domingo, 18 de septiembre de 2011

PÁRESE, POR FAVOR, A PENSAR (35)


Holgado iba por la Plaza de Armas de Sevilla, desde donde casi arranca el Puente del Cristo de la Expiración, cuando se encontró con un vendedor de pañuelos de los habituales de la zona. Hombre -no me indica si de color, como ahora suele llamarse a los que son negros- que al ver asomarse el objetivo se tapó instintivamente con ese paraguas que, por sus hermosas tonalidades, bien parece una sombrilla de paseo. ¿Se tapó porque no quería venderle, o porque al ver la cámara y entender que tenía menos papeles que una liebre quiso conservar su anonimato? En esta zona de tanto tráfico, estación de autobuses y centro comercial, estos vendedores de celulosas, clínex y ambientadores para coches, se multiplican como las hormigas, pero no dudan en exhibir sus facciones. No hay mucho que pensar en esta instantánea; si acaso que, esta pose del importunado, ofreció una hermosa vidriera de nylón tintado para la baraja colorista de las fotos de José Manuel, que el tipo, sea quien fuere, tiene buena sombra, y que mucho amor le debe tener nuestro retratista particular a esta imagen cuando me la ha enviado tres veces: campanazo de atención para que no se me olvidara.

Fotografía: José Manuel Holgado Brenes
Texto: Emilio Jiménez Díaz

2 comentarios:

  1. José Manuel Holgado Brenes18 de septiembre de 2011, 11:38

    No, querido Emilio, el fotero no le tiene un cariño especial a esta foto, porque ella sólo una más de mis hijas y los padres no tenemos preferencias tu lo sabes, es que el retratista, tiene ya 71 añitos y la cabeza le juega estas pasadas y otras peores. Pero no te preocupes que seguiré, como decía el enorme Cantinflas, "miestras el cuerpo aguante" y el Señor me ayude.
    y, desde luego, con tu valiosa compañía, si tu quieres.

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  2. La fotografía es cien por cien colorista, y sólo a ti se debe. Eso de que los padres no tengan ninguna preferencia es... otra historia.
    Me encanta, además, de que me la hayas enviado las veces que digo. A mí se me olvidan muchas veces las cosas, y ahora, también con mis sesenta y dos almanaques cumplidos en el lomo, hasta se me borran los perfiles, la alegría y las ganas de vivir, pero nunca la amistad.
    Siempre tendrás mi compañía.

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