domingo, 16 de diciembre de 2012

LA TRIANA DE ANTONIO BURGOS: MONUMENTO EN VIDA


MONUMENTO EN VIDA

Para que Sevilla le levantara en el Altozano el monumento del escultor Venancio Blanco, Juan Belmonte, aun siendo Juan Belmonte, se tuvo que pegar un tiro en el cortijo Gómez Cardeña. Para que Sevilla le levantara en el cementerio el mausoleo de Mariano Benlliure, a Joselito el Gallo, aun siendo Joselito el Gallo, lo tuvo que matar el toro en la plaza de Talavera. Este es el verdadero basamento sociológico sobre el que desde hoy se levanta la excepcionalidad del monumento a un torero singularísimo: Curro Romero. Romero no ha tenido que tomarse el trabajo de morirse para que Sevilla le reconozca sus méritos en vida y los haga bronce, sin necesidad de tener dos cuartas de malvas encima. Romero quizá es tan Sevilla porque no tiene que ver con muchas cosas de Sevilla. Belmonte salía de nazareno en El Cachorro; Joselito era consiliario de la Macarena. Curro Romero en su vida se ha vestido de nazareno ni es de ninguna cofradía. Belmonte era de la calle Feria, aunque pasaba por Pasmo de Triana; Joselito, de la Alameda. Romero ni siquiera es de Sevilla: nació en Camas. Nuestra tesis es que si Curro hubiera nacido en Sevilla, la ciudad saturnal le hubiera aplicado la cruel ley que le hace devorar a todos sus hijos en vida y reconocerlos sólo después de muertos. Curro se salva porque Doña Andrea López lo parió en Camas. No sé yo qué hubiera pasado si Curro llega a nacer en la calle Castilla...

(Diario El Mundo de Andalucía. 1 de diciembre de 2011)



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