jueves, 25 de octubre de 2012

DESDE MI TORRE COBALTO: EL ADIÓS A UN MAESTRO DE LA FLAMENCOLOGÍA

Por mi compadre Manuel Bohórquez, desde su blog "La Gazapera", me he levantado esta mañana con la triste noticia de que un gran amigo común, José Blas Vega, falleció ayer en Madrid a la edad de 70 años. Para todos aquellos que hicimos del Flamenco una especie de religión, alimentada de quejíos, ayes, falsetas y desplantes, Blas Vega fue nuestro maestro, un estudioso serio y riguroso en el mundo de la investigación de una historia tantas veces adulterada por intereses, un conocedor de todas las claves de lo hondo, un intelectual de esta asignatura tan difícil, y un amigo de sus amigos, que fuimos muchos a lo largo y ancho de su vida.

Tuve la suerte de conocerlo hace muchos años y de compartir con él momentos inolvidables en Congresos, Semanas Culturales, ciclos de conferencias, y hasta en visitas que realizó con su mujer a mi barrio de Triana. Jamás me dijo no cuantas veces le invitaba a que nos dejara sus sabias palabras sobre algún personaje del Flamenco que él conocía tan bien, como en aquel caso del Centenario del Nacimiento de Manuel Vallejo, en la que embelesó a la Peña "Torres-Macarena" hablándonos de él, de su época y su cante, allá por 1991. Disfrute de lo lindo, durante tres días, en un Seminario Flamenco celebrado en Jerez, en el que tuvimos la suerte de intervenir junto a lo más granado de la Flamencología, ciencia y experiencia en la que Blas Vega ya era un consumado maestro.

En nuestros estantes está su palabra aún viva, junto a la magna obra Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco (1988), que realizó con Manuel Ríos Ruiz. Quien quiera saber la verdad sincera de este Arte singular, debe acudir a sus obras: "Las tonás" (1967), "Pepe el de la Matrona" (1970), "Conversaciones flamencas con Aurelio de Cádiz" (1978), "El baile del Taranto" (1983), "Homenaje a Bernardo el de los Lobitos" (1986), su obra magna "Vida y cante de don Antonio Chacón" (1986), "Los cafés cantantes de Sevilla" (1987), "Silverio, rey de los cantaores" (1995), "La tesis flamenca de Sender" (2002) o "Los cafés cantantes de Madrid. 1846-1936" (2006), entre otras muchas de sus obras que están escritas por un apasionado del Flamenco, pero por un investigador de tan gran altura que, sin duda, ha sido y seguirá siendo por mucho tiempo, el gran maestro de la Flamencología moderna.

Como responsable jefe del departamento de Flamenco y Folklore de la firma discográfica Hispavox, aparte de miles de discos sobre el tema, fraguó la "Magna Antología del Cante Flamenco", obra por la que mereció el Premio Nacional del Ministerio de Cultura en el año 1984. A él debemos los trianeros la primera grabación que se hizo sobre los cantes no gitanos del barrio trianero: "La Triana del Zurraque", obra en la que me embarcó para buscar a los artistas y para escribir un texto para la contraportada del LP, y en la que intervinieron Antonio "El Arenero", Manuel León "El Teta" y Márquez "El Zapatero", después de que no quisiera intervenir en ella, aún estando citado, Manuel Oliver, que se retiró en el último segundo porque quería cobrar lo que en aquel tiempo cobraba "El Lebrijano": 400.000 pesetas, mientras sus demás compañeros lo hacían gratis. Buen sofocón pasamos, en un bar de Chapina, "Casa Ramón", los artistas, Blas Vega y un servidor.

Hoy, cuando Dios ha querido tenerlo a su lado, sus recuerdos se nos agolpan porque nos enseña que el tiempo pasa demasiado aprisa, o porque, sin duda, somos nosotros los que pasamos. Días en Jerez, Málaga o Sevilla, tardes en Madrid, en su anticuaria librería del Prado, noches en muchos sitios... Ya, y por desgracia, nuestro amigo Pepe se ha ido a otros cielos y nos deja huérfanos de su palabra lenta y amable, generosamente sabia y dadivosa, profundamente magistral.

Allí donde esté, de seguro le ha llegado mi oración sincera y mi recuerdo afable. ¡Descanse en paz!

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