miércoles, 19 de septiembre de 2012

DESDE MI TORRE: UNA VUELTA POR OPORTO (4)


En Oporto, me llamó soberanamente la atención la cantidad de ropa tendida en balcones y ventanas, con ese abanico de colores que pueden observarse por igual en callejas estrechas o en avenidas importantes de la ciudad. Como allí no se estilan las azoteas ni los patios interiores, toallas, colchas, bragas de cuello vuelto y de las minis, pantalones, faldas y suéters, viajan al compás del aire portense atrayendo sin querer nuestras miradas.


A lo poco cuidado que está su caserío, con muchas casas desconchadas y con innumerables edificios totalmente vacíos, se une esta imagen que no me atrevo a adjetivar de nefasta porque también tiene su encanto, su sabor a ciudad de mar, la sinceridad de enseñar los trapos ya limpios al vecindario. Es una paleta cromática que a nadie deja indiferente y que está abierta a todos los comentarios.


Ropa tendida sin complejos. A falta de azoteas, que todo el mundo pueda contemplar el ajuar de los habitantes de la casa. Imágenes para un pintor en mañanas soleadas, cuando la brisa que sube de la ribeira del Duero orea rápidamente sin necesidad de secadora.


Ropas entre macetas marchitas faltas de riegos y cuidados, vigiladas por una parabólica que no debe perder nunca la señal de un Oporto-Benfica...


Atractivos y vivos colores de prendas que se cobijan bajo chillonas sombrillas, como si el Duero hubiese subido su nivel a la altura de un tercer piso para no tener que desplazarse a la orilla de la playa...


Ropas y más ropas que nos llaman y reclaman como si fuesen un anuncio de pobreza generalizada. Como si quisieran demostrarnos que los escudos quedaron lejos y los euros, en vez de traernos la riqueza y el bienestar prometidos, se han cebado en aligerar las arcas. Ropas varias que no se esconden, que se muestran a todos como bandera de una Europa que ha hecho al pobre más pobre, que ha acabado con la clase media, y que ha llenado las cuentas bancarias de los que nos están mermando la vida sin que les de vergüenza alguna.


9 comentarios:

  1. A mi me encantan las fotos. Siempre me gustó la ropa colgada al exterior. Para nada significa POBREZA, simplemente es aprovechar la secadora más económica que existe: Sol y aire.

    Vivi 3 años en Alemania. La ropa se lavaba en los sotanos del bloque de pisos. Había lavadoras y centrifugadoras. Los vecinos colgaban la ropa ahí. Tardaba días en secarse. En el exterior nunca se tendía, el clima no acompañaba.

    No tiene nada que ver con pobreza tender la ropa al sol. Sólo con el mal tiempo y con las normativas de lo que queda bien o mal.

    Saludos.
    Ia

    Aluciné con los puentes de ayer. No sabía que habían tantos puentes sobre un río.

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  2. A mí también me han encantado esas fotografías, por eso las he hecho, aunque en ciudad tan hermosa como degradada da una sensación de pobreza. Ahora bien, el colorismo es máximo como puede verse.

    Pues sí, Ia, todos esos puentes tiene Oporto, a cual más hermoso, aunque destaca este de "Luiz I".

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  3. Bonitas fotografías, Emilio. Y qué contraste entre esas prendas de color limpias y las fachadas desconchadas y descoloridas.
    Estoy de acuerdo con Ia y, pienso que no tiene nada que ver la ropa tendida a la vista con la pobreza, siendo más bien un gran error de diseño en los edificios.
    A mi me horroriza ver las máquinas de aire colgadas de los balcones y fachadas y también es debido a los errores de los arquitectos que diseñan los edificios y que nunca piensan en la ubicación de los aparatos de aire acondicionado. En Sevilla, dado el clima que padecemos, necesitamos aire acondicionado pero nuestros edificios no tienen otro lugar que colocarlos que no sean las fachadas.
    Otro caso singular son las típicas bombonas de butano asomadas a los balcones de los bloques de pisos. En nuestra querida barriada del Tardón es típica dicha imagen.

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  4. Cuando Pedro y yo estuvimos en Oporto también nos llamó mucho la atención la ropa tendida y las sombrillas en los balcones. Tengo muchas fotografías muy parecidas, prácticamente iguales, a las que has puesto. Me gustaría volver a Oporto, volver al Café Majestic, un encantador lugar, precioso de verdad, a sus calles, iglesias, librerías, puentes... Tengo abundantes fotos de ese viaje y aún muchos más recuerdos que, por hermosos, se hace un poco triste el traerlos a la memoria.

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  5. Creo que estamos todos de acuerdo en que Oporto es una joya,a pesar de esa sensación de pobreza que indico. Lo de los aires acondicionados en nuestras ciudades no tiene nombre, prefiero quedarme con la ropa al aire, que al menos tienen color.
    Mi hermana tiene ganas de volver a Oporto. Pues ahorramos un poco y nos vamos cuando quieras.

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  6. Pues espero que lo hagamos, pasando pueblo por pueblo.

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