martes, 18 de septiembre de 2012

DESDE MI TORRE: UNA VUELTA POR OPORTO (3)


Oporto sorprende en todo, como vengo diciendo, pero llama vivamente la atención la cantidad y variedad arquitectónica de los puentes que la unen con Vila Nova de Gaia. En la antigüedad, el ancho del río Duero se cubría con barcazas y botes, hasta que se construyó el llamado Ponte das Barcas, proyectado por Carlos Amarante e inaugurado en Agosto de 1806. Tres años más tarde, en 1809, el primer puente de la ciudad se llenaría de muchísimos cadáveres cuando las tropas invasoras del Mariscal Soult dispararon a discreción a los miles de habitantes que huían por él.

Pasados unos años, se construyó en su lugar el Ponte Pênsil o Ponte de María II, cuyo proyecto de sistema atirantado realizaron los ingenieros Mellet y Bigot, y que fue inaugurado en Febrero de 1843. Aún siguen en pie los dos pilares del mismo.


Justamente al lado se fue levantando el Ponte Luiz I, desmantelándose el Pênsil cuando el nuevo puente estuvo construído. Es impresionante en su estructura, con un tablero superior de 392 metros a 47 de altura por donde pasa uno de los metropolitanos de la ciudad, con carriles a izquierda y derecha para el paso de peatones, y el tablero bajo de 174 metros, para peatones y tráfico rodado. El puente lo proyecto el ingeniero belga, discípulo de Eiffel, Teófilo Seyrig, autor también del famoso Ponte de María Pía, terminado de construir en 1877 y en desuso desde que se abrió, en 1991, el Ponte Sao Joao.

Esta fotografía la tomé desde el telesférico por raíles que parte muy cercano al puente y sube a las cercanías de la catedral de Oporto. Desde él es impresionante la vista teniendo al fondo el hermoso frontal de Vila Nova de Gaia.


Aparte de estos puentes mencionados, están el Ponte do Infante, que es el de más reciente costrucción, el Ponte do Freixo y el Ponte de Arrábida que, cuando comenzó a construirse en el año 1963, era el puente que tenía mayor arco de hormigón del mundo.


El río Duero, hasta llegar a su desembocadura, es un camino de puentes hermosos. Todos te sorprenden por sus grandes vanos, por sus formas estilizadas, por la belleza de esa ingeniería que tuvo en Eiffel un alto ejemplo que los demás continuaron, bien en hierro o en cemento. Ninguno de ellos deja a uno indiferente. Además, como el entorno es tan singular, parece que todos ellos se embellecen aún más uniendo a Oporto con Gaia y viendo pasar centenares de barcos bajo sus altas pasarelas.

El día que llegamos, atravesamos andando a Vila Nova por el Ponte do Luiz I. El paisaje nos envolvió. En Gaía, el frente a frente con la gran ciudad, es donde habitan las bodegas y se crían los célebres y preciados vinos de Oporto, gozando en su orilla de hermosos restaurantes y de una vista maravillosa de la gran Ciudad.

¡Inolvidable!


4 comentarios:

  1. Tengo un amigo fanático de Oporto, me habla de sus calles, tabernas, de su gente, de una libreria espectacular por su decoración voluptuosa y a la que todo los visitantes iban a hacer fotos, hasta que consiguieron que los dueños lo prohibieran, de esa orilla de la que usted habla y de Sandeman, de su visita guiada y su degustación de caldos, en fin, yo nunca he estado pero como si lo hubiera hecho. Un saludo.

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  2. Pues hay que ir por allí. Ya digo que yo conocía Portugal casi entera y me faltaba Oporto. Gracias a nuestro amigo José Luis me animé a hacerlo y pocas veces he disfrutado tanto. Y es que Oporto tiene muchas cosas para que a uno le milagree la mirada. Está sucia, dejada, se nota la pobreza del rescate..., pero siempre seguirá siendo Oporto. El anuncio de Sandeman, en la orilla de Gaia, es una pasada. Por la noche es un reclamo publicitario de mucho cuidado. No visité ninguna bodega..., porque podía "perderme" con sus caldos, y preferí recorrerla entera y a pie, que así los tengo de doloridos.

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  3. Me faltan en el álbum del recuerdo las estampas que corresponden a un ponerse alegre de oporto escuchando fados en una taberna telarañosa de Lisboa. Las de Emilio son estupendas fotocopias, así que de momento me hacen el avío.

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  4. Vendrán las fotografías de la noche que pasamos en Lisboa escuchando fados.

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