternidades.

Estoy aquí y no sé si teclear un rato
o apretar de una vez el nueve corto
en la mansión sin paz de mi memoria.

Sí, yo, el diecinueve de mayo, igual que el veinte,
aquí, sentado, por no cambiar la forma de ir muriendo,
sentado y estrujándome algo que llaman alma
los místicos de siempre.

Mañana y pasado y el otro estaré donde estoy:
en esta silla amiga y confidente,
pensando si llorar o atar la soga corta
al álamo leal de mi ribera.

LIBROS CON SON FLAMENCO: CANTAORES MALAGUEÑOS


El gran estudioso Gonzalo Rojo Guerrero, nos dejó este libro "Cantaores malagueños. Pinceladas Flamencas. 1850-1950" con motivo del XV Congreso Nacional de Actividades Flamencas que se celebró en Benalmádena el año 1987.

Tal como el mismo autor anuncia en su entrada, el libro es un proyecto para biografías flamencas, ya que es un pequeño librillo donde se recogen sólo los datos más básicos de los artistas malagueños Juan Breva, Loriguillo de Coín, El Canario, El Piyayo, El Perote, La Águeda, Sebastián "El Pena", Paca Aguilera, El Cojo de Málaga, Niño de Vélez, La Pirula y La Repompa.

Apuntes, pero muy interesantes, que deben animar a nuestro buen amigo a convertir algún día toda la amplia documentación que posee en un libro definitivo sobre Málaga, sus cantes y cantaores.


Edita: Congreso Nacional de Actividades Flamencas
Ciudad: Benalmádena, 1987
Páginas: 63
Depósito Legal: MA-1.110/87

viernes, 27 de agosto de 2010

EL AGUARDIENTE EN LA COPLA (8)

Si malo es escuchar cantos de sirenas -según Ulises-, peor es hacer caso, por el excesivo culto báquico, a ranas encantadas y cantarinas si, además, el trabajo es el único sustento que se tiene:

Escuché cantá a una rana
en lo más alto del puente,
y en su cante me decía:
-¡Aguardiente hasta mañana!,
otra peoná perdía.

Claro está que esa frase del "agua de la vida", que es una denominación antiquísima que inventó un tal Raimundo Lulio, a la que añadió adjetivaciones como "espíritu etéreo", "fuente peremne", la "estrella de Diana" o la "quintaesencia celeste", entre otras, y que cada cual interpreta a su manera, puede dar lugar a una familia, además de beoda, genéticamente predispuesta a los males que acarrea el abuso de tan singular bebida, que podría ser medicina -según el doctor Piga- si reduciéramos a acto lo que otros nos pintan en potencia. La letrilla nos lo cuenta:

Hábito tuvo mi padre,
y con él murió mi abuela.
Y también lo tengo yo
de nunca hacer cosa buena.

No existe medida en el gusto cuando uno quiere llegar a la ebriedad suma, al emborrachamiento, a tomar la curda, la merluza, la melopea, la pítima, la moscorra dormilona, la tranca, el tablón, la papalina, la tajada o tajá, la cogorza, la jumera, la turca, la pea, el colicoledro, la chucha, la cambayá, o lo que ustedes quieran. No existe sibaritismo para el que desea estar ebrio, bebido o borracho de solemnidad, azumbrado, ajumado o achispado..., pero, eso sí, con ruego a la Divina Providencia:

Le ruego al Poder Divino
me lleno la panza e vino,
y si esto no es suficiente
me la llene de aguardiente.

La superabundancia en el trago de ambrosía hace irrespetuoso al más reverente. Esta copla testimoniadora nos lo cuenta, aunque menos mal que se salva el Pontífice:

Ninguna copla a mi guitarra escapa,
y en noches de jolgorio y aguardiente
sólo respeto lo que diga el Papa.

Pero algunos son también los que no salen escarmentados de una vida entregada totalmente a la dipsomanía:

Para cuando yo me muera
le ruego a toda mi gente
que metan mi calavera
en un tanque de aguardiente,
y que escarmiente el que quiera
y el que no, que no escarmiente.

Hasta tal punto puede llegar la inclinación y afectuosidad por esta bebienda, ciertamente sabrosa, que ni la familia se anticipa a la bienquerencia del zumo del alambique, tal como cita el refranero:

Primero el aguardiente que mis parientes.

En bodas, bautizos, comuniones, y hasta en los velatorios antiguos, debió crecer esta copla en labios de la señora de la casa:

Si el vino y el aguardiente
ya se han bebío,
la vergüenza de los hombres
ya se ha perdío.

Como aquel de la rana cantarina, la copla se encarga de relatarnos otro ejemplo de abuso de confianza con las copas:

Yo me jinqué una puchera
al tiempo de trabajar,
y a los cinco o diez minutos
yo me tuve que acostar,
casi me muero del susto.

Incluso del desapego a los amigos, por culpa de la bebida, nos habla la copla, en esta ocasión un fandango alosnero de Manolillo "El Acalmao":

Yo ya no voy an ca Marcos
que Rafael tiene copas,
la Natividad planchando,
la Pastora medio loca
y el tío Marcos rallando.

Claro que también hay madres que suelen curar las desviaciones vinícolas de sus hijos:

Mi madre me dio una soba
por una torta caliente,
por una copa de tinto
y otra copa de aguardiente.

A pesar de eso, cuántos desoyeron los consejos y les importaron un comino los cates educativos de sus madres:

Aguardiente y vino puro,
dicen las antiguas leyes,
y el agua para los bueyes
que tienen los cuernos duros.

Otros, que quieren dar larga a las penas, siempre comienzan igual: queriéndolas ahogar en aguardiente para olvidarlas. La copla por seguiriyas es del poeta amigo Ginés Jorquera:

Tregua pa mis ducas
busqué en el Cazalla.
Cómo yo sentía que, en vez de templarse,
se me encabritaban.

Los más, adquieren una valentía ficticia por el efecto nocivo de tanta ingesta de alcohol:

Si el torito fuera de oro
y los cuernos de aguardiente
y yo fuera el toreador
¡qué torero más valiente!

CUADERNO PARA NO LEER: BARRO TIERNO

BARRO TIERNO

Nace un niño marcado
por aristas de penas y tristezas.
Hasta llegar a hombre
zozobrará mil veces en los mares
su barquichuela, frágil e inexperta.

Crecerá y morirá a diario
como un periódico que carece de urgencia
a unas horas de haberse impreso.
En esquinas de engaños se le abrirá la vida
terriblemente incierta.
Pisará, ya mayor, el terreno del susto
y caerá en la trampa tendida entre la suerte.

¿Se salvará? ¿Quién sabe?
Sólo se salvará cuando se abra la única verdad:
la puerta de la muerte.

LIBROS CON SON FLAMENCO: CANTAORES DE LEBRIJA EN EL RECUERDO

El gran aficionado y amigo Ricardo Rodríguez Cosano, que aunque nacido en Casariche puede considerarse como un lebrijano de vivencias y adopción, ya que en Lebrija ha desarrollado toda su vida, hizo lo que muchos de los estudiosos del flamenco debieran hacer: traer al papel las biografías, memorias, anécdotas, cantes y coplas del territorio que conocen y dominan. De esta manera es la única forma de conocer de primera mano todo cuanto acontece en cualquier lugar, en la seguridad de que nos encontraríamos un material de primera clase sin desvirtuamiento de clase alguna.

Tras una introducción para situarnos en esta localidad eminentemente cantaora, sus familias de artistas y sus principales intérpretes, se detiene precisamente en aquellos que dejaron los sedimentos para las generaciones venideras: Diego "El Lebrijano", Pinini, Juaniquí, El Choza y Antonia Pozo, con la inclusión de sus principales cantes y repertorio de letras más queridas e interpretadas.
El interesante libro lo finaliza con la inclusión de la discografía de los últimos artistas de Lebrija, desde Juan Peña, pasando por Curro Malena, La Perrata, Ana Peña, Manuel de Paula, El Funi, Pepe Montaraz y Pedro Peña.

Libro, pues, aparte de entretenido, con un contenido de primera mano que nos acerca al mejor conocimiento de esta localidad lebrijana a través de sus hijos artistas.


Edita: El autor
Ciudad: Sevilla, 1994
Páginas: 171
Depósito Legal: SE-209/1994

jueves, 26 de agosto de 2010

EL AGUARDIENTE EN LA COPLA (7)

En todas las modalidades de los juegos de cartas -o de naipes, como dicen los expertos, entre los que no me encuentro-, el as es el que manda, más que el rey, que ya es decir. El as es lo máximo. Cuando un político engaña a otro con alguna triquiñuela que le facilita más y mejor información, los periodistas especializados no dudan en señalar que tal o cual tenía un as guardado en la manga, lo que le valió la victoria. En la cuestión deportiva eso del "as" se suele escuchar hasta el cansancio: -Fulano es un as del balón, del boxeo, de la canasta... No hay que dudar, pues, que el as sirve para ganar poderes o, jugándoselo en noches de jaranas, hasta para perder dineros, fincas y cortijos, de los que tantos ejemplos nos han dado, por desgracia, no pocos señoritos andaluces.

Pero en el tema que nos ocupa, no es el as de reyes, caballos o sotas el que nos intranquiliza, sino el as de copas, lo máximo de las copas, la penosa embriaguez o borrachera contínua de quien quiere beberse la vida de un solo trago.

Ni que decir tiene que borrachera es sinónimo de perdición, y no es camino que pueda gustarnos. Hay borrachos de tertulias, los eternos pesados, los que quieren y "saben" arreglar el país mejor que el Congreso de los Diputados después de siete copas de aguardiente. Hay otros, más leves, que son los circunstanciales, los del encuentro con un amigo perdido en un día determinado, un bautizo, una boda o una despedida de soltero, y que la coge tan espantosa que se promete a sí mismo no encontrarse jamás a un antiguo amigo, no ir a una boda ni a un bautizo, ni a una despedida de soltero. Y existe otro gremio, cada vez más amplio, que son los desheredados del amor, aquellos que pagan los cuernos conyugales pegándose unos lambreazos que, en la mayoría de las ocasiones, duelen aún más que los propios cuernos.

¿Qué le pasaría al sujeto de ese as de copas que nos canta Julio César Benítez para despotricar del aguardiente de la forma que apunta?:

Adiós aguardiente impuro,
me separo de tu lado
para siempre, te lo juro.
Y aunque me encuentre en apuro
no he de buscarte un momento,
porque tú eres un elemento
más explosivo que un taco
y más fuerte y más berraco
que el séptimo mandamiento.

De su abuso innecesario nace la necesidad de tenerlo siempre al lado en un desenfreno galopante imposible de parar. Más que el "As de Copas" debería ser, en algunas tristes ocasiones, el "As de las Penas", porque la mántica lleva al hombre -como todas las cosas sin moderación- a la locura, a la enfermedad y a la muerte.

De estos tercos necesitados, nos habla una coplilla que se canta por las tierras aguardenteras de la bella población de Alosno:

Alberto fue por licor
con dirección a La Nava,
y fue a San Bartolomé
porque allí no se lo daban,
él no se vino sin él.

Y ésta, alosnera también, que nos habla de una triste melopea y una resignada madre:

Ay, mare, vengo borracho
de la taberna de enfrente,
porque me estaba curando
con un poco de aguardiente.

Cantaba estos estados lamentables una sencilla copla colombiana que sabe mucho del indudable poderío del aguardiente:

Ay, aguardiente de caña
nacido de verdes matas
que al hombre de más valor
lo hace andar a cuatro patas.

Hasta peleas vecinales había en algunas calles cacereñas por mor del aguardiente. Al parecer, según cuenta la letrilla, las mujeres de una calle eran abstemias y, las de la otra, muy amantes del caldo de alambique:

Las de la calle Caleros
se lavan con aguardiente,
las del Caminito Llano
con agüita de la fuente.

Y hay borrachos cabales de tal o cual bebida, pero también existen los que le echan el arrojo y el valor suficiente para dar veracidad al refranero extremeño:

El borracho valiente
se pasa del vino al aguardiente.

El dipsómano, por regla general, tiene gran prisa por probar sin pestañear el aguardiente de su ración. De ahí que le diga al compadre:

Déjate de tanta historia,
destapa la cuerna ya,
un golpecillo en el fondo
y aguardiente al paladar:
un sorbito tú y yo otro.

Probablemente los mismos compadres que de noche hacían levantar a la tabanquera del mesón para tomar sus dosis, como nos cuenta esta letra del pueblo madrileño de Arroyomolinos:

¡Levántate, tabernera,
te tienes que levantar,
nos echas el aguardiente
y te vuelves a acostar!

Copla muy parecida a esta otra, que es muy probable sea de la misma localidad:

¡Levántate, tabernera,
con la saya remendona
y danos el aguardiente
a los mozos de la ronda!

CUADERNO PARA NO LEER: PROCREACIÓN

PROCREACIÓN

En la alcoba todo es misterio
y soledad
y hambre.
Se moldea la pella de un embrión
para venderlo al mundo
aun sin estar cocido.

LIBROS CON SON FLAMENCO: CANTAORES ANDALUCES


Este libro del escritor montillano Gerardo Núñez de Prado, editado en 1904 por la Editorial Maucci y reeditado en 1979 con motivo del VII Congreso Nacional de Actividades Flamencas celebrado en Sevilla, está a caballo entre el escrito por "Demófilo", donde nos descubre a algunos cantaores de su época, y de Fernando el de Triana, que hizo lo propio con los de la suya.

Aunque hoy este libro tenga que pasar por el tamiz de un profundo análisis, no cabe duda que es fundamental para conocer parte de la "historia y tragedia" de artistas como El Canario, La Rubia, Conchita La Peñaranda, El Alpargatero, Juan Breva, Chacón, La Trini, Francisco Lema "Fosforito", El Loco Mateo, Antonia la de San Roque, Anilla la de Ronda, La Parrala, La Andonda, La Sarneta, Salvaoriyo, Manuel Molina o Silverio, entre otros.

Hoy, evidentemente, se pondrían tumbar gran parte de esas teorías y datos biográficos gracias a los estudios rigurosos posteriores que se han publicado. Pero debemos centrar nuestra lectura en los albores del siglo XX, cuando apenas si existían publicaciones que se preocupasen por el hecho flamenco.


Edita: Servicio de Publicaciones de la Uiversidad de Cádiz.
Ciudad: Cádiz, 1987
Páginas: 287
ISBN: 84-600-4798-9
Depósito Legal: CA-32/87
Adquisición: Doctor Marañón, 3. 11002-CÁDIZ
Teléfono: 956-015268
Correo electrónico: publicaciones@uca.es

miércoles, 25 de agosto de 2010

EL AGUARDIENTE EN LA COPLA (6)

Hace muchos años me dio por retratar a Rute a través de sus célebres anisados. Fue un regalo que hice a mi buen amigo Anselmo Córdoba, propietario, junto a su familia, de Destilerías Duende y director del único museo del anís que hay en España, digno de una reposada visita. Este fue el resultado:

Un color especial y cariñoso,
un paladar que gusta y embriaga.
El que lo saborea siempre enguaja
su lengua entre los labios. Aire hermoso

de armonías y gusto virtuoso
que en llegando a la boca se propaga,
cual la plata feliz de una tumbaga,
a las centros del alma, generoso.

Es la copa del alba, la mañana,
darle gracias a Dios por la ventana
de una aurora que está para el disfrute:

que anís toca la iglesia en su campana,
que anís va amaneciendo la mañana,
que el sol está naciendo y vive Rute.

Y hasta nuestros poetas clásicos, como el cordobés Luis de Góngora, dejó escrito su gusto por el aguardiente, entre otros manjares, en su poema "Ande yo caliente":

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías
mientras gobiernan mis días
en las mañanas de invierno
mantequillas y pan tierno,
naranjada y aguardiente.
Y ríase la gente.

Y cierra la copla su camino popular con este canto culto del poeta Julián Pemartín, que quiere expandir su aroma por los renglones del poema a todos los rincones del mundo:

Vino Fénix, se quema entre espirales
de alquítaras, al borde de la muerte;
y surge, agua inmortal, con ala fuerte
hacia los cuatro puntos cardinales.

Cantar al aguardiente es cantar a la vida, ver en el lampo de la copa parte del motivo de nuestra existencia, dándole gracias a Dios por una nueva aurora, por un nuevo amanecer que se va cuajando lentamente de colores, de ansias y de afanes:

Tengo en mi casa cogía
la lucecita del alba:
una copa de aguardiente
con unas gotitas de agua.

Es la liturgia de la mañana, la luz que nos ofrece las puertas del Oriente, la voz seca y fuerte en la garganta de la primera meditación del hombre en el reloj cotidiano. Nos lo vuelve a recordar, en el trago de otra feliz décima, el doctor Diego Calle Restrepo, cuya copla andina podríamos traspasarla a todos los pueblos de la tierra:

¿Qué es un paisa sin anís?
¿Qué soy yo sin aguardiente?
Soy una nación sin gente,
soy un árbol sin raíz,
soy un nevado del Ruiz,
lóbrego, desierto y frío,
sin mar y sin quieto lago.
Un antioqueño sin trago
es un cántaro vacío.

Bebamos, pues, nuestra ración diaria de aguardiente con la moderación que mandan los cánones, pero saboreando cada gota y dedicando cada sorbo a cuantos hicieron posible que hoy degustemos su inconfundible sabor.

Nada más hermoso que ir vaciando la copa llevando su alma al filo de nuestros labios, dando las gracias por el primer beso de la aurora a todos aquellos maestros de la destilación que legaron sus saberes a las generaciones que les sucedieron en la misma emoción y cariño que ellos supieron poner en los corazones de los alambiques.

CUADERNO PARA NO LEER: EL CIEGO DE MI ESQUINA

EL CIEGO DE MI ESQUINA

Cada día, en mi esquina,
veo a un muchacho ciego
con eterna sonrisa.
Y curioso de mí que me pregunto
si sus sueños hermosos
se le deshacen ojos
que miran por sus labios.

Dispuesto estaría a darte
mis ojos porque vieras.
Pero tú mismo, al ver tanta miseria,
tanto odioso clasismo
y tanta muerte injusta,
te quitarías la vista de repente.

De seguro que tras las cuencas cerradas de tus ojos
habrá algo más grande que lo mío terreno,
que lo mío de ayer, de hoy y de mañana,
tan monótono siempre.
Tú, en cambio, te renuevas la vida
en el hermoso lago de tus tapiados sueños.

LIBROS CON SON FLAMENCO: CANTANDO PARA ADENTRO


Juan de la Plata Franco Martínez, conocidísimo y muy querido en el mundo del Flamenco, y excelente escritor de temas de esta materia que conoce a la perfección, nos quiso dejar en este libro una gran parte de su obra poética dedicada a él.

A través de 35 poemas, el autor desarrolla gran parte de sus vivencia íntimas haciéndonos sentir con ellos gran parte de la esencia jerezana, tanto del cante, el baile y la guitarra como la entraña de la juerga, la fiesta de bodas o los sentimientos personales ante tan diversa manifestación.

Un libro, pues, para los amantes de la poesía sobre el Arte Flamenco. Poemas de ayer para la lectura de hoy.


Edita: Caja San Fernando Sevilla Jerez
Ciudad: Jerez de la Frontera (Cádiz)
Páginas: 85
Dibujos: Pedro Carabante
Depósito Legal: CA-849/97

martes, 24 de agosto de 2010

EL AGUARDIENTE EN LA COPLA (5)

Si el aguardiente ha servido para dar cobijo a las alegrías amorosas y a las penas del género humano en el corazón de las coplas, también las coplas han servido para cantarlo, para ensalzarlo por su amable compañía, para dejar su nombre como amigo de camino por todas las trochas y dereceras del mundo en justo agradecimiento, y hasta darle nombradía en una escala de valores:

Capitán, aguardiente;
teniente es frasco;
alférez la botella;
sargento, el vaso.

Alabando su excelencia, también la copla fija la categoría de los ricos productos de la tierra cordobesa y, en nombrando anís, la villa ruteña es reina de los más exquisitos paladares:

De Montilla er buen vinillo,
pero de Rute el anís,
melón de Benamejí,
y pa durce de membrillo
er que da Puente Genil.

¡Y qué gran canto el que le dedicara en ocho décimas nutridas de alambiques el doctor Diego Calle Restrepo! Desde su tierra andina, este canto, del que ofrecemos sólo una parte, es una deliciosa partitura para los amantes de este licor universal, tan denostado siempre por los abstemios:

Anís, preciosos tesoro
que no se produce en mina,
pero que en cualquier cantina
lo dan nada más por oro,
tan claro, tan incoloro,
y tan fiel a la pureza
que no hay humana corteza
que falsificarlo pueda,
pues cambia color y queda
en descubierto la empresa.

Tanta y tan exquisita es su presencia en los mejores actos de nuestra vida, tal como indicábamos al inicio, que algunos se preguntan de la fuerza de su raza para estar en todos los sitios agradables:

Díme tú, lindo licor,
de dónde es tu descendencia
que sin haberla llamado
te hallas en todas las fiestas.

Y algunos también suelen preguntarse si los demás aprecian que las cosas sencillas son las más grandiosas, como describe este fandango que suele ser cantado "a cané" -conjuntamente-, por los hermosos pueblos de la sierra onubense:

Qué bonito es el fandango
al amanecer del día,
en el silencio del campo
cuando voy de cacería.
Un buen trago de aguardiente
con agua de manantiales.
¡Ay, si supiera la gente
estos ratos cuánto valen!

Sigue siendo Alosno, El Andévalo entero, en la multiplicación de cien fandangos distintos, tanto de la tierra como personales, el cofre más rico de las coplas populares, coplas en las que el aguardiente, también como extraordinario protagonista de sus afanes, brota transparente y amoroso en las alquítaras y alambiques de las más recias gargantas. Aguardiente que, si lo picas en demasiada, hace hablar al mudo y cantar al que no sabe:

El aguardiente de Alosno
lo llevan al extranjero,
y si lo prueba un inglés
canta el fandango alosnero
aunque no lo sepa bien.

Hay algunos chilenos que tanto amor le tienen al aguardiente que lo hacen principal familiar de un testamento de sentimientos y cariños y no dudan embaucarlo en su último suspiro vital:

El día que yo me muera
no me lloren los parientes,
que lloren los alambiques
donde sacan aguardiente.

Y otros, chilenos, colombianos, mexicanos, de Cazalla, Chinchón o Rute, que a nadie tienen que dar cuenta de sus vidas y hacen de su patrimonio una hipoteca perpetuada en la ración, o raciones, de sus copas repletas del zumo de sus existencias:

El jornal de la semana
me lo gasto en aguardiente
cuando a mí me da la gana.

Y hacen bien. Y si Dios está de por medio, mejor que mejor, porque más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena, como el refrán se encarga sabiamente de recordar y nos enseñaba la coplilla de un Mirabrás al decirnos que voz del pueblo es voz del cielo:

El mundo se me da igual,
no me importa a mí la gente,
sólo a Dios debo rezar
pa que no falte aguardiente
ni alegría pa cantá.

Hasta lazos de consanguinidad luce la copla en su palmito para dejar bien claro las diferencias familiares:

El vino es mi primo hermano,
y mi hermano el aguardiente,
para cantar un fandango
tengo que estar con mi gente.

Sin duda, lo del fandango y el aguardiente siempre es primordial y la familia ciertamente de mucha importancia..., pero algo secundario en algunas ocasiones:

Mucho quiero a mi mujer
y a mis hijos igualmente,
pero hay veces que prefiero
una copa de aguardiente
y un fandanguillo alosnero.

¿Habrá plantas en el mundo, comenzando con todos los frutales, que ofrezca auténtica satisfacción al hombre? Podemos decir que casi todas las que Dios hizo crecer en la tierra. Pero, para muchos, la máxima obra de la Creación es la parra, que por algo el patriarca Noé -según cuenta la leyenda- fue el primero que tuvo el gusto de plantarla:

No hay planta como la parra
que nos dé lo suficiente:
de la pasa se hace arrope
y del arrope aguardiente.

Hasta para entonarse por fandangos -que crece junto al alambique en nuestras coplas-, se necesitan algunas cosillas totalmente imprescindibles:

Para cantar el fandango
tres cosas debe de haber:
las copillas de aguardiente,
el guitarrero a la vez
y el que canta lo que siente.

Muchas son las poblaciones que quieren disputarse la reliquia del mejor aguardiente, como de las más guapas mujeres, como del mejor vino o los más hermosos monumentos. Los madrileños de Arganda no querían quedarse atrás, aunque potencie la copla a Valencia con el más famoso de sus cítricos y a la célebre cantaora de Cartagena, Concha "La Peñaranda", como excelente intérprete de Peteneras:

Para naranjas, Valencia,
y para aguardiente Arganda,
para cantar peteneras
Conchita la Peñaranda.

Aunque los de Ocaña no quieren quedarse atrás y casi lo santifican cuando pasan las fronteras:

El aguardiente de Ocaña
lo llevan a Puerto Rico
y repican las campanas
como si fuera un obispo.

Se le canta también como indudable jaleador de fiestas y de bailes, según el folklore colombiano en esta ocasión:

Este baile va p'arriba
y el aguardiente rodando,
que cuando no hay aguardiente
el baile se va acabando.

Hay quienes creen, y la copla lo recoge en el alma de su cancionero, que el aguardiente es la más vital de las bebidas:

Si te entierran, resucitas
y al ratillo te haces fuerte,
no hay vida como tu vida
mi viejo amigo aguardiente.

También los Reyes Magos trajeron la sorpresa del aguardiente entre sus regalos, y así lo cita la copla:

Tres reyes magos,
vestidos de armiño,
vienen de sus reinos
a adorar al Niño.
Oro, incienso y mirra
traen desde el Oriente
y una cantarita
llena de aguardiente.